martes, 28 de octubre de 2008

COSAS DE CASA V. Hay cosas que no cambian

Y yo menos. A veces quisiera esconderme bajo un guijarro.

Doña hiperResponsable, la que no falta al trabajo ni con el bazo colgando, la que se reincorporó a la consulta después de una varicela, cuando ya no era infecciosa, pero con treinta y dos pupas en la cara-no hubiera necesitado disfraz para Halloween-… Me reiría sino fuera para llorar-o viceversa-. Para mis cosas soy un desastre sin solución.
Anoche, cuando llevaba a casa a Berta, solete de mujer, me dice- ¿Qué no enciendes las luces?
Y yo, que es lo primero que hago, le contesto que si, pero que el ayuntamiento no debe de estar al corriente del cambio de hora, y que no ha ajustado el alumbrado. Por eso está oscuro. Ancha me quedé.
Pero esta mañana, me ha llamado la atención que mis luces no reflectaran en el coche de enfrente, así que en llegar al centro médico, he comprobado que efectivamente; las luces no me funcionaban.
Llamo al mecánico, quien me recoge el coche, y ya, cuando se lo llevaba, se me ocurre pedirle que me revise los niveles… más que nada por curiosidad.
A mitad de tarde me llama y me pregunta por la llave NoseQué para cambiar las ruedas…-me lo repita por favor.
-Deja, deja, que ya me apaño yo-Debe haberse sido como darse cabezazos contra la pared.
Se debe de haber acordado de todo mi árbol genealógico remontándose a Adán y Eva- o quizá Lilith. Porque ha estado con mi huevito todo el puñetero día.
Así, a groso modo… no me quedaba casi aceite-ni pa freir tres gambas, han sido sus palabras textuales-, las luces de cruce fundidas, las de frenado también; los tres filtros-¿hay tantos?-embozados; me han cambiado las ruedas de delante a detrás, porque las llevo más lisas que mi pelo; me han puesto un limpia que me faltaba, y cambiado las escobillas de todos; no tenía apenas agua-¿Ah, pero el coche también bebe?-, y dos o tres cosas más que no he acabado de entender.
Y entonces es cuando recuerdo que tal vez, y solo tal vez, he olvidado pasar la última revisión este verano… ¿o era el anterior?
El chico, muy amable él, me indica que cuando en el panel me sale el icono de una llave inglesa, es que me toca llevarlo al taller.
Yo le he mirado con cara de PeroQuéMeEstásContando, si yo creía que venía de serie.
Ahí creo que le he matado, muerto le dejé.
En fin, cumplo con todos los tópicos típicos de mujer inútil en mecánica. Y me da coraje, porque resuelvo todos los días problemas mucho más complicados que cambiar una rueda. Pero no consigo sacudirme de encima este despiste legendario que da mucho que reír a mi entorno, y más dolores de cabeza para mi.
Pero es que no acaba aquí. Hace apenas unas semanas, pasé la vergüenza de mi vida.
Imaginaros, salgo de la inspección médica y me voy a mi centro donde tenía una entrevista concertada con una dietista para que empezara a trabajar con nosotros. Llego cargada con el maletín, y con un botiquín de emergencias. Y cuando tiro a abrir, que nones, que la llave no entra. Me ofusco, pienso en todo-y todo malo-, llamo a media Valencia para que me localicen un cerrajero. Y cuando este me llama diciéndome que llega en diez minutos, me quedo mirando el llavero y pienso-¿era la redonda o la cuadrada?
Efectivamente, me había equivocado de llave. Seis meses abriendo todos los días.
Y ahí me tenéis, inventándome un cuento chino para el cerrajero-que si se engancha, que ya ves que dura va- y al final, ciento ochenta euros la broma del despiste. Porque por supuesto, cambié la cerradura.
¿Alguien me podría explicar porqué me pasa esto?
A lo mejor es que también viene de serie, mandan webs.
P.D.El numerito final ha sido cuando he tenido que salir corriendo a mitad de consulta para recoger el coche. Menos mal que mis pacientes me conocen y perdonan mis peculiaridades.
En fin, habrá que asumirse, a estas alturas no creo que cambie.

En breve, otro cuento.

viernes, 24 de octubre de 2008

CÓDIGO TRESCIENTOS

Código 300.0 equivale a depresión neurótica en el CIE

Hoy desperté en un mundo gris, nublado de reproches. Escuché tormentas de incomprensión, cargadas de lluvia resentida. Y aprendí que no hay paraguas para la inercia; estúpida fuerza motriz que despeña voluntades.
Y yo, sentada en el vórtice de la escucha, no soy ni juez ni jurado; sólo una simple receptora de confesiones forzadas.
Fue como vivir en blanco y negro, me asfixió esa planicie monocroma.
-¿Cómo estás?-le pregunto. Realmente impresiona con su metro noventa y unos cien kilos. Tras salir de la cárcel por conducir borracho, le despidieron del trabajo apenas una semana después de empezar. Ahora está de baja por depresión.
-Igual, por no decir peor-me contesta. Se mueve lento, habla lento, piensa lento-. Ya me fui de casa.
-Vaya, veo que las cosas no se arreglaron con tu esposa.
Me mira con sus ojos vacíos, inundados de antipsicótico.
-Ella no es mujer de estar casada. No vale para eso. No se ocupa de las cosas que tiene que hacer una mujer,-ni siquiera hay desprecio en su voz-. Planchar…nada, cocinar…menos, es que ni me limpiaba los zapatos.
Me muerdo la lengua. Ella trabaja de auxiliar en un geriátrico donde le parten la espina levantando ancianos, limpiando secreciones humanas, y alimentando a desvalidos. Así sacó adelante a su casa y a su hija mientras él cumplía condena.
La imagino en su vida gris, y no dejo de pensar en que tal vez hora consiga ponerle un poco de color a sus días.
Miro a mi paciente, abro el talonario, y le receto su medicación, consciente de que no hay pastilla que cure su ceguera.

P.D.Hoy, un ratón de tres años me ha hecho reír a carcajadas. Los niños se me dan bien, casi ninguno me llora en la consulta aun que yo lo paso bastante mal. Lo mío son los adultos. El caso es que me lo trajeron la semana pasada por un catarro común-dichosos virus-, pero hoy era su madre la que tenía visita. En cuanto ha entrado, se ha encaramado a la camilla, levantando la pierna para intentar subirse a ella. No ha hecho ni caso de nuestras risas, ha seguido intentando subir dando patadas al aire, y no ha parado hasta que le he tumbado y con el fonen le he hecho cosquillas en la pancheta. No contento, me abría la boca para que le explorara la garganta. Y entonces entendí la trampa, quería el palito azul mágico que no da angustia.
Le he dado su depresor y se ha marchado más feliz que una perdiz.
Estos enanos, ya puede ser el día más negro que siempre le ponen color.

25 de Octubre

miércoles, 22 de octubre de 2008

PUÑETERA AGENDA


-¿A quién se le ocurriría la idea de medir el tiempo?
-Al mismo desgraciado que decidió organizarlo.

Pues si pequeñines, yo personalizo mi calendario de una manera muy mía y hoy era el día de ”Que si quieres arroz Catalina”, o lo que es lo mismo; De eso nada monada.
Ya sufrí los días Conciencia negra, Pelillos a la mar, o De la Ceca a la Meca este mes.
Pero hoy no, hoy tocaba no hacer nada de lo previsto, así que saqué mi uniforme de camaleón y cambié de color según el sabor de las horas.
Y he acabado estrábica perdida, daltónica y con eccema mental de tanto mudar la piel.

P.D.Me llegó un correo corporativo convocándome a un curso de formación sobre la actitud a tomar en caso de agresión en la consulta. Yo lo tengo claro; con mi 1’62-me he encogido, sniff-, y no llega a cincuenta y dos kilos… Correr, vamos, echando chispas.
Lo penoso es que hayamos llegado a este punto. A considerar necesario enseñar al médico a defenderse de sus pacientes.
No iré.

lunes, 20 de octubre de 2008

CONVERSACIONES A MEDIAS


Hoy me preguntaste por ese brillito en mis ojos y por mi corte de pelo; te sorprendió mi optimismo, y hasta esa sonrisa que llevo incorporada de serie-bien lo sabes.
¿Y de qué te extrañas? Ya te lo dije, me siento bien, estoy bien, me se plena.
Pero tú no te lo crees, cabezota.
-Ya hablaremos- me dices. Y no hay modo de convencerte de que esto que ves proviene de dentro. No hay factor externo, nada nuevo en mi horizonte, ni falta que me hace.
Ya no busco fuera lo que solo encuentro en mi interior. Y no sabes qué tranquilidad me da eso.
Tal vez esa es la razón por la que pasan los años y la loca del espejo sigue guiñándome un ojo. Y a mí, que me cae francamente bien, me provoca la risa floja y acabo sacándole la lengua.
No te empeñes, niño; lo que ves es lo que soy, no lo que hacen de mí.
Afortunadamente.

P.D.Hoy tuve el día payaso. Me paseé por medio pueblo con un carro de curas renqueante al más puro estilo Mercadona. La gente me miraba un poco mal, pero yo iba toda digna con mi maletín encima de la mesa hasta que he bajado por una rampa y, carro, maletín y tacones-conmigo incluida-, nos hemos ido a hacer puñetas en un pispas.
Me he reído mucho, de mi y conmigo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Y DE REPENTE

Bonus track

Nunca sabes cuándo la vida va a regalarte un Bonus Track
El no es relativo, el nunca caduca y lo único seguro es la incertidumbre.

P.D.Post cortito, para compensar el testamento del principe.
Hoy tenía una reunión muy importante. A la vuelta de un año, y con indicadores en mano, se iba a evaluar el trabajo de todo el equipo médico de supervisión del que formo parte. Empezamos siendo el garbanzo negro, y yo llegué a convencerme de que las competencias me superaban. Pero soy demasiado cabezota como para abandonar.
Durante todo este tiempo, he trabajado duro, pero siempre te queda la sensación de no haber dado el cien por cien. Así que esperaba más palos que copas en esta baraja.
Bien, nos han felicitado. Estamos muy por encima de la media nacional, todos y cada uno de los médicos de la delegación.
Así que por fin puedo decir ¡Por fin!

lunes, 13 de octubre de 2008

TORMENTO DE TORMENTA

Tormento de Tormenta

No se si alguno de vosotros padece de alguna fobia, un miedo irracional e incontrolable capaz de paralizarte en seco. Alguna vez he comentado que la mía son las explosiones. De cualquier tipo, da igual, desde el descorche de una botella, a las tracas- y eso, siendo valenciana…-. Pero hoy descubrí de todas ellas, cual es la que más me aterroriza. Las tormentas.
Esta noche ha caído lo que no está escrito sobre mi ciudad. Y yo, encerrada en mi coche, en medio de un atasco, me he sentido la persona más pequeña y vulnerable del mundo.
Ráfagas de luz cruzaban a decenas el cielo, haciendo de la noche un día fantasmal. Los truenos enmudecían la cortina de agua que golpeaba con violencia el parabrisas.
Bloqueada entre un mosaico de vehículos, he empezado a hiperventilar. Notaba cómo se cerraba mi garganta, la falta asfixiante de aire, y la certeza absoluta de que en pocos minutos perdería la consciencia.
Mil veces he asistido a cuadros similares en mi consulta, e invariablemente, les repetía a mis pacientes con voz calmada, que se tranquilizaran, que la falta de oxígeno era irreal, y que solo debían controlar la respiración y dejar la mente en blanco.
Pero allí, atrincherada en mi coche, sólo podía oír los latidos de mi corazón al galope, muy por encima del estruendo de la tormenta. Se me ha nublado la vista, los zumbidos en mis oídos me enloquecían, y no conseguía que el puñetero aire entrara en mis pulmones. He sentido pánico y soledad.
Como he podido, he rebuscado en mi maletín un tranquilizante que me ayudara a controlar la situación.
Jamás lo había pasado tan mal. Me he sentido pequeña, vulnerable y tremendamente ridícula.
P.D.A hacer puñetas mi época de bonanza. La supermegamujersegura se ha encogido como si me hubieran metido en una lavadora a cuarenta grados, con programa de centrifugado especial.
Vaya por dios.

sábado, 11 de octubre de 2008

MI PEQUEÑO PRÍNCIPE


Las personas siempre consiguen desconcertarme. Y me refiero al individuo, no a la gente en general. Esa es predecible.

Por más que creas conocer a alguien, al final siempre hará un quiebro que te deje con la mandíbula en las rodillas. Pero si alguien ha conseguido descuadrarme, ese fue sin duda, El principito.
Le conocí hace unos años, cuando yo aun convalecía de una larga enfermedad. El dolor físico y psíquico padecido durante buena parte de mi vida, había dejado una huella indeleble en mi carácter, que trataba de ocultar por todos los medios bajo una máscara de profesional eficiencia.
Poco a poco dejé de diferenciar esa máscara de mi verdadera cara, y caminé por estos mundos con el juicio analítico en la mirada, y un bisturí en mi discurso.
La debilidad de mi cuerpo era algo que me enfurecía, por eso decidí someterlo a condiciones extremas. Nunca llegué a asumir mi frágil envoltura. De pie, frente a una bola del mundo tan barroca como mi locura, la hice girar, y señalé un punto a ciegas. Ahí pensaba irme a un retiro indefinido. Sin vitaminas ni analgésicos, sin benzodiazepinas que controlaran mis taquicardias psicosomáticas, sin analíticas punzantes ni quimoterápicos devastadores, y sin pacientes en los que proyectar mi propio pánico escénico. Me desvestí de mi linfoma, de mi cátedra de psiquiatría, para calzarme las botas del yo puedo. Y así, con mi traje de allá voy me marché sin más explicaciones. En mi mochila, la rabia contenida del Porqué a mi y un par de lágrimas caducas.
Tierradenadie era un pueblucho perdido en un valle cerrado. Literalmente las montañas fortificaban aquel trozo de tierra verde salpicado de lagos y riachuelos.
Ni una parabólica, sin torres de alta tensión; lo más próximo a Internet eran las señales marcadas en los árboles indicando el camino, primitivo sucedáneo del google maps. Por supuesto, sin cobertura en el móvil. Y dado que no tenía pensado hablar con nadie, y era plenamente consciente de que nadie sería lo suficientemente valiente como para llamarme y preguntar por ese porqué, lancé mi móvil tan lejos como pude.
-Eysss, ten cuidado- Una voz juvenil salió de entre los árboles.
Me acerqué con recelo, y descubrí a un joven sentado en una roca.
Moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca. Me recordó a un Peter Pan algo crecido. Su indumentaria era bien rara, pero bastante menos que su forma de hablar.
-Y dime princesa, ¿qué males te afligen? ¿Eres feliz? ¿Puedo aliviar tus penas?-Bajó de la roca con una cabriola.- ¿Sabes que la luna te mira? Puedo ver el reflejo en tus ojos, pero la rosa… la rosa está triste porque no puedo tocarla.
El joven llevaba el recuerdo de una rosa encerrado en una campana del cristal de los sueños.
Mi naturaleza desconfiada pudo más que mi praxis médica, así que no me paré en diagnósticos y directamente le pedí que me indicara el camino hacia el pueblo.
-Como gustéis bella dama-, y con una reverencia me cogió de la mano como si nos dispusiéramos a bailar un minué.
Yo le miraba de reojo mientras él me hablaba de Otrosmundos, su pueblo natal. Allí, según me juró, desayunaba sueños amables y dormía a salvo de los dragones de siete cabezas. Un pequeño volcán extinto le recordaba los tiempos en que las pasiones desbordaban su vida.
Me dibujó una estrella en el suelo mientras paramos a almorzar.
-¿Qué ves?-me preguntó.
-Pues una estrella de cinco puntas. ¿Eres judío?- Como buena agnóstica, respetaba cualquier creencia ajena.
Mi príncipe se rió a carcajadas.
-No, no, no. Es mi corazón.- Su voz se hizo susurro, y el susurro un lamento- Mi pena lo desgarra en aristas que queman como fuego.
-Y ¿Cuál es tu pena?- su mirada limpia y amable había conseguido derribar mi desconfianza. Realmente quería ayudar a aquel joven soñador que me servía sonrisas sinceras, desprovistas de intención.
-Quiero volver a casa, Otrosmundos, donde mi rosa blanca dejará de ser un sueño, y yo no tendré que regarla con lágrimas de recuerdo para que siga viva.
Yo no entendía mucho de lo que me quería decir, pero cogí su mano y volvimos a caminar. Él me prendió una estrella arrugada en el pelo y así, entre curiosidad desprovista de defensa y confianza regalada, llegamos a Tierradenadie.
Nunca vi un sitio parecido. Ni la ciudad más cosmopolita podría compararse en disparidad y mezcolanza. Más que un pueblo, aquello era un universo formado por seres aislados en su propio mundo.
-Babel-, pensé para mis adentros-. Hablan sin parar pero ni se escuchan, ni se entienden.
Vi MujeresBufón cantando sus penas para hacer reír a la audiencia y conseguir un halago por pago. CazadoresdeIngénuos que colgaban de su cinto sarmientos de lamentos ajenos como trofeos de sus batidas. Grupos dispersos de personas sin rostro se movían como bancos de peces, sincronizados por las corrientes que emitían charlatanes eruditos en miserias.
Allí, una Soledad disfrazada de personalidad múltiple, hablando consigo misma. Acá, un alma sin rumbo buscando un camino extinto. Y en todos, absolutamente en todos los seres de aquel hormiguero desierto, descubrí un miedo feroz al silencio.
Mi compañero sonreía amable sin acercarse demasiado a ningún ciudadano. Sin soltar mi mano, saludaba a todo el mundo manteniendo una distancia cordial pero rígida.
-Te llevaré a mi hogar, es pequeño, pero puedes quedarte cuanto gustes.- Podía sentir miradas de rencor a mi espalda, y aun que en condiciones normales jamás se me habría ocurrido alojarme con un desconocido, acepté sin reservas.
Tenía ante mí un pequeño planeta, no más grande que una casa de dos plantas, suspendido a unos diez metros del suelo. Una escalera de mano permitía el acceso a aquel sin sentido.
-¿Por qué no?,-pensé- en este lugar el agua fluye hacia arriba ¿Por qué no tener un planeta propio en vez de un piso?
Asumí los absurdos que veía como parte de mi locura, y sin hacerme preguntas, entré en su mundo.
Pendido en un techo ficticio, colgaba un sol dibujado con rotulador. En el lado opuesto, lucía una luna argentina y coqueta de papel de plata. Lo primero que vi fue un pequeño volcán hecho de plastelina y al fondo, un jardincito vallado donde mi príncipe colocó con cuidado a la rosa.
-La cerca es por María,-señaló a una oveja de aire ausente que nos ignoraba sin perder detalle de nuestra presencia-. No tiene mala intención, pero a veces hace cosas que me duelen.
El joven alargó la mano para acariciarla, pero el animal giró en redondo y se fue a la otra parte del mundo a rumiar sus pensamientos deshidratados.
-Ella es así,- dijo arrastrando una nube de plástico hasta ponerla sobre la rosa.
-Luego te doy de comer- le susurró rozando sus pétalos- Promete no marchitarte.
Un hombre redondo como una pelota, nos hacía aspavientos desde el piso de enfrente. Llevaba pegado en su cara un catalejo, y en conjunto, parecía un viejo submarino hundido.
-¡Ehhh, ehhh! ¿por qué diablos le has dado una estrella?- señalaba mi pelo.
