jueves, 11 de diciembre de 2008

DESDE EL INFIERNO


Hace mil años creí vagar en el averno.
No me equivocaba.
Me partí los brazos, el alma y hasta las ganas para vencerlo.
Pero desconocía que existen tantos infiernos como miedos,
tantos miedos como tiempos,
tantos tiempos como anhelos.
Y hoy me queman los ojos,
me arde el pecho,
el sulfúrico de mi angustia abrasa mis fuerzas.

Post DestroyerEl derecho al pataleo no me lo quita nadie. Aun que, de bien poco me sirve en estos momentos.
En fin, por si acaso, Felices Fiestas a todo el mundo. No seáis tontos y disfrutad el momento. Nunca sabes lo que viene después.

sábado, 6 de diciembre de 2008

DESDE EL OLVIDO


Como el aire, como el viento escrito en un lamento,
el recuerdo se estremece en vaivén de sentimiento.

Los días desterrados vagan disfrazados de olvido.
Apátridas de la memoria, anémicos de tiempo.
Y desde tierra de nadie horadan un presente que les ignora.

¿Dónde fuisteis horas menguadas, dejando coja a la existencia, mutilando la historia, sesgando lo vivido?
La señora Adela era una niña bien de ochenta años. Vivía en un barrio residencial, en pleno centro. Cuánto habían cambiado sus calles en el último medio siglo, desde que ella, con apenas treinta años, comenzara a caer en las lagunas de su mente.
Cada mañana se vestía con el mismo traje color crema, camisa blanca de cuello redondo, y zapatos marrones de cordones mal atados. No importaba el frío ni el calor, lo raído de la tela, o si sobraban o faltaban kilos para llenarlo. Así se vistió el día en que despidió a Jaume, su amor, aquella mañana de Abril que le vio zarpar en el mar que sería su tumba. Y así se recordaba ella, con el pelo recogido en la nuca y sus graciosas ondas en la frente. Un pañuelo blanco en la mano, una rebeca sobre los hombros y toda la pena del mundo en sus ojos.
Temprano salía de su casa con el carro de la compra repleto de antiguas fotos en sepia, un par de entradas para el teatro Principal; un ramo de novia seco, y un paquete de cartas amarillas anudadas con cinta de seda azul.
Adela cruzaba las calles sin ver, alienada de una realidad que no comprendía ni compartía. Ciega de presente, no reparaba en ese anciano caballero que la acompañaba allí donde fuera. Siempre había un encuentro casual, una presentación, un hasta mañana.
Carles, su marido, disfrutaba cada segundo de esa cita diaria consciente de que por la noche volvería el desconocimiento, la repulsa y la negación. Adela ya no le recordaba, ni a él, ni a los hijos en común. Poco a poco había regresado a aquella adolescencia enclavada en medio del pecho, y ahí se había quedado.
-Deje que le ayude.-Solícito subió el carro a la acera.- ¿Me permite que la acompañe?
Siempre el mismo trayecto hacia el puerto, el mismo café donde Germán les reservaba una mesa junto a la ventana, la misma conversación dirigida hacia aquellas cartas firmadas por Carles. Y el mismo vacío, ella no le reconocía.
Mañana será-se decía-, mañana.
Adela sonreía al horizonte, con la mirada perdida junto a su memoria.


P.D.Ayer discutía con mi madre.
-Ni se te ocurra comprar polvorones.-Más tajante imposible.
Este año han tirado la casa por la ventana y la caja de Navidad es “sagerá”, así que comprar más cosas es repetir la misma historia de siempre; en Agosto aun andamos con el turrón garrapiñado.
Pues bien; seis kilos, seis de polvorones he comprado esta tarde. Tres para la consulta-este año quiero poner en admisión una bandeja-, y tres para casa. Mi madre me quería matar.

sábado, 29 de noviembre de 2008

EL CANTO DE LAS BALLENAS

A menudo tengo la sensación de que las personas somos como mares aislados; inmensos océanos repletos de vida interna.
Observo el oleaje y descifro las corrientes intestinas que dibujan sus playas.
E invariablemente, si escucho con atención, puedo oír el canto de las ballenas.
Balizas señalizando soledades confusas. Melodías de persuasión; un aquí estoy yo, existo a tu lado aun que no me veas. Mírame, te estoy llamando.
¿Las oyes? Una coral armónica de universos sordos.

Y hablando de bichitos Personalmente, más que a ballena tiro a tortuga-por aquello del caparazón y esas cosas-. Aun que también tengo mis momentos Avestruz, GataFlora y OsaPolar. Ahora que caigo, más que mar parezco un bestiario.
Charito, esto te pasa por pensar.

No dejéis de ver...este post de Arlekyn. Aun tengo un nudo en la garganta.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

SI, VA POR TI

Soy de esas pobres locas que aun creen que se puede cambiar el mundo. Llámame ingenua, sonríe con burla, no te cortes.
Pero no dejes de leer.
Esos baners que ves a tu izquierda, son algo más que un barniz a mi conciencia o a la tuya. Representan un compromiso personal con el dolor ajeno, parte de mi batalla contra el sufrimiento.
Desde que puedo recordar, quise ser médico. Y paseé con ese sueño infiltrado en la piel por las etapas más extremas; desde la imagen utópica de la profesional aséptica que anda todo el día salvando vidas, a la real, la de una médico de familia de un pueblo, donde no puedo dar tres pasos seguidos sin que alguien me salude y me enganche para charlar. También he colgado en mi bata momentos muy duros, esos en los que me gustaría arrancármela y quemarla en un exorcismo. Pero sin duda, las experiencias más dramáticas han venido siempre de la mano de un niño.
Afortunadamente para mí, que no soy pediatra, son pocos los casos en los que me he tenido que enfrentar directamente a un abuso infantil. No, lo más frecuente-no imagináis cuanto-, es que reciba en mi consulta al adulto mutilado por una infancia quebrada. Personas a mitad de hacer, esbozos de ser humano perdidos en sentimientos de culpa ajenos que cargan al cuello como una soga. Y es terrible ver como esas improntas psicológicas han abortado cualquier atisbo de normalidad, cualquier oportunidad de ser simplemente uno más de su especie.
No creo que logréis imaginar la magnitud de la soledad que sienten.
Cuando esto pasa, yo hago mi labor, rescato a mi paciente de si mismo y de su propia historia. Le enfrento de manera controlada a sus monstruos hasta hacerle ver que no forman parte de él mismo, sino que son algo aberrante a su existencia y que se pueden extirpar. Cuando son capaces de ver esto, es el momento de derivarlos a psicología.
Se curan, tras décadas de silencio autoimpuesto por vergüenza o miedo, consiguen drenar toda esa porquería y verse- por primera vez en su vida- a si mismos, desnudos de miserias extrañas, limpios de perversidad sufrida.
Recuerdo cada mirada después de este proceso. Tiene un brillo muy especial.
Y es entonces, cuando en mi mente, ese brillito se traslada años atrás, y lo ubico en los ojos de los niños que fueron. ¿Cómo nadie pudo hacerles daño? ¿Por qué no estuvimos ahí para protegerles?
Este no es un post más, me importan dos leches si me consideras mejor persona por esto, o directamente una pesada infumable. Me da absolutamente igual. Me conformo con que hayas leído hasta aquí, cliques en esos enlaces y abras tu mundo confortable y protegido a esas realidades feas y malolientes. Eres bloger, te mueves por internet y sabes lo que hay. Se sus ojos, no perdones y denuncia siempre que te lo tropieces.
Esto también va contigo.
P.D.Respecto a MSF-Médicos Sin Fronteras-, soy socia desde que me licencié. Pero toda mi aportación se resume a una cuota mensual. El dinero lava conciencias, pero no la mía-la muy jodía es un poco especial-, así que hacedme un favor…entrad en la página, leed y si después consideráis que no podéis hacer nada… yo ya me callo y os dejo en paz. Palabrita de Andaya.
Reposdata:
Me ha costado mucho, mucho escribir este post. Llevo retrasándolo tres días, y lo he borrado unas siete veces. Así que mejor lo cuelgo tal cual, esté como esté, o lo volveré a borrar.

Me toca las webQue a fecha 14/11/08 la campaña MSF lleve 1718 firmas, y que una página creada para que se retrase la Copa Davis, y así pueda jugar Nadal, tenga más de 12.000 en 48 horas... ¿Estamos locos o ciegos? ¿De verdad alguien piensa que esto no le afecta? PODRÍAN SER TUS HIJOS.

25 de Noviembre

domingo, 9 de noviembre de 2008

CAMBIOS CLIMÁTICOS


Aprendí a bailar bajo la lluvia

El cielo se cerró de repente y no hubo forma de convencer al Sol de que disipara las brumas. Miles de interrogantes preñaron las nubes, y un viento de incertidumbre arrasó cualquier entereza a su paso. Charcos de indecisión anegaron el suelo, y toda firmeza resbaló pendiente abajo. Un frío vacilante congeló el paisaje, escarchando la confianza en hielo vulnerable.
Llovieron las Dudas.
Recuerdo aquella mañana gris y opaca, me sentía perdida en un vacío inestable. Hoy, refugiada en mi interior impermeable, comprendo que las tormentas son tormentas y no estaciones perennes.
Miro al cielo y le digo-Ya escamparás. Por más que te empeñes, detrás de ti hay un sol que sigue brillando.

P.D.Semana plomo donde las haya, incluido el finde que he pasado leyendo unos quinientos folios de protocolos. Por favor, que alguien le diga a los de arriba que yo no soy una máquina.
Si el trabajo dignifica, soy la más digna de España-léase en tono peineta plantá y bata de cola en plan Pantoja.
Y hablando de otra cosa, leyendo a Sefarad, secundo su iniciativa y en breve daré espacio en el blog a la lucha contra la pedofilia. Veréis, es algo que me tropiezo con demasiada frecuencia. Y creedme, es terrible la magnitud de dolor que siembran estos engendros.

martes, 4 de noviembre de 2008

COSITAS VUESTRAS

No os podéis imaginar lo que en ocasiones me cuesta mantener la compostura en la consulta. Y es que a veces los pacientes tenéis unas cosas…
Esta tarde, en la primera visita, Berta llama a la puerta y entra con cara de jota.
-Perdona Charo, pero es que tengo a una señora al teléfono preguntando por el médico que cose orejas.
Dos segundos de silencio y me oigo diciendo;
-Ah, pues dile que nosotros no nos ocupamos de las orejas, solo cosemos los…- Stop, parada a tiempo. Tener a una paciente delante me ha hecho darme cuenta de que la comparación taurina no era demasiado apropiada.
Respondo a la llamada, ya que Berta me ha leído el pensamiento y es incapaz de hablar.
-Vamos a ver, ¿pero se ha herido?- yo ya me veo a la señora con la oreja en el bolso.
-No, no, solo quiero que me cosan las orejas-en plural-pero no se qué médico hace eso.
-¿Se refiere a una otoplastia?- Ahora la imagino como a Dumbo aterrizando en la sala de espera.
-Que no, que no. Si solo quiero que me cosan las orejas, ¿sabe usted?- A esas alturas, yo ya estoy buscando la cámara oculta.
Entonces se me enciende la luz.
-A ver, tal vez se refiere a un desgarro en el lóbulo ¿le han arrancado el pendiente?-Lanzo china al aire.
-Eeeeeso es- Por fin, me voy aclarando.
-Pues eso tiene mal arreglo,-le digo- ¿Cuántas horas hace más o menos?- Valoro si la debo suturar o mandar a urgencias.
-Ah, pues hace nueve años.
Ahí me ha matado. Finalmente la derivo a cirugía plástica y le explico que se trata de una reconstrucción que debe realizar un estético.
Me quedo con el teléfono en la mano y le digo a Berta que me recuerde mañana publicar una oferta de trabajo en el colegio de médicos, solicitando “médico que cose orejas”.
El resto, ya lo suturo yo.

P.D.Para acabar el día, una suruta en cuero cabelludo de diez puntos. La mayoría de mis compañeros prefieren las grapas, pero aun que es una zona de baja sensibilidad, yo prefiero rasurar un poco, infiltrar anestésico y suturar. He conseguido tranquilizar tanto al pobre chico, que se me ha dormido. Literalmente. A poco que me ronca en la camilla.

lunes, 3 de noviembre de 2008

MOTIVOS


A veces, solo es cuestión de escuchar

Cuando alguien te da las gracias desde el fondo de una mirada y puedes leer la confianza ciega escrita en sus ojos; sabes que cualquier esfuerzo mereció la pena.

Día Flower powerDe estos también tocan, no van a ser todo disgustos.
Y hablando de penas y otras miserias…cawen en el euribor y la madre que lo refundó. Ea, ya lo solté.

domingo, 2 de noviembre de 2008

TAITANTOS, MEA CULPA

Acabo de ver la película El Novio de mi Madre, de Michelle Pfeiffer. Reconozco que ella, junto con Meryl Street, son mis actrices fetiche; animales escénicos donde los haya.
Me ha dejado con una sonrisa pensativa. Y es que me he visto reflejada punto por punto en la situación, que no en el contexto. Mujer cuarentona-ya la palabra parece un insulto-, soltera, y sin espíritu marujil. En la película, Michelle se enamora de un chico de veinte y nueve. No es mi caso. Pero si que me empiezo a sentir como un pez fuera de su pecera en determinadas situaciones, como le pasa a la protagonista.
Hay una escena, en la que su chico la lleva a una discoteca; primera cita, ya sabéis, todo nervios e inseguridades. Ellos dos van a lo suyo, pasando del entorno. Me refiero a que ella no adopta una pose soycomovosotros, no intenta aparentar lo que no es. Simplemente está en una nube, deslumbrada por una persona que la hace sentir como si fuera el centro del universo. Y sin embargo, tiene que enfrentarse al desprecio burlón de los jóvenes que la miran como si fuera una alienígena.
Y yo me pregunto, qué está pasando. ¿Contar años es un delito?
Pertenezco a esa generación que creció dejándose la piel para prepararse más y mejor. Y nos convertimos la gran mayoría en excelentes profesionales de una inmadurez emocional impresionante. La mayoría de mis amigos están divorciados o infelizmente casados-sin contar con los solteros electos como yo-. Es lo que hay, no se puede ser bueno en todo.
Así que ahora hay una enorme cantidad de personas dispuestas a seguir viviendo en el mercado de las relaciones-del tipo que sea, no me refiero solo a las de pareja-. Y se encuentran con que no hay sitio para ellos. Al parecer, ese es un territorio privado, el coto de caza de los jóvenes. Menuda estupidez.
¿Qué pasa si quiero salir de copas y bailar toda la noche? No pretendo sentirme con treinta años, porque no los tengo, ni falta que me hace. Pero con mis recién estrenados cuarenta, puedo hacer lo que me de la gana, sin tener que sacudirme las miradas de quéridícula pegadas a mi espalda. Yo ya me he ganado el derecho a pasar de mi trasero tobillero, de la celulitis en los muslos o de las estrias. Ya no me hace falta un cuerpo perfecto para valorarme, porque yo ya se lo que valgo y no me voy a tasar en función del número de entradasAsaco.
Qué se supone que he de hacer a los mis años, ¿vestir de siesa, engordar en plan mamma italiana, tatuarme la lista de la compra en la frente? Lo tienen claro.
Así que no puedo evitar sonreir con condescendencia, a esa soberbia inmadurez que se cree la dueña del mundo. Porque olvidan que con suerte, con mucha suerte, algún día entenderán lo bien que te sientes a mi edad.

P.D.En realidad, aun no he sufrido en carnes esa situación, quizás porque yo no tengo vergüenza, o tal vez porque voy a mi aire y no me fijo en si cuadro o descuadro en un sitio. Tan bien es cierto que salgo poco. Llego al viernes reptando, así que últimamente mis findes son tipo marsupial. Habrá que hacer algo al respecto…
Y hablando de películas, el otro día vi Mamma mia y a poco acabo bailando sobre el sofá. Cómo me gustaría pasar, aun que solo fuera un día, en esa isla mágica; que todos los habitantes me cantaran Chiquitita cuando tuviera un mal momento, o acabar la jornada vestida de reinona drag bailando Dancing Queen. No estaría mal, nada mal.


Ahh, que sino lo cuento reviento. Laura me ha pedido que asista a su parto-vamos, presencial, no como médico-, y eso me ha emocionado más que si me nombrara madrina, porque se que simplemente por estar allí se sentirá más arropada, y porque voy a ser de las primeras personas que le vea la carita a su hijo.
Mil gracias laury, significa mucho para mi.

martes, 28 de octubre de 2008

COSAS DE CASA V. Hay cosas que no cambian

Y yo menos. A veces quisiera esconderme bajo un guijarro.

Doña hiperResponsable, la que no falta al trabajo ni con el bazo colgando, la que se reincorporó a la consulta después de una varicela, cuando ya no era infecciosa, pero con treinta y dos pupas en la cara-no hubiera necesitado disfraz para Halloween-… Me reiría sino fuera para llorar-o viceversa-. Para mis cosas soy un desastre sin solución.
Anoche, cuando llevaba a casa a Berta, solete de mujer, me dice- ¿Qué no enciendes las luces?
Y yo, que es lo primero que hago, le contesto que si, pero que el ayuntamiento no debe de estar al corriente del cambio de hora, y que no ha ajustado el alumbrado. Por eso está oscuro. Ancha me quedé.
Pero esta mañana, me ha llamado la atención que mis luces no reflectaran en el coche de enfrente, así que en llegar al centro médico, he comprobado que efectivamente; las luces no me funcionaban.
Llamo al mecánico, quien me recoge el coche, y ya, cuando se lo llevaba, se me ocurre pedirle que me revise los niveles… más que nada por curiosidad.
A mitad de tarde me llama y me pregunta por la llave NoseQué para cambiar las ruedas…-me lo repita por favor.
-Deja, deja, que ya me apaño yo-Debe haberse sido como darse cabezazos contra la pared.
Se debe de haber acordado de todo mi árbol genealógico remontándose a Adán y Eva- o quizá Lilith. Porque ha estado con mi huevito todo el puñetero día.
Así, a groso modo… no me quedaba casi aceite-ni pa freir tres gambas, han sido sus palabras textuales-, las luces de cruce fundidas, las de frenado también; los tres filtros-¿hay tantos?-embozados; me han cambiado las ruedas de delante a detrás, porque las llevo más lisas que mi pelo; me han puesto un limpia que me faltaba, y cambiado las escobillas de todos; no tenía apenas agua-¿Ah, pero el coche también bebe?-, y dos o tres cosas más que no he acabado de entender.
Y entonces es cuando recuerdo que tal vez, y solo tal vez, he olvidado pasar la última revisión este verano… ¿o era el anterior?
El chico, muy amable él, me indica que cuando en el panel me sale el icono de una llave inglesa, es que me toca llevarlo al taller.
Yo le he mirado con cara de PeroQuéMeEstásContando, si yo creía que venía de serie.
Ahí creo que le he matado, muerto le dejé.
En fin, cumplo con todos los tópicos típicos de mujer inútil en mecánica. Y me da coraje, porque resuelvo todos los días problemas mucho más complicados que cambiar una rueda. Pero no consigo sacudirme de encima este despiste legendario que da mucho que reír a mi entorno, y más dolores de cabeza para mi.
Pero es que no acaba aquí. Hace apenas unas semanas, pasé la vergüenza de mi vida.
Imaginaros, salgo de la inspección médica y me voy a mi centro donde tenía una entrevista concertada con una dietista para que empezara a trabajar con nosotros. Llego cargada con el maletín, y con un botiquín de emergencias. Y cuando tiro a abrir, que nones, que la llave no entra. Me ofusco, pienso en todo-y todo malo-, llamo a media Valencia para que me localicen un cerrajero. Y cuando este me llama diciéndome que llega en diez minutos, me quedo mirando el llavero y pienso-¿era la redonda o la cuadrada?
Efectivamente, me había equivocado de llave. Seis meses abriendo todos los días.
Y ahí me tenéis, inventándome un cuento chino para el cerrajero-que si se engancha, que ya ves que dura va- y al final, ciento ochenta euros la broma del despiste. Porque por supuesto, cambié la cerradura.
¿Alguien me podría explicar porqué me pasa esto?
A lo mejor es que también viene de serie, mandan webs.
P.D.El numerito final ha sido cuando he tenido que salir corriendo a mitad de consulta para recoger el coche. Menos mal que mis pacientes me conocen y perdonan mis peculiaridades.
En fin, habrá que asumirse, a estas alturas no creo que cambie.

En breve, otro cuento.

viernes, 24 de octubre de 2008

CÓDIGO TRESCIENTOS

Código 300.0 equivale a depresión neurótica en el CIE

Hoy desperté en un mundo gris, nublado de reproches. Escuché tormentas de incomprensión, cargadas de lluvia resentida. Y aprendí que no hay paraguas para la inercia; estúpida fuerza motriz que despeña voluntades.
Y yo, sentada en el vórtice de la escucha, no soy ni juez ni jurado; sólo una simple receptora de confesiones forzadas.
Fue como vivir en blanco y negro, me asfixió esa planicie monocroma.
-¿Cómo estás?-le pregunto. Realmente impresiona con su metro noventa y unos cien kilos. Tras salir de la cárcel por conducir borracho, le despidieron del trabajo apenas una semana después de empezar. Ahora está de baja por depresión.
-Igual, por no decir peor-me contesta. Se mueve lento, habla lento, piensa lento-. Ya me fui de casa.
-Vaya, veo que las cosas no se arreglaron con tu esposa.
Me mira con sus ojos vacíos, inundados de antipsicótico.
-Ella no es mujer de estar casada. No vale para eso. No se ocupa de las cosas que tiene que hacer una mujer,-ni siquiera hay desprecio en su voz-. Planchar…nada, cocinar…menos, es que ni me limpiaba los zapatos.
Me muerdo la lengua. Ella trabaja de auxiliar en un geriátrico donde le parten la espina levantando ancianos, limpiando secreciones humanas, y alimentando a desvalidos. Así sacó adelante a su casa y a su hija mientras él cumplía condena.
La imagino en su vida gris, y no dejo de pensar en que tal vez hora consiga ponerle un poco de color a sus días.
Miro a mi paciente, abro el talonario, y le receto su medicación, consciente de que no hay pastilla que cure su ceguera.

P.D.Hoy, un ratón de tres años me ha hecho reír a carcajadas. Los niños se me dan bien, casi ninguno me llora en la consulta aun que yo lo paso bastante mal. Lo mío son los adultos. El caso es que me lo trajeron la semana pasada por un catarro común-dichosos virus-, pero hoy era su madre la que tenía visita. En cuanto ha entrado, se ha encaramado a la camilla, levantando la pierna para intentar subirse a ella. No ha hecho ni caso de nuestras risas, ha seguido intentando subir dando patadas al aire, y no ha parado hasta que le he tumbado y con el fonen le he hecho cosquillas en la pancheta. No contento, me abría la boca para que le explorara la garganta. Y entonces entendí la trampa, quería el palito azul mágico que no da angustia.
Le he dado su depresor y se ha marchado más feliz que una perdiz.
Estos enanos, ya puede ser el día más negro que siempre le ponen color.

25 de Octubre

miércoles, 22 de octubre de 2008

PUÑETERA AGENDA


-¿A quién se le ocurriría la idea de medir el tiempo?
-Al mismo desgraciado que decidió organizarlo.

Pues si pequeñines, yo personalizo mi calendario de una manera muy mía y hoy era el día de ”Que si quieres arroz Catalina”, o lo que es lo mismo; De eso nada monada.
Ya sufrí los días Conciencia negra, Pelillos a la mar, o De la Ceca a la Meca este mes.
Pero hoy no, hoy tocaba no hacer nada de lo previsto, así que saqué mi uniforme de camaleón y cambié de color según el sabor de las horas.
Y he acabado estrábica perdida, daltónica y con eccema mental de tanto mudar la piel.

P.D.Me llegó un correo corporativo convocándome a un curso de formación sobre la actitud a tomar en caso de agresión en la consulta. Yo lo tengo claro; con mi 1’62-me he encogido, sniff-, y no llega a cincuenta y dos kilos… Correr, vamos, echando chispas.
Lo penoso es que hayamos llegado a este punto. A considerar necesario enseñar al médico a defenderse de sus pacientes.
No iré.

lunes, 20 de octubre de 2008

CONVERSACIONES A MEDIAS


Hoy me preguntaste por ese brillito en mis ojos y por mi corte de pelo; te sorprendió mi optimismo, y hasta esa sonrisa que llevo incorporada de serie-bien lo sabes.
¿Y de qué te extrañas? Ya te lo dije, me siento bien, estoy bien, me se plena.
Pero tú no te lo crees, cabezota.
-Ya hablaremos- me dices. Y no hay modo de convencerte de que esto que ves proviene de dentro. No hay factor externo, nada nuevo en mi horizonte, ni falta que me hace.
Ya no busco fuera lo que solo encuentro en mi interior. Y no sabes qué tranquilidad me da eso.
Tal vez esa es la razón por la que pasan los años y la loca del espejo sigue guiñándome un ojo. Y a mí, que me cae francamente bien, me provoca la risa floja y acabo sacándole la lengua.
No te empeñes, niño; lo que ves es lo que soy, no lo que hacen de mí.
Afortunadamente.

P.D.Hoy tuve el día payaso. Me paseé por medio pueblo con un carro de curas renqueante al más puro estilo Mercadona. La gente me miraba un poco mal, pero yo iba toda digna con mi maletín encima de la mesa hasta que he bajado por una rampa y, carro, maletín y tacones-conmigo incluida-, nos hemos ido a hacer puñetas en un pispas.
Me he reído mucho, de mi y conmigo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Y DE REPENTE

Bonus track

Nunca sabes cuándo la vida va a regalarte un Bonus Track
El no es relativo, el nunca caduca y lo único seguro es la incertidumbre.

P.D.Post cortito, para compensar el testamento del principe.
Hoy tenía una reunión muy importante. A la vuelta de un año, y con indicadores en mano, se iba a evaluar el trabajo de todo el equipo médico de supervisión del que formo parte. Empezamos siendo el garbanzo negro, y yo llegué a convencerme de que las competencias me superaban. Pero soy demasiado cabezota como para abandonar.
Durante todo este tiempo, he trabajado duro, pero siempre te queda la sensación de no haber dado el cien por cien. Así que esperaba más palos que copas en esta baraja.
Bien, nos han felicitado. Estamos muy por encima de la media nacional, todos y cada uno de los médicos de la delegación.
Así que por fin puedo decir ¡Por fin!

lunes, 13 de octubre de 2008

TORMENTO DE TORMENTA

Tormento de Tormenta

No se si alguno de vosotros padece de alguna fobia, un miedo irracional e incontrolable capaz de paralizarte en seco. Alguna vez he comentado que la mía son las explosiones. De cualquier tipo, da igual, desde el descorche de una botella, a las tracas- y eso, siendo valenciana…-. Pero hoy descubrí de todas ellas, cual es la que más me aterroriza. Las tormentas.
Esta noche ha caído lo que no está escrito sobre mi ciudad. Y yo, encerrada en mi coche, en medio de un atasco, me he sentido la persona más pequeña y vulnerable del mundo.
Ráfagas de luz cruzaban a decenas el cielo, haciendo de la noche un día fantasmal. Los truenos enmudecían la cortina de agua que golpeaba con violencia el parabrisas.
Bloqueada entre un mosaico de vehículos, he empezado a hiperventilar. Notaba cómo se cerraba mi garganta, la falta asfixiante de aire, y la certeza absoluta de que en pocos minutos perdería la consciencia.
Mil veces he asistido a cuadros similares en mi consulta, e invariablemente, les repetía a mis pacientes con voz calmada, que se tranquilizaran, que la falta de oxígeno era irreal, y que solo debían controlar la respiración y dejar la mente en blanco.
Pero allí, atrincherada en mi coche, sólo podía oír los latidos de mi corazón al galope, muy por encima del estruendo de la tormenta. Se me ha nublado la vista, los zumbidos en mis oídos me enloquecían, y no conseguía que el puñetero aire entrara en mis pulmones. He sentido pánico y soledad.
Como he podido, he rebuscado en mi maletín un tranquilizante que me ayudara a controlar la situación.
Jamás lo había pasado tan mal. Me he sentido pequeña, vulnerable y tremendamente ridícula.
P.D.A hacer puñetas mi época de bonanza. La supermegamujersegura se ha encogido como si me hubieran metido en una lavadora a cuarenta grados, con programa de centrifugado especial.
Vaya por dios.

sábado, 11 de octubre de 2008

MI PEQUEÑO PRÍNCIPE


Las personas siempre consiguen desconcertarme. Y me refiero al individuo, no a la gente en general. Esa es predecible.

Por más que creas conocer a alguien, al final siempre hará un quiebro que te deje con la mandíbula en las rodillas. Pero si alguien ha conseguido descuadrarme, ese fue sin duda, El principito.
Le conocí hace unos años, cuando yo aun convalecía de una larga enfermedad. El dolor físico y psíquico padecido durante buena parte de mi vida, había dejado una huella indeleble en mi carácter, que trataba de ocultar por todos los medios bajo una máscara de profesional eficiencia.
Poco a poco dejé de diferenciar esa máscara de mi verdadera cara, y caminé por estos mundos con el juicio analítico en la mirada, y un bisturí en mi discurso.
La debilidad de mi cuerpo era algo que me enfurecía, por eso decidí someterlo a condiciones extremas. Nunca llegué a asumir mi frágil envoltura. De pie, frente a una bola del mundo tan barroca como mi locura, la hice girar, y señalé un punto a ciegas. Ahí pensaba irme a un retiro indefinido. Sin vitaminas ni analgésicos, sin benzodiazepinas que controlaran mis taquicardias psicosomáticas, sin analíticas punzantes ni quimoterápicos devastadores, y sin pacientes en los que proyectar mi propio pánico escénico. Me desvestí de mi linfoma, de mi cátedra de psiquiatría, para calzarme las botas del yo puedo. Y así, con mi traje de allá voy me marché sin más explicaciones. En mi mochila, la rabia contenida del Porqué a mi y un par de lágrimas caducas.
Tierradenadie era un pueblucho perdido en un valle cerrado. Literalmente las montañas fortificaban aquel trozo de tierra verde salpicado de lagos y riachuelos.
Ni una parabólica, sin torres de alta tensión; lo más próximo a Internet eran las señales marcadas en los árboles indicando el camino, primitivo sucedáneo del google maps. Por supuesto, sin cobertura en el móvil. Y dado que no tenía pensado hablar con nadie, y era plenamente consciente de que nadie sería lo suficientemente valiente como para llamarme y preguntar por ese porqué, lancé mi móvil tan lejos como pude.
-Eysss, ten cuidado- Una voz juvenil salió de entre los árboles.
Me acerqué con recelo, y descubrí a un joven sentado en una roca.
Moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca. Me recordó a un Peter Pan algo crecido. Su indumentaria era bien rara, pero bastante menos que su forma de hablar.
-Y dime princesa, ¿qué males te afligen? ¿Eres feliz? ¿Puedo aliviar tus penas?-Bajó de la roca con una cabriola.- ¿Sabes que la luna te mira? Puedo ver el reflejo en tus ojos, pero la rosa… la rosa está triste porque no puedo tocarla.
El joven llevaba el recuerdo de una rosa encerrado en una campana del cristal de los sueños.
Mi naturaleza desconfiada pudo más que mi praxis médica, así que no me paré en diagnósticos y directamente le pedí que me indicara el camino hacia el pueblo.
-Como gustéis bella dama-, y con una reverencia me cogió de la mano como si nos dispusiéramos a bailar un minué.
Yo le miraba de reojo mientras él me hablaba de Otrosmundos, su pueblo natal. Allí, según me juró, desayunaba sueños amables y dormía a salvo de los dragones de siete cabezas. Un pequeño volcán extinto le recordaba los tiempos en que las pasiones desbordaban su vida.
Me dibujó una estrella en el suelo mientras paramos a almorzar.
-¿Qué ves?-me preguntó.
-Pues una estrella de cinco puntas. ¿Eres judío?- Como buena agnóstica, respetaba cualquier creencia ajena.
Mi príncipe se rió a carcajadas.
-No, no, no. Es mi corazón.- Su voz se hizo susurro, y el susurro un lamento- Mi pena lo desgarra en aristas que queman como fuego.
-Y ¿Cuál es tu pena?- su mirada limpia y amable había conseguido derribar mi desconfianza. Realmente quería ayudar a aquel joven soñador que me servía sonrisas sinceras, desprovistas de intención.
-Quiero volver a casa, Otrosmundos, donde mi rosa blanca dejará de ser un sueño, y yo no tendré que regarla con lágrimas de recuerdo para que siga viva.
Yo no entendía mucho de lo que me quería decir, pero cogí su mano y volvimos a caminar. Él me prendió una estrella arrugada en el pelo y así, entre curiosidad desprovista de defensa y confianza regalada, llegamos a Tierradenadie.
Nunca vi un sitio parecido. Ni la ciudad más cosmopolita podría compararse en disparidad y mezcolanza. Más que un pueblo, aquello era un universo formado por seres aislados en su propio mundo.
-Babel-, pensé para mis adentros-. Hablan sin parar pero ni se escuchan, ni se entienden.
Vi MujeresBufón cantando sus penas para hacer reír a la audiencia y conseguir un halago por pago. CazadoresdeIngénuos que colgaban de su cinto sarmientos de lamentos ajenos como trofeos de sus batidas. Grupos dispersos de personas sin rostro se movían como bancos de peces, sincronizados por las corrientes que emitían charlatanes eruditos en miserias.
Allí, una Soledad disfrazada de personalidad múltiple, hablando consigo misma. Acá, un alma sin rumbo buscando un camino extinto. Y en todos, absolutamente en todos los seres de aquel hormiguero desierto, descubrí un miedo feroz al silencio.
Mi compañero sonreía amable sin acercarse demasiado a ningún ciudadano. Sin soltar mi mano, saludaba a todo el mundo manteniendo una distancia cordial pero rígida.
-Te llevaré a mi hogar, es pequeño, pero puedes quedarte cuanto gustes.- Podía sentir miradas de rencor a mi espalda, y aun que en condiciones normales jamás se me habría ocurrido alojarme con un desconocido, acepté sin reservas.
Tenía ante mí un pequeño planeta, no más grande que una casa de dos plantas, suspendido a unos diez metros del suelo. Una escalera de mano permitía el acceso a aquel sin sentido.
-¿Por qué no?,-pensé- en este lugar el agua fluye hacia arriba ¿Por qué no tener un planeta propio en vez de un piso?
Asumí los absurdos que veía como parte de mi locura, y sin hacerme preguntas, entré en su mundo.
Pendido en un techo ficticio, colgaba un sol dibujado con rotulador. En el lado opuesto, lucía una luna argentina y coqueta de papel de plata. Lo primero que vi fue un pequeño volcán hecho de plastelina y al fondo, un jardincito vallado donde mi príncipe colocó con cuidado a la rosa.
-La cerca es por María,-señaló a una oveja de aire ausente que nos ignoraba sin perder detalle de nuestra presencia-. No tiene mala intención, pero a veces hace cosas que me duelen.
El joven alargó la mano para acariciarla, pero el animal giró en redondo y se fue a la otra parte del mundo a rumiar sus pensamientos deshidratados.
-Ella es así,- dijo arrastrando una nube de plástico hasta ponerla sobre la rosa.
-Luego te doy de comer- le susurró rozando sus pétalos- Promete no marchitarte.
Un hombre redondo como una pelota, nos hacía aspavientos desde el piso de enfrente. Llevaba pegado en su cara un catalejo, y en conjunto, parecía un viejo submarino hundido.
-¡Ehhh, ehhh! ¿por qué diablos le has dado una estrella?- señalaba mi pelo.
-Esa estrella es mía.- Abrió un libro polvoriento perfilando las líneas escritas con ansias enfermizas- Ahá, aquí está. Es la doscientos diez y ocho mil millones, quinientos veinte y siete mil trescientos cincuenta y nueve. Y es mía. Devuélvemela.
El catalejo oscilaba compulso, y por un momento temí que le arrancara el ojo.
-Ven- Principe me llevó de la mano hasta el lado diurno del mundo, sin hacer mayor caso del ContadordeEstrellas -. No te asustes, no es peligroso. Hace un tiempo, él y su esposa sembraban las noches con luces. Ella tenía unas manos maravillosas. Cosía las estrellas en sueños eternos. Pero se marchó, cuando se dio cuenta de que ningún sueño era el suyo. Ahora, el pobre viejo se ha vuelto codicioso. Está convencido de que si consigue suficientes estrellas, podrá lograr un sueño que se la devuelva.
-Entiendo –mentí- ¿Este lugar es OtrosMundos?
-No, solo intento que se parezca a él.- Mi príncipe sonrió con amargura- Lo único que me queda es el recuerdo de un sueño.
Su pequeña rosa amarilleaba bajo un sol de rotulador. La nube de plástico recogía las lágrimas del joven lloviendo delicadas gotas de tristeza. Supe que quería estar solo y vagué por aquel mundo extraño.
El volcán frío me habló de soledades injustas; la oveja autista, de ingratitud y supervivencia dura. Y allí, en aquella noche-día de un planeta irreal, comprendí que OtrosMundos estaba más allá del alcance de una vida porque no era otro lugar, sino otro tiempo.
Me acerqué al jardín. El joven estaba guardando la nube detrás de la luna de plata.
-Ven conmigo-le dije-, detrás de esas montañas de incertidumbre hay un sol y una luna de verdad, las estrellas son inalcanzables pero regalan sueños infinitos. Las penas no llueven, se lloran, se duelen, se limpian; y el silencio es un derecho, no un castigo. Ven y tráete a tu rosa, plántala en el jardín de los recuerdos para que florezca hasta que llegue su hora. Deja este mundo reflejo de un mundo y vive.
Mi príncipe miró a su alrededor. Su pequeño planeta representaba cuanto él conocía.
-¿Y quién cuidará de ellos?- Alzó sus manos, con las palmas hacia arriba en un gesto infantil. La oveja miraba el jardín de reojo, el volcán mudo engullía su lava fría, la luna de plata guardaba sus falsos destellos y el sol alumbraba con rayos de rotulador un mundo vacío. Desde la cima, podíamos ver la vasta Tierradenadie, con sus gentes desiertas de esperanza.
Cogí su cara entre mis manos y le di un beso en la frente. El primer y único beso desinteresado en aquel escaparate de olvido.
Bajé por la escalera de mano, consciente de que jamás volvería a verle. Sin girar la cabeza, por temor a quedarme para contar estrellas de celofán.
Llegué a mi mundo con la mochila cargada de realidades más ligeras que nunca, vacía de lacerantes porqués, carente de lágrimas secas, y con el recuerdo de un ser que me enseñó a ver aun siendo ciego.
Por eso mis queridos viajeros;
… Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo, si viajan algún día por TierradeNadie. Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella. Si entonces se les aproxima un joven moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca, si sonríe, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces, sean amables. No me dejen tan triste, escríbanme pronto que ha regresado...
P.D.Cuento a petición de Tame. Creo que es el más largo que he escrito nunca.
Espero que te guste.

jueves, 9 de octubre de 2008

VIVIR O PERVIVIR

El valor de la vida

Somos carceleros despiadados de nuestras propias opciones.

Lo veo demasiadas veces en la consulta. Gente que prefiere cerrar los ojos y esperar a que todo pase, como si la vida fuera un mal día que acaba al irse a la cama. El problema es que no sabemos si habrá un mañana después de esa noche sin sueños. Y me revienta enfrentarme a esa actitud abúlica, toda resignación, como si pudiéramos pasar palabra o esperarnos al siguiente turno, para con suerte, tener mejor jugada.
Que no, que no tenemos ni puñetera idea de cuántas oportunidades podremos disfrutar, y hay que pelear con uñas y dientes esta baza.
Ayer, una paciente me contaba con palabras asépticas, una vida de resignación y vacío. Casada desde hace diez y siete años, hace al menos cinco que tiene asumida una soledad compartida. Esa carencia ha condicionado una conducta compulsiva que requiere tratamiento. Y con eso se conforma, con la pastilla que le permite seguir cerrando los ojos sin dolerse demasiado. Ha desarrollado pautas de autocontrol tan rígidas que esclavizan su existencia. Y niega, se niega cualquier oportunidad de cambiar las cosas. Son así y así las acepta con aire de fracaso. Su marido, ni siquiera imagina que tienen un problema, tal vez porque no se ha parado jamás a pensar en que el silencio cada día más hermético de su esposa, no traduce complicidad, sino hastío y soledad.
Yo la miro, apunto y disparo. Descargo los golpes en las esquinas más vulnerables de su coraza. Desarmo sus esquemas de justificación sin piedad, y la dejo desnuda de razones, con la impotencia expuesta en la piel. Vives o vives, no tienes opción.
¿Qué valor le damos a nuestras vidas? ¿Cómo somos capaces de inmolarnos en una rendición sin condiciones, negando cualquier oportunidad de ser felices?
No se vosotros, pero personalmente pienso que la vida más que un regalo, es una responsabilidad, y me siento con la obligación de al menos intentarlo.
P.D.Caen chuzos de punta en mi ciudad. Los días grises me provocan el Efecto Caracol, vamos que ni me asomo a la puerta de casa. Debo tener algún gen de oso- por la hibernación mal pensados, no por lo peluda-.

martes, 7 de octubre de 2008

VUELVE A SER MI CUMPLEAÑOS

Vuelve a ser mi cumpleaños

Vivo una época de bonanza personal, de esas en las que te das una palmadita en el hombro cada mañana y al llegar la noche te acuestas encantada de conocerte.
Y me ronda por la cabeza un recuerdo absurdo de cuando yo tenía unos diez u once años.
Mis trenzas enmarañadas, las rodillas sucias y la bicicleta hecha un cristo tirada de cualquier manera sobre la acera del puente. Mis piernas colgando en la barandilla, y la mirada perdida en un cielo nocturno de los que no se ven ahora. Jugaba a contar estrellas fugaces- no era culpa mía, entraba de lleno en la edad del pavo-, y entre fogonazo y fogonazo, intentaba imaginar mi vida cuando fuera una vieja de cuarenta años.
Todo me parecía tan lejano, como ridícula ahora mismo la visión que tenía entonces de mi propia existencia. En mi mente infantil, daba por sentado que el tiempo me haría sabia; que los años resolverían por si mismos todos los problemas. Entonces aun no sabía de luchas, de renuncias, de elecciones ni de responsabilidad. En mis ojos brillaban mil sueños esbozados con trazos de niña.
Y hoy, al mirarme al espejo, me devuelve la imagen de una mujer de cuarenta años con la mirada perfilada de esperanza, y una sabiduría en la sonrisa que solo pudo darme vivir siendo fiel a aquellas trenzas.

P.D.Aun que suene tópico, no volvería a los veinte ni jartita de vino. No se cómo explicarlo, ahora me siento completa. No me angustia casi nada de lo que me quitaba el sueño hace veinte años, y disfruto de las cosas con igual intensidad pero sin ninguna premura. Ya me he demostrado todo lo que tenía que demostrarme, y me conozco en lo bueno y en lo malo.
Quizás os suene extraño, pero me siento como nunca

lunes, 6 de octubre de 2008

SOLO TÚ

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Puedes borrar la tormenta

Tal vez solo sea cuestión de un segundo. Una sola mirada al espejo que te devuelva mañanas con olor a pan tostado, el calor de unas manos, o la expectación de un despertar.
Quizás solo baste recordar quien eres, porqué y por quién, sin perderte en laberintos con minotauros de ausencia. No eres Ariadna, no inmoles tu sonrisa en pira de penas. No quemes ilusiones en falsos vacíos, porque nada llena más que un recuerdo.

A Ana

sábado, 4 de octubre de 2008

TIEMPO AL TIEMPO

El tiempo me lo dijo

A veces tengo el convencimiento de que soy Pandora. Un día abrí la caja de los vientos y desde entonces los elementos estallan en mi cara como un limón agrio en la boca.

Así que cogí mi mochila de la huída, y metí apenas dos recuerdos y un donut para el camino. Anduve sin meta, con rumbo fijo, sin mediar palabra con mi conciencia.
En la orilla del sendero, me encontré a una viejita, sentada en el suelo, cubierta de polvo, y con un cartel en su regazo que decía; Venta de Tiempo.
La miré perpleja, y ella me sonrió desdentada.
-Lo tengo barato, el mejor de la comarca, maduro y en su punto.-Me miró de arriba a bajo.-A ti te va haciendo falta por lo que veo.
-Disculpe pero ya tengo reloj,-le contesté alzando mi muñeca.- Pero la mujer se rió a carcajadas mientras se levantaba y me empujaba hacia el huerto.
-Estos de ciudad, tan listos y tan ciegos.
Me llevó hasta un árbol bien extraño. De sus ramas colgaban relojes de todo tipo; de pulsera, de pared, de arena, de agua, clepsidras, digitales, de cuco, carillones… Algunos eran apenas un esbozo de manecillas; otros sin embargo comenzaban a desdibujar sus formas hacia abajo, como si la gravedad tirara de ellos más de la cuenta. La mezcla de Tic-Tacs asemejaba el zumbido de cien abejas sincronizadas.
Supongo que mi expresión estúpida no era nueva para la anciana, porque esperó con paciencia a que yo reaccionara.
-¿De verdad funciona?, quiero decir, que si me llevo un poco de tiempo ¿podré emplearlo para lo que quiera?
La mujer puso los ojos en blanco en un gesto de desespero.
-No, no, no. Hay un tiempo para cada cosa, tienes que elegir,-me contestó.
Miré perpleja aquellas ramas cargadas. Tenía tantas cosas por hacer… Cuántas veces había retrasado un sueño porque las circunstancias del momento absorbían mi vida. Había perdido la cuenta.
-Me gustaría llevarme tiempo para tener un hijo-, no tuve que pensarlo demasiado.
La vieja se acercó a un reloj encogido y algo descolgado. Lo sostuvo con mimo sin arrancarlo de su rama.
-No pequeña, no está maduro, aun que no tardará en estropearse. Tendrás que estar atenta si quieres cosecharlo.
La tristeza de un segundo resbaló por mi cara péndula, como mi pobre reloj biológico.
-Entiendo, tengo un tiempo para todo, pero cada tiempo tiene su momento. Y yo he de saber cuándo.
La mujer me miró sonriente, como si de pronto se hubiera quitado las gafas de sol y descubriera que era de día.
Abandoné mi resignación bajo una raíz nervuda y saqué de mi mochila el recuerdo arrugado de una infancia. Con él, envolví con cuidado el pequeño reloj marchito. Quería estar segura de reconocerlo cuando fuera el momento.
-¿Me podría llevar esos cinco canijos?-Un ramillete de relojitos colgaban de una rama como un racimo de uvas.-No importa para lo que sean, solo quiero perderlos.
La mujer se rió a carcajadas y me sirvió un generoso ramillete de tiempo.
-Para eso están, sólo para eso,-me respondió con un guiño.
P.D.Bueno, después del desaloje forzoso de ya.com, y el intento frustrado en myspace-sin ánimo de ofender, no lo soporto-, aterrizo en blogger. Hoy vuelven a funcionar los blogs ya.com, pero...psss qué queréis que os diga, más de un mes sin una sola explicación es suficiente para hacer las maletas. Al menos yo.
No es que tenga mucho tiempo para escribir,-ni para nada-, pero al menos, quiero saber que puedo hacerlo.
En fin, bienvenidos a mi huerto

jueves, 11 de septiembre de 2008

UN DÍA CUALQUIERA


…Si fuera más guapa, y un poco más lista; si fuera especial, si fuera de revista…

Me pregunto si dejaría de ser quien soy, si mi vida sería otra. Pero miro hacia tras y veo mis errores y mis aciertos, mis renuncias y mis entregas. Y siento que en cada paso me arrastró lo que soy y no lo que ves.
A menudo conjugamos nuestros sueños en condicional, sin comprender que la vida no entiende de tiempos verbales. Simplemente pasa y no hay barniz que maquille los años perdidos.
Si fuera más guapa y un poco más lista hubiera hecho exactamente lo mismo, me escocerían idénticas cicatrices, me despertaría con el mismo brillo en los ojos, sabiendo quién soy y por qué.

Jueves-La Oreja de Van Gogh

Jueves...La escuché de viaje, sin saber muy bien lo que estaba oyendo. Sonreí pensando en cuánta ternura se puede transmitir en apenas unos minutos, los que dura la canción. Pero cuando llegué al final, lloré sin poder controlarme. Y he tardado mucho en poder escucharla sin que se me salten las lágrimas.Pronto es mi cumpleaños, ya caen cuarenta. Se supone que debería deprimirme, sentir más el peso de mis frustraciones, hundirme en la miseria haciendo balance vital o algo así…no sé, trascendental, negativo. Pero miro y remiro hacia atrás y solo consigo ver los pasos que me quedan por delante. Estoy en paz conmigo misma.

domingo, 15 de junio de 2008

EN CUERPO Y ALMA


Vivir es la mejor razón para estar vivo

Cuando la fe en uno mismo es la única posesión, enflaquecemos de promesas rotas, nuestros pies se aligeran de fracasos, y la espalda se yergue libre de pesos amargos.
Y si la vida-como dicen- es una batalla perdida, disfruta de la lucha sin pensar en el final. Porque no importa la meta, sino las huellas que dejamos en el camino.

À Corps Perdu de Grégory Lemarchal

Ya que las redes nos detienen,
y nuestras razones nos encadenan,
que nada brille bajo nuestras almenas.
Y ya que no se alcanza el cielo
a menos que hagamos arder nuestras alas
y seguimos caminos que nos extravían..
Como un estandarte

En cuerpo y alma
frenético y sin máscaras,
para no ser más la marioneta de una esperanza.
Y si la vida no es más que una causa perdida,
mi alma es libre de haber creído al fin,
en cuerpo y alma

Como el destino es el mismo,
que todos los caminos nos llevan
al alba de una partida,
no aprenderemos nada de nuestros errores
a menos que incendiemos el corazón.
Yo seguiré los caminos que me extravíen
Como se eleva un estandarte...

En cuerpo y alma
frenético y sin máscaras,
para no ser más la marioneta de una esperanza.
Y si la vida no es más que una causa perdida,
mi alma es libre de haber creído al fin,
en cuerpo y alma.

En cuerpo y alma escribiré mi historia,
no seré más la marioneta del azar.
Si todas las vidas son causas perdidas,
entonces los hombres mueren por no haber creído,
por no haber vivido fuera y sin máscaras.
Soldados vencidos por una guerra sin victoria.
Y si mi vida, no es sino una causa perdida,
partiré libre, por haber creído
en cuerpo y alma

P.D.Sólo era un chaval de 24 años, pero en ese corto espacio aprendió cuanto debía saber, que venimos a luchar cada día que pasa. Tenía poco tiempo y lo sabía, así que lo exprimió hasta el último segundo. Agarró su sueño con ambas manos, sin importarle cúanto duraría, y cuando la fribrosis quística quemó sus alas, nos dejó su voz como testigo de su valentía.



Hasta aquí ya.comEste es el último post que publiqué en ya.com.
Ni os imagináis el trabajo que supone haberlos traído aquí-¡Blogger, ya te lo podrías currar un poco y hacer compatibles los Atom, chato!- Pero bueno, ya está. Tengo los ojos pegados a la pantalla y forma de cuatro.

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jueves, 1 de mayo de 2008

MI PIJAMA A RAYAS


Sentada en la sala de tratamientos del hospital de día, intento aislarme de la dureza que me rodea. Mi padre comparte box con pacientes oncológicos, y por más que su salud sea delicada, no dejo de sentirnos como espectadores intrusos de una intimidad que no nos pertenece.
El gotero se desliza lentamente, y mi padre se duerme mientras el hierro fortalece su sangre.
Intento no mirar a mi alrededor por puro respeto. Me resulta muy difícil despegarme de mi bata blanca, y no repasar los protocolos quimioterápicos intentando deducir un diagnóstico. Y salvo que algún paciente quiera conversar conmigo, siempre llevo un libro en el que encerrar una curiosidad que podría ser hiriente.
A veces es imposible. La ves tan frágil que apenas tiene fuerzas para reclinar su sillón. Y en un acto reflejo te levantas y la ayudas. Su acompañante, un anciano con signos evidentes de insuficiencia cardiaca, me sonríe con agradecimiento mudo. Su agilidad está mermada no tanto por su edad, como por su disnea-dificultad respiratoria-. Entonces me cuentan su historia, esa tan dura que deja la hemorragia de mi padre en una simple anécdota. Desvisto la mirada de lástima, no la necesitan, en realidad es lo último que quisieran ver. Hablamos durante un rato de otros tiempo, dejo que recuerden esos días en los que la esperanza era una constante y no una urgencia.
Pero hoy no, hoy estamos solos en el box. Y mi libro no es un par de discretas gafas oscuras.
El Niño Del Pijama a Rayas de Johh Boyne.
La historia, su historia, se va metiendo en mi sangre como un gotero más. Y acabo mi tratamiento casi al mismo tiempo que mi padre.
Entré en aquella sala con mi uniforme blanco, y salí con mi pijama a rayas, sin importarme demasiado en qué lado de la valla caminaba.

PrescripciónDebería estar obligado por ley leer este libro. Es más, yo lo incluiría en el calendario vacunal pediátrico, con dosis de refuerzo en adultos.
No puedo contaros el argumento, simplemente leedlo.

FELICIDADES MAMÁ
De las cuarenta fotos-aproximadamente-, que le hice a tu ramo, esta en sepia es la más decente. Pero con todo, la mejor es esa en la que nos sonríes y sacas la lengua, a caballo entre la lagrimita y la protesta. No tiene precio.

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jueves, 27 de marzo de 2008

ESPANTAPÁJAROS


En la Soledad del destierro, confinada por voluntad propia en este silencio atronador. Nadie entiende mis gritos, ningún ser coherente se da por aludido en esta fuga sin tregua. Desviar la mirada, pensar que ese frío roto no es personal. Negar mi existencia, tildando de producto mi condición. Tachar de cobardía mi renuncia.
Fácil, sencillo ser sordo.
Y yo, que descosí mi boca solo para gritar mis silencios, quedo queda en mi rincón, riendo la risa sardónica de quien salta a la comba con la locura.
Pero ¿sabes?, al menos yo se quien soy y en lo que me he convertido. Se de mis miedos y mis carreras hacia donde no me lleguen. Se de espejos rotos, crueles ediles de una verdad vestida de dolor. Se de fracasos, de sueños quebrados barnizados de renuncia razonable. Se de vientres secos por metas negadas. Estéril campo de anhelos marchitos.
Pero ante todo, se de mi. Ese silencio escupido a gritos, que hoy se fragmenta en mil déjame en paz.
Estoy asustada, débil, enferma por dentro y por fuera. Y solo quiero el abrazo de ese mutismo que nunca me falla.
Déjame en paz. No es tan difícil, solo imagina que no existo.
Volad pajaritos, volad, que aun ni claudico ni muero.


P.D.Estoy vaga, sobre todo muy cansada y débil. Así que copio un post que colgué en el foro.

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lunes, 24 de marzo de 2008

COMO ELEFANTES EN UNA BURBUJA


Así vivimos

Tal vez, si pudiera volver a ese punto en el que todo era agua, y fuera capaz de borrar las palabras escritas dejando mis páginas en blanco.
Quizás si olvidara lo aprendido, refugiando en la ignorancia la inocencia perdida. Si consiguiera limpiar con mis manos, el vaho de los años vividos, como el cristal que la noche empaña de escarcha.
Puede que entonces caminara erguida, sin el lastre del paso arrastrado en mi sombra.
Perdería mi piel en ese desnudo de memoria, y con ella, el aliento para andar con la cabeza alta, la mirada tibia, y el corazón en calma.
A lo mejor, mereció la pena el camino.

P.D.Pero hoy, hoy déjame en paz. No llenes mi nevera con palabras precocinadas de digestión rápida. Nunca fueron fáciles de tragar.
Escuchando:Hit The Road Jack de Laverne Butler

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sábado, 15 de marzo de 2008

HABILIDADES


Se me rompen las lágrimas como el cristal de una copa que apurada se estrella en un llanto.
Quiebran las penas en humedad salada.
Y tiembla, tiembla la voz callada de una herida marchita.

Le miro a los ojos y me pierdo en su inocencia. Ese brillo tan especial que viste la mirada de quien ve algo por primera vez. Tiene ocho meses, dos dientes a medio salir, y toda las promesas de una vida por cumplir. Mi sobrino me cuenta en su lengua de trapo, la magia que encierra descubrir el mundo.
Y no puedo evitar hundirme en mis recuerdos, volver a mi consulta y enfrentarme con otra mirada, fría y muerta como un desierto glaciar.
Resume con palabras asépticas, el motivo de su pérdida de peso, como quien lee la lista de la compra, directa, estéril, en tercera persona. No puedo defenderme de la crudeza de su dolor. Entiendo su dureza, pero sé por amarga experiencia, que la fortaleza no te hace invulnerable, y que tarde o temprano, acabará sofocada por esa máscara de entereza. Carmen se ha convertido en el pilar de su hija, la viga maestra que mantiene en pie la esperanza de una vida normal. Duplica sus días entre su casa y la de su hija, al cargo de sus dos nietas, de dos y de cuatro años. Mientras, ambas esperan el día del juicio por abusos sexuales, contra el padre de las pequeñas. Anhelan una condena que les libere del miedo a que ese engendro pueda hacerles daño de nuevo.
Pero ninguna sentencia exonera el sentimiento de culpa. Y cargarán el resto de sus vidas con ese maldito Cómo no me di cuenta.
Los ojos de Andrés, mi sobrino, resbalan por mi cara, confiados y a salvo.
Y recuerdo a María. Firmeza fingida en la voz, agresividad defensiva en un chulesco y a mi qué. Treinta años encerrados en un cuerpo empeñado en borrar cualquier rasgo femenino. Vino a por una analítica rutinaria, pero desde la misma puerta pude leer en su mirada un grito callado. La provoqué deliberadamente, la reté con un nada es tan importante, sin saber muy bien con qué me iba a encontrar. Y recogió el guante como esperaba, por la propia inercia de luchar contra todo.
Ella, la fuerte, la indomable, la incomprensiblemente dura, se desarticuló como una muñeca de trapo en mis manos. Levanté sus máscaras, como escaras de herida vieja, hasta llegar a la víctima de boca cosida. Abusada desde los cuatro a los doce años. Alienada de una vida normal, incapacitada para ser y ejercer de mujer y persona.
Soy el segundo ser en este mundo que conoce su historia. Y no soltaré su mano hasta que sea capaz de mirar a la vida de frente, sin reto en la mirada y sin vergüenza en el pecho.
Andrés me sonríe provocador. Sabe que no puedo resistirme a sus hoyuelos, ni a ese tata, que es más interpretación mía que otra cosa. Yo me dejo camelar sin condiciones, su voluntad de ocho meses puede más que mi experiencia de treinta y nueve años.
Y me levanta la piel la sola idea de que alguien le pueda hacer daño.
No tengo hijos, no he conseguido ser madre, y me temo que nunca lo seré. Pero este instinto protector hacia los más pequeños, transciende al sentimiento maternal. Es algo que va más allá de una ley o de un código moral. Sigo sin poder entender cómo nadie puede hacer algo así. Y continúo sorprendiéndome de la frecuencia con la que me tengo que enfrentar a esos monstruos enmascados por la memoria de sus víctimas.
No podéis imaginar cuantísimo dolor siembran.
La vida nos da habilidades que no buscamos. La mía es ver el sufrimiento oculto. Y no puedo desviar la mirada hacia otro lado menos oscuro, como sino pasara nada. Simplemente, no puedo.

P.D.Post duro, pero infinitamente menos que esas consultas.

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sábado, 8 de marzo de 2008

MIL PÁGINAS EN BLANCO


Heme aquí, al final de mis días, enfrentando mis manos descarnadas al juicio de un papel en blanco. Y no temo el castigo, a estas alturas de mis años respirar es un exceso, morir un descanso; y el sufrimiento, nada nuevo. Es lo que tiene ser vieja; excepto la muerte, el resto ya lo he probado todo.
Pero antes de marchar, debo confesar-más bien compartir-, algo que durante años he guardado celosamente en mi memoria; mi más preciada pertenencia.
Yo era joven y desgraciada. La vida había cargado a mis espaldas un marido alcohólico que desapareció en cuanto hubo otra que le aguantó con más paciencia. Me dejó con tres hijos que alimentar, muchas deudas que pagar y varias señales en el cuerpo.
Sin preparación ninguna, tiré de mis dos manos para echar adelante. Trabajaba día a día limpiando allí donde me llamaban, sin preocuparme por las horas, ni amedrentarme por el cansancio. Mi único objetivo era llegar a mañana con la nevera llena y sin recibos devueltos.
Entonces, una de las señoras para la que limpiaba, sufrió un derrame cerebral y sus hijos la ingresaron en una residencia.
Yo tenía afecto por aquella anciana dama venida a menos, y al margen del trastorno económico que para mi suponía esas horas de menos, sentí mucha lástima por ella.
Solía hacerme parar el trabajo a media mañana para que preparara dos tazas de chocolate con bollos. Nos sentábamos en su inmenso salón lleno de fotos antiguas, y mientras almorzábamos, ella me hablaba de tiempos pasados, cuando aun era dueña de sus fuerzas y de su memoria. A menudo me tenía preparada una bolsa con comida y algunas golosinas para mis hijos.
Esa misma semana, me quedé sin mi otra fuente de ingresos y el mundo se me vino encima.
Recuerdo la mañana en que me levanté sin trabajo al que acudir. Sola en casa, con los niños en el colegio, y sin nadie a quien pedir ayuda. Por alguna extraña razón me acordé de mi vieja dama, la única persona que me había tratado con respeto y afecto, y decidí ir a visitarla.
La residencia era una mansión. O al menos, eso me pareció a mi comparada con el bloque de hormigón en el que mis niños y yo sobrevivíamos. Rodeada de jardines soleados, los vejetes paseaban de la mano de enfermeras, o en pequeños grupos entre animadas conversaciones. Algunos jugaban a la petanca, otros, en silla de ruedas, dejaban su mirada perdida en cualquier rincón de ese hermoso lugar.
Entré en la amplia recepción sintiéndome pequeña y fuera de lugar.
Una administrativa de sonrisa tan blanca como su uniforme me preguntó que qué deseaba. Le contesté que buscaba a mi señora, para hacerle una visita.
Ella tecleó un par de segundos en su ordenador y cambió su semblante. Me informó de que la anciana había fallecido hacía apenas dos días. No lloré, no me quedaban lágrimas, pero sentí el vacío de la madre que no tuve.
Entonces reparé en el letrero del tablón. Se necesita señora de compañía para cuidar a anciano. No entendí muy bien esa necesidad justamente en aquel lugar.
-Disculpe,-pregunté de nuevo- Ese anuncio…
Y así fue como le conocí.
Ernesto era un anciano millonario que por voluntad propia, había decidido donar sus bienes en vida a sus herederos, y olvidarse del mundo. Conservaba, eso si, una considerable renta que le permitía excentricidades como la de tener una cuidadora en exclusiva. Y esa iba a ser yo.
Esperaba a un ser con limitaciones, débil y enfermo. Pero para mi sorpresa, Ernesto tenía mejor forma física que yo y un humor envidiable.
Me miró a los ojos y me preguntó-¿te gusta leer a las personas?
Y aun que no entendí muy bien a qué se refería contesté,-Me gusta leer y me gustan las buenas personas, señor.-
-Entonces háblame de tú, y de ti.- respondió.
Esa fue toda mi entrevista de trabajo. Acordamos un horario flexible, que me permitía atender a mis hijos y tener mi propia vida, y un salario con seguridad social incluida que sobrepasaba con mucho mis expectativas y necesidades.
Ernesto era peculiar en todo. Vestía ropa cara pero cómoda, que le daba cierto aspecto bohemio pero cuidado. Desde el mismo día que le conocí, cargaba siempre con un libro de tapas duras y desgastadas.
Con frecuencia, se sentaba en el jardín junto a uno de esos enfermos de mirada extraviada, y les leía largo rato de ese libro.
Un día, lo dejó abierto sobre el banco de madera mientras se acercaba a saludar a una ancianita que paseaba con andador.
Entonces fue cuando vi que todas las páginas del libro estaban en blanco. Levanté la mirada sorprendida, y la enfermera que acompañaba a Doña Adela- así se llamaba la pequeña dama-, me sonrió llevándose un dedo a la boca en señal de silencio.
Más tarde estuve hablando con ella. Me contó que Ernesto sufría una demenciación leve muy peculiar. Todo el trastorno consistía en que leía un libro de páginas en blanco. Y realmente creía estar leyendo. Yo misma le había escuchado recitar un pasaje entero de El Quijote a Julián,-un bombero de unos sesenta años que se había quedado tetrapléjico al salvar a un niño en un derrumbe. Tuvo el tiempo justo de sacar al pequeño, pero el techado cedió, rompiéndole la espalda-.
A Margarita,- una viejecita que se creía adolescente, y esperaba día a día una carta de su amor-, le leía Como agua para el chocolate.
A mi misma, cierta tarde lluviosa en la que no pudimos pasear, me preguntó si deseaba que me leyera un rato. Habíamos estado hablando de mis hijos, del cambio de casa. Ahora vivíamos en un barrio obrero, con jardín y la escuela a dos pasos. Teníamos calefacción, lavadora y hasta una tele con video. La seguridad era una sensación nueva para mí, y yo era feliz.
Ernesto sonreía con estas cosas. Para cualquier persona que hubiera vivido toda su vida rodeado de lujo, mis pequeños logros serían minucias. Pero no para mi caballero. Se le iluminaba la mirada cuando le contaba mis historias domésticas, cómo poco a poco, había conseguido llevar nuestras vidas a una normalidad.
Era mucho lo que yo tenía que agradecerle. En realidad, era todo.
Esa tarde abrió el libro y leyó para mí. Yo aun no sabía que las palabras procedían de su mente extraviada, y que no estaban impresas en el papel.
… La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar…

Me leyó Juan Salvador Gaviota.Y me reconocí palabra por palabra en aquella gaviota que luchaba contra la imposición de circunstancias, incluida su propia condición. Yo también había volado en picado, pese y contra el mundo entero.
Me di cuenta de que mi querido Ernesto le leía a cada persona el libro que mejor le definía. Aquel que recogía su esencia.
Nada cambió para mí el saber de su locura. Muy al contrario, me fascinaba cómo utilizaba hasta su demencia para ayudar a las personas. Y le quise más por ello, era mi referente paterno, mi mentor y mi amigo. Poco me importaba si estaba cuerdo o no.
Pasaron años, los más felices de mi vida. Y a lo largo de ese tiempo, fueron muchas las veces en las que leyó para mí. Siempre el mismo libro imaginado en aquellas páginas en blanco.
Un día, como cada mañana, acudí a su habitación. Y le encontré acostado, con las gafas de oxígeno puestas, y mil cables saliendo de su cuerpo, conectados a máquinas extrañas.
Mi viejito agonizaba.
El médico habló conmigo, como lo hubiera hecho con el familiar más cercano.
-Ernesto se nos va,-me dijo cogiéndome las manos.- Su corazón ha dicho basta, y nada puedo hacer por evitarlo. Pero te prometo que no sufrirá.
Luego, Miguel-que así se llamaba el médico-, me abrazó permitiendo que llorara como hacía mil años que no lo había hecho.
-Venga, límpiate esa cara, que él te espera. Sabe que se muere y no deja de preguntar por ti.
Entré en la habitación. Estaba tan pálido y se le veía tan frágil…
-Ernesto- le llamé con un hilo de voz.-
-Vaya,-sonrió- tengo que estar muriéndome para que por fin me llames por mi nombre.
No pude evitar que las lágrimas resbalaran por mi cara.
-Quita, quita,- me dijo levantando las manos- ven aquí, mi niña.
Me acerqué a la cama y cogí sus manos sin poder responder.
-No debes llorar, pequeña- como siempre, su voz era paz pura.- Yo ya he aprendido cuanto debía, y justo es que descanse.
Respiraba con dificultad, y sus labios amoratados, temblaban entre palabra y palabra.
-Tú has sido una bendición durante todo este tiempo, y quisiera de alguna manera expresarte todo el agradecimiento y afecto que siento por ti.-
No me permitió protestar.
-Os he legado una renta a ti y a tus hijos para que no tengáis que volver a preocuparos por el mañana. Pero a ti, mi Juan Salvador Gaviota, te dejo mi libro.-Me señaló el escritorio donde estaba.- ¿Te importaría leer para mi?
Cogí el libro, consciente de que no había nada escrito que leer. Lo abrí por su primera página, y simplemente leí.
… Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo, si viajan algún día por el desierto de África. Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella. Si entonces se les aproxima un niño, si ríe, si tiene cabellos dorados, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces, sean amables. No me dejen tan triste, escríbanme pronto que ha regresado...

