
Me encanta el desayuno. Me preparo un café con tostadas y disfruto sin preocuparme de lo que me espera el resto del día.
Generalmente hablo con mi cafetera; una especie de monólogo inconexo, que a esas horas una no da para más. El problema es que a ella hoy le dio por opinar.
-¡Qué mal he dormido! La vecinita de arriba debe de ser sobrina de la Jaca Paca. ¡Menudo taconeo se me trae de madrugada!- Enciendo el fuego y pongo el café.
-¿Y cómo no pensar, ahí metida en la cama en plan búho cojonero? Debería ir al gimnasio o algo así, pero estoy tan cansada...—Rebano el pan y lo meto en la tostadora.
- Definitivamente no entiendo a los hombres. En realidad no entiendo casi nada de esta vida.- Momento destroyer. Mordisqueo una rosquilla para que se me pase el disgusto.
-¿Y si me fumo un cigarro? Vaya,- miro por la ventana- Ese se ha quedado sin batería.
Y de repente...
- Vamos a ver reina, ¿qué es exactamente lo que no entiendes?- La cafetera me mira con mala leche.
- Me tienes haciendo horas extra de buena mañana. ¿Te has enterado de que mi prima "Unataza" vive aquí?- Está que echa humo por todas partes- Pero no, tu me escoges a mi, que sirvo para seis y me prensas el café en la barriga hasta hacerme sacar la hernia de hiato por el asa. A medio día te atizas otro, no creas que no lo se; por no hablar del que cae por la tarde.
Yo, con mi boquita cerrada, no me atrevo a decir ni mu.
- Claro, luego para dormir necesitas un ansiolítico que te baje del techo. ¡Olé la congruencia! Así que dime, ¿qué parte de "estás-loca" no comprendes?
Mal bicho venenoso, treinta años de confidencias y a las primeras de cambio me las tira dobladas.
- Tú a callar y escupe el café de una vez que hay prisas.- Subo el fuego.
¡Pero como está el servicio, se-ño-riii-to!
Moraleja; si quieres intimidad cómprate una espresso, que son mudas.
Audio: Para empezar un día explosivo nada como Dy-na-mi-tee
18 segundos
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