-Esa estrella es mía.- Abrió un libro polvoriento perfilando las líneas escritas con ansias enfermizas- Ahá, aquí está. Es la doscientos diez y ocho mil millones, quinientos veinte y siete mil trescientos cincuenta y nueve. Y es mía. Devuélvemela.
El catalejo oscilaba compulso, y por un momento temí que le arrancara el ojo.
-Ven- Principe me llevó de la mano hasta el lado diurno del mundo, sin hacer mayor caso del ContadordeEstrellas -. No te asustes, no es peligroso. Hace un tiempo, él y su esposa sembraban las noches con luces. Ella tenía unas manos maravillosas. Cosía las estrellas en sueños eternos. Pero se marchó, cuando se dio cuenta de que ningún sueño era el suyo. Ahora, el pobre viejo se ha vuelto codicioso. Está convencido de que si consigue suficientes estrellas, podrá lograr un sueño que se la devuelva.
-Entiendo –mentí- ¿Este lugar es OtrosMundos?
-No, solo intento que se parezca a él.- Mi príncipe sonrió con amargura- Lo único que me queda es el recuerdo de un sueño.
Su pequeña rosa amarilleaba bajo un sol de rotulador. La nube de plástico recogía las lágrimas del joven lloviendo delicadas gotas de tristeza. Supe que quería estar solo y vagué por aquel mundo extraño.
El volcán frío me habló de soledades injustas; la oveja autista, de ingratitud y supervivencia dura. Y allí, en aquella noche-día de un planeta irreal, comprendí que OtrosMundos estaba más allá del alcance de una vida porque no era otro lugar, sino otro tiempo.
Me acerqué al jardín. El joven estaba guardando la nube detrás de la luna de plata.
-Ven conmigo-le dije-, detrás de esas montañas de incertidumbre hay un sol y una luna de verdad, las estrellas son inalcanzables pero regalan sueños infinitos. Las penas no llueven, se lloran, se duelen, se limpian; y el silencio es un derecho, no un castigo. Ven y tráete a tu rosa, plántala en el jardín de los recuerdos para que florezca hasta que llegue su hora. Deja este mundo reflejo de un mundo y vive.
Mi príncipe miró a su alrededor. Su pequeño planeta representaba cuanto él conocía.
-¿Y quién cuidará de ellos?- Alzó sus manos, con las palmas hacia arriba en un gesto infantil. La oveja miraba el jardín de reojo, el volcán mudo engullía su lava fría, la luna de plata guardaba sus falsos destellos y el sol alumbraba con rayos de rotulador un mundo vacío. Desde la cima, podíamos ver la vasta Tierradenadie, con sus gentes desiertas de esperanza.
Cogí su cara entre mis manos y le di un beso en la frente. El primer y único beso desinteresado en aquel escaparate de olvido.
Bajé por la escalera de mano, consciente de que jamás volvería a verle. Sin girar la cabeza, por temor a quedarme para contar estrellas de celofán.
Llegué a mi mundo con la mochila cargada de realidades más ligeras que nunca, vacía de lacerantes porqués, carente de lágrimas secas, y con el recuerdo de un ser que me enseñó a ver aun siendo ciego.
Por eso mis queridos viajeros;
… Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo, si viajan algún día por TierradeNadie. Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella. Si entonces se les aproxima un joven moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca, si sonríe, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces, sean amables. No me dejen tan triste, escríbanme pronto que ha regresado...
P.D.Cuento a petición de Tame. Creo que es el más largo que he escrito nunca.
Espero que te guste.

jueves, 9 de octubre de 2008

VIVIR O PERVIVIR

El valor de la vida

Somos carceleros despiadados de nuestras propias opciones.

Lo veo demasiadas veces en la consulta. Gente que prefiere cerrar los ojos y esperar a que todo pase, como si la vida fuera un mal día que acaba al irse a la cama. El problema es que no sabemos si habrá un mañana después de esa noche sin sueños. Y me revienta enfrentarme a esa actitud abúlica, toda resignación, como si pudiéramos pasar palabra o esperarnos al siguiente turno, para con suerte, tener mejor jugada.
Que no, que no tenemos ni puñetera idea de cuántas oportunidades podremos disfrutar, y hay que pelear con uñas y dientes esta baza.
Ayer, una paciente me contaba con palabras asépticas, una vida de resignación y vacío. Casada desde hace diez y siete años, hace al menos cinco que tiene asumida una soledad compartida. Esa carencia ha condicionado una conducta compulsiva que requiere tratamiento. Y con eso se conforma, con la pastilla que le permite seguir cerrando los ojos sin dolerse demasiado. Ha desarrollado pautas de autocontrol tan rígidas que esclavizan su existencia. Y niega, se niega cualquier oportunidad de cambiar las cosas. Son así y así las acepta con aire de fracaso. Su marido, ni siquiera imagina que tienen un problema, tal vez porque no se ha parado jamás a pensar en que el silencio cada día más hermético de su esposa, no traduce complicidad, sino hastío y soledad.
Yo la miro, apunto y disparo. Descargo los golpes en las esquinas más vulnerables de su coraza. Desarmo sus esquemas de justificación sin piedad, y la dejo desnuda de razones, con la impotencia expuesta en la piel. Vives o vives, no tienes opción.
¿Qué valor le damos a nuestras vidas? ¿Cómo somos capaces de inmolarnos en una rendición sin condiciones, negando cualquier oportunidad de ser felices?
No se vosotros, pero personalmente pienso que la vida más que un regalo, es una responsabilidad, y me siento con la obligación de al menos intentarlo.
P.D.Caen chuzos de punta en mi ciudad. Los días grises me provocan el Efecto Caracol, vamos que ni me asomo a la puerta de casa. Debo tener algún gen de oso- por la hibernación mal pensados, no por lo peluda-.

martes, 7 de octubre de 2008

VUELVE A SER MI CUMPLEAÑOS

Vuelve a ser mi cumpleaños

Vivo una época de bonanza personal, de esas en las que te das una palmadita en el hombro cada mañana y al llegar la noche te acuestas encantada de conocerte.
Y me ronda por la cabeza un recuerdo absurdo de cuando yo tenía unos diez u once años.
Mis trenzas enmarañadas, las rodillas sucias y la bicicleta hecha un cristo tirada de cualquier manera sobre la acera del puente. Mis piernas colgando en la barandilla, y la mirada perdida en un cielo nocturno de los que no se ven ahora. Jugaba a contar estrellas fugaces- no era culpa mía, entraba de lleno en la edad del pavo-, y entre fogonazo y fogonazo, intentaba imaginar mi vida cuando fuera una vieja de cuarenta años.
Todo me parecía tan lejano, como ridícula ahora mismo la visión que tenía entonces de mi propia existencia. En mi mente infantil, daba por sentado que el tiempo me haría sabia; que los años resolverían por si mismos todos los problemas. Entonces aun no sabía de luchas, de renuncias, de elecciones ni de responsabilidad. En mis ojos brillaban mil sueños esbozados con trazos de niña.
Y hoy, al mirarme al espejo, me devuelve la imagen de una mujer de cuarenta años con la mirada perfilada de esperanza, y una sabiduría en la sonrisa que solo pudo darme vivir siendo fiel a aquellas trenzas.

P.D.Aun que suene tópico, no volvería a los veinte ni jartita de vino. No se cómo explicarlo, ahora me siento completa. No me angustia casi nada de lo que me quitaba el sueño hace veinte años, y disfruto de las cosas con igual intensidad pero sin ninguna premura. Ya me he demostrado todo lo que tenía que demostrarme, y me conozco en lo bueno y en lo malo.
Quizás os suene extraño, pero me siento como nunca

lunes, 6 de octubre de 2008

SOLO TÚ

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Puedes borrar la tormenta

Tal vez solo sea cuestión de un segundo. Una sola mirada al espejo que te devuelva mañanas con olor a pan tostado, el calor de unas manos, o la expectación de un despertar.
Quizás solo baste recordar quien eres, porqué y por quién, sin perderte en laberintos con minotauros de ausencia. No eres Ariadna, no inmoles tu sonrisa en pira de penas. No quemes ilusiones en falsos vacíos, porque nada llena más que un recuerdo.

A Ana

sábado, 4 de octubre de 2008

TIEMPO AL TIEMPO

El tiempo me lo dijo

A veces tengo el convencimiento de que soy Pandora. Un día abrí la caja de los vientos y desde entonces los elementos estallan en mi cara como un limón agrio en la boca.

Así que cogí mi mochila de la huída, y metí apenas dos recuerdos y un donut para el camino. Anduve sin meta, con rumbo fijo, sin mediar palabra con mi conciencia.
En la orilla del sendero, me encontré a una viejita, sentada en el suelo, cubierta de polvo, y con un cartel en su regazo que decía; Venta de Tiempo.
La miré perpleja, y ella me sonrió desdentada.
-Lo tengo barato, el mejor de la comarca, maduro y en su punto.-Me miró de arriba a bajo.-A ti te va haciendo falta por lo que veo.
-Disculpe pero ya tengo reloj,-le contesté alzando mi muñeca.- Pero la mujer se rió a carcajadas mientras se levantaba y me empujaba hacia el huerto.
-Estos de ciudad, tan listos y tan ciegos.
Me llevó hasta un árbol bien extraño. De sus ramas colgaban relojes de todo tipo; de pulsera, de pared, de arena, de agua, clepsidras, digitales, de cuco, carillones… Algunos eran apenas un esbozo de manecillas; otros sin embargo comenzaban a desdibujar sus formas hacia abajo, como si la gravedad tirara de ellos más de la cuenta. La mezcla de Tic-Tacs asemejaba el zumbido de cien abejas sincronizadas.
Supongo que mi expresión estúpida no era nueva para la anciana, porque esperó con paciencia a que yo reaccionara.
-¿De verdad funciona?, quiero decir, que si me llevo un poco de tiempo ¿podré emplearlo para lo que quiera?
La mujer puso los ojos en blanco en un gesto de desespero.
-No, no, no. Hay un tiempo para cada cosa, tienes que elegir,-me contestó.
Miré perpleja aquellas ramas cargadas. Tenía tantas cosas por hacer… Cuántas veces había retrasado un sueño porque las circunstancias del momento absorbían mi vida. Había perdido la cuenta.
-Me gustaría llevarme tiempo para tener un hijo-, no tuve que pensarlo demasiado.
La vieja se acercó a un reloj encogido y algo descolgado. Lo sostuvo con mimo sin arrancarlo de su rama.
-No pequeña, no está maduro, aun que no tardará en estropearse. Tendrás que estar atenta si quieres cosecharlo.
La tristeza de un segundo resbaló por mi cara péndula, como mi pobre reloj biológico.
-Entiendo, tengo un tiempo para todo, pero cada tiempo tiene su momento. Y yo he de saber cuándo.
La mujer me miró sonriente, como si de pronto se hubiera quitado las gafas de sol y descubriera que era de día.
Abandoné mi resignación bajo una raíz nervuda y saqué de mi mochila el recuerdo arrugado de una infancia. Con él, envolví con cuidado el pequeño reloj marchito. Quería estar segura de reconocerlo cuando fuera el momento.
-¿Me podría llevar esos cinco canijos?-Un ramillete de relojitos colgaban de una rama como un racimo de uvas.-No importa para lo que sean, solo quiero perderlos.
La mujer se rió a carcajadas y me sirvió un generoso ramillete de tiempo.
-Para eso están, sólo para eso,-me respondió con un guiño.
P.D.Bueno, después del desaloje forzoso de ya.com, y el intento frustrado en myspace-sin ánimo de ofender, no lo soporto-, aterrizo en blogger. Hoy vuelven a funcionar los blogs ya.com, pero...psss qué queréis que os diga, más de un mes sin una sola explicación es suficiente para hacer las maletas. Al menos yo.
No es que tenga mucho tiempo para escribir,-ni para nada-, pero al menos, quiero saber que puedo hacerlo.
En fin, bienvenidos a mi huerto