No me preguntes cómo, pero hoja a hoja, le fui leyendo El principito a mi viejo y noble soñador. Con la última palabra, él se marchó a su estrella particular.
Cerré el libro y lo abracé contra mi pecho. Las máquinas estallaban en pitidos paroxísticos, y el personal sanitario rodeaba su cama intentando reanimarle. Pero yo sabía que mi príncipe no iba a regresar.
-Pobre anciano-comentó una enfermera-, era encantador pese a su locura.
-¿Loco?-le contesté- Jamás conoceré a nadie más cuerdo que él.

Y a ti, lector de este libro de páginas en blanco, gracias por saber ver sin necesidad de mirar, la historia de esta anciana que sufre tu misma locura.
Tuyo es el libro.

P.D.Post extra largo. Mil perdones.
Vivimos tiempos difíciles, ayer fue un día especialmente duro. Pero quiero pensar que por cada desalmado, por cada perverso indeseable , existen cientos de Ernestos por los que merece la pena levantarse y seguir caminando.
Mi más sentido pésame a las familias de Mari Luz e Isaías.
Y a los hijos de puta que nos privaron de su existencia, recordarles que mi voluntad y la de resto de personas humanas, pesa más que sus armas y su depravación.
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jueves, 6 de marzo de 2008

SIMPLEMENTE NO


Ya no
Decir NO puede costar un mundo. Esa palabra escueta, que apenas representa un segundo de sonido, intimida hasta el extremo de demorar eternamente una decisión.
No a algo, No a alguien, No a una situación gravosa.
Una sílaba, dos letras que se atrancan en la garganta hasta un punto cercano a la asfixia. Piensas mil veces en esa barrera infranqueable de dos fonemas, y te duele cada palmo de ese muro.
Pero al final, cuando inevitablemente y por mera supervivencia logras pronunciarla, te tropiezas a pecho descubierto con la indolencia y aceptación. Sin la menor lucha, sin atisbo de que a alguien le importe nada todo ese sufrimiento hasta llegar al no puedo más.
Qué difícil es para mí decir No.
Qué sencilla es la aceptación que no implica renuncias.
Y no se de qué me sorprendo. Recibir siempre es fácil, llorar lo es más, pero vivir solo lo logran los luchadores.

P.D.Pues ya hemos abierto el centro nuevo. No se si lo comenté, ahora soy copropietaria, en sociedad con el pediatra. Vamos, que ahora tengo mi propio centro médico. Quién me lo iba a decir.
Estoy agotada. Han sido dos meses tremendos. Localizar local, todo el papeleo de la sociedad y de los bancos, las obras, la mudanza, la croqueta-esta requiere capítulo a parte-, la hemorragia de mi padre, el hospital, la auditoria en la inspección, la caída de mi madre, mis tres trabajos…
Y un NO. Merecido, demorado e irreversible.
Tú mismo.

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domingo, 17 de febrero de 2008

EL AYER DE MAÑANA


Me hago vieja, si. Y este es un hecho incuestionable que mi cuerpo se empeña en confirma día a día, con señales cada vez más evidentes.
Pero mi espíritu no se da por aludido, y sigue campando ligero de años a su libre albedrío.

No es que me sepa mal, ni lo uno ni lo otro. Simplemente me hace sentir anacrónica, por exceso o por defecto. Así que creí conveniente llegar a un consenso y determinar de una vez mi tiempo. Nos sentamos las tres en la misma mesa y comenzamos a hablar.
-Podíamos haber quedado un poco antes ¿no?- mi cuerpo comenzó quejándose, para variar.- Llevo doce horas trabajando y necesito descansar un poco.
-Una caña, y ya que estamos, algo de picar.-Mi espíritu, a lo suyo como siempre, miraba el local con aprobación- No está mal este sitio, aun que luego podíamos ir a…
-Si claro- le interrumpió Cuerpo- y mañana ¿quién se levanta a trabajar?
-Yo mismamente, reina- empezaban los problemas,- ¿quién crees que te despierta todos los días? Si por ti fuera, las sábanas serían tu segunda piel.
-Haya paz-medié antes de la réplica-. No se trata de despellejarnos, sino de llegar a un acuerdo, o acabaré mandandos a hacer puñetas a las dos.
Ambas me miraron con cierto desdén, pero permanecieron en silencio. Supongo que les cogió por sorpresa el que por primera vez en nuestras vidas nos tuviéramos cara a cara.
-Decidme qué esperáis de mí, hasta dónde debo llegar, y qué estáis dispuestas a dar.- Esperaba respuestas claras, así que formulé preguntas directas.
Espíritu fue la primera en hablar.
-Espero que no olvides las ilusiones, que no pliegues los sueños almidonados para guardarlos en un viejo arcón con olor a naftalina. Quiero que avances, siempre hacia delante, sin pararte a mirar la pendiente, sin asustarte de las piedras del camino. Qué desates la mochila de los malos recuerdos y la abandones en cualquier marjal sin remordimientos. Yo te daré el empuje, la fuerza. Nos queda tanto por hacer…
Cuerpo se contenía a duras penas, pero una discreta patada en la espinilla por debajo de la mesa, la disuadió de interrumpir. Eso sí, en cuanto pudo, metió baza.
-Pues yo espero la paz que te mereces, el sosiego que has sembrado, la calma por la que tanto has luchado. Quiero que disfrutes de lo logrado, que seas de una vez por todas tu prioridad sin anteponer siempre la próxima lucha, sin arriesgar en quiméricas batallas la estabilidad que tanto te costó conseguir. Yo te daré la sensatez y la experiencia. Cuánto hemos tardado en llegar a un equilibrio seguro. Estoy tan cansada…
A Espíritu le dieron igual las patadas, los pellizcos y los pisotones, y en acabar Cuerpo, ambas se enzarzaron en una agria discusión, plagada de reproches y acusaciones.
Y el caso es que ambas tenían razón. Yo no podía seguir enfrentando la vida como si cada día fuera el primero, con todo por hacer, todo por demostrar. Pero tampoco podía plastificarme en mis logros, a salvo de cualquier fracaso, sin arriesgar, sin derecho a ganar. Al fin y al cabo, para bien o para mal, hoy es el ayer de mañana.
Me levanté en silencio. Solo entonces reaccionaron mis acompañantes.
-Y bien- me preguntó Cuerpo- ¿Y tú no tienes nada que decir?
-Eso- apostilló Espíritu-, a ver si le cierras la boca de una vez a la momia esta.
-Pues si- contesté-, si tengo que decir algo. Idos las dos a hacer puñetas. Camarera, la cuenta por favor.

Feliz San Valentín, Corazones Rotos

Al fin y al cabo, vosotros seguro que habéis amado.

P.D.Después de esto, no se si hacérmelo mirar. De aquí a la personalidad múltiple...un paso.
El minipost de San Valentín va con retraso. No pude cogarlo el día en cuestión porque tengo a mi padre en el hospital. Pero no me resistía a felicitar a esos corazoncitos. A los otros también, pero doy por supuesto que ya habrán recibido sus regalos.

sábado, 9 de febrero de 2008

EL ESTILISMO DE DIOS


Me vistió el alma con transparencias y alguna que otra lentejuela fuera de lugar.
Pero luego me calzó unas botas de militar, de esas para la supervivencia extrema, mandando a hacer puñetas todo el glamour.
De lo que deduzco que, o bien Él necesita un curso intensivo de estilismo, o yo un buen traje de campaña.
¿Harán rebajas en la sección de Máscaras y Disfraces?

P.D.Y viene Uno, me descose la hache del nombre, y me planta una cofia de priora.
Para que luego digan que no tengo paciencia.
En todo caso soy como soy, y soy lo que parezco.

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domingo, 20 de enero de 2008

JAQUE A LA REINA


Hoy estoy triste. Calzo ese tipo de pena que ahoga los pasos y sofoca un camino.
Hoy no hay razones simples, sino vacíos complejos. Laberintos de ‘porqués’ en impasse de espera; jugando con mi vida una partida de ajedrez en la que soy mi adversario.
Se enroca la pena y da jaque a la dama. Una dama de cristal que se quiebra por dentro.


Spirit in The Dark de Aretha Franklin

Mi Destino-si, ese tuerto mala leche-, tiene el humor más negro que nunca, y en estos dos últimos meses tengo la sensación de que me ha lanzado con un tirachinas. Así que voy disparada hacia arriba, con el estómago pegado en la chepa, y un vértigo que me cierra los ojos.
Puede que alguien piense que no tengo razones para quejarme. Al fin y al cabo, asciendo, no me hundo. Pero yo veo dos problemas; primero, que voy en una dirección que no he escogido, y que es totalmente distinta a la que realmente deseo. Y segundo, que cuanto más alto suba, más duro puede ser el despeño- vamos, que si me fostio no lo cuento-.



Post DestroyerUna salida y entrada de año apoteósica, creedme. En unas semanas os cuento, porque yo aun estoy que no estoy.
Y cambiando de tema, tengo en el baúl dos historias a medio cocer. Me temo que serán de las largas, por lo que me va a costar acabarlas.
P.D.
A Claudio M.R.
Espero que este año tenga muchos momentos tirachinas para ti. Que sientas ese vértigo en el estómago cuando despegas del fondo y te ciega la luz. Ya sabes, todos los días amanece, también para ti.
Gracias por tu mail-Ah, y no me trates de Usted-.


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