lunes, 28 de mayo de 2007

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES


El tiempo pasa sin apremios pero sin pausa. No hay tregua en su marcha y para cuando te quieres dar cuenta, hablas en pasado de aquello que aun sientes presente.

Hoy me miraba en el espejo intentando descubrir los cambios que los años causaron. Y me ha sido difícil, créeme. No porque no los haya-que los hay, evidentemente- sino porque los he ido asumiendo de tal modo, que no me resultan ajenos.
Soy otra, y sin embargo no me siento distinta.
Se acerca el verano y una especie de locura nos asalta. Como si el resto del año no hubieran espejos, de pronto parecemos descubrir todas las imperfecciones de golpe.
-Ponme a dieta ya, prohíbemelo todo.-Es la consulta más frecuente en estas últimas semanas. Tanto hombres como mujeres, no creas que la vanidad es territorio femenino.
Debe de ser que las arrugas, la flaccidez, la celulitis, los kilos de más florecen en primavera. Y me pregunto si esa floración nos convierte en capullos hibernados durante el resto del año. Porque, vamos a ver, no estamos más viejos ni más gordos en bikini o bañador que en traje chaqueta.
Y esa necesidad de juventud eternamente perfecta llega a esclavizar nuestras costumbres e incluso nuestra propia estima de tal forma, que distorsionamos nuestra imagen al tomar como referente modelos físicos fuera de nuestro alcance y rango de edad.
No seré yo quien lance la primera piedra contra este escaparate- Dios libre a esta pecadora tan culpable como cualquiera.- Pero sí me pregunto de dónde viene esta necesidad de perfección.
A veces veo a mujeres y hombres maduros que llevan con muchísima dignidad su edad. Aspecto juvenil y cuidado que despierta mi admiración- e incluso atracción por algún madurito. Me hacen pensar que son personas que disfrutan de su tiempo, de su edad.
Luego me tropiezo con otras que se aferran a un estilismo joven, intentando aparentar lo que ya no son. Y no me refiero solo a un aspecto físico, sino a un conjunto, a una actitud. Entonces siento lástima, porque son viejos disfrazados de jóvenes.
Yo, que soy vanidosa por naturaleza, y mucho, -mea culpa- reconozco mis treinta y ocho años. Y prefiero tener mi edad bien llevada a intentar aparentar unos veinte ridículos cayendo en el absurdo.
Me pondré mi bikini con mi cuerpo casi cuarentón. Y partiendo de esa base, solo puedo pensar que para mi edad estoy de P.M. Con mi celulitis incluida, las estrías, la flaccidez y lo que me pongan por delante.
Quizás por eso, cuando me miro al espejo, sigo viendo a la misma persona que hace veinte años sin necesidad de aparentarlos.


We Are Family de Sister Sledge, B.S.O La Jaula De Las Locas

La Jaula De La Loc@sEso es precisamente mi casa. Nos da el punto en una noche de chupitos, y decidimos que nos vamos a México. Ale, como quien se acerca al bar de la esquina a tomarse un café. Y aquí estamos, eligiendo hotel. JJ ya se va ambientando con su charro, dando la murga con sus Mañanitas. N, haciendo números como una posesa. Y yo, pensando en los bikinis que me tengo que comprar. Ya me veo, caipiriña en mano, intentando superar el Jet lag a golpe de playa paradisíaca -pobrecita de mí.
Todo empezó como una broma. Que si yo quería irme a Egipto, que si en Egipto hace un calor que te mueres, que para morirse-de gusto- mejor el Caribe, que ya que estamos podíamos irnos a México… Y para allá que nos vamos.
En fin, ahora solo queda escoger la agencia. Ya os contaré

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sábado, 19 de mayo de 2007

COSAS DEL RANKING


Mire usted, que yo estaba aquí tan tranquilamente, perdiendo el tiempo sin necesidad de mucho más. Posteando cuando me daba la gana- esto es de uvas a brevas- y contando lo que me parecía sin preocuparme por las visitas.
Y no es que me moleste tener buen café preparado con un platito de pastas-me gusta su olor, me recuerda a mañanas dormidas y noches sin bostezos. Es más bien que ando vaga y quizás, los años me están convirtiendo en una comodona ermitaña.
Verá, es que yo no entiendo de listas y aun no se como llegó mi dirección a los Más Leídos. Y me pregunto qué interés pueda tener esta jaula de loc@s, sin rigor temático, ni periodicidad, ni cierto, concierto o desconcierto.
En todo caso, no pienso limpiar a fondo ni colgar cortinas nuevas-que lo sepa. El café siempre estará a punto, eso si. Así que si decide entrar, siéntese donde pueda y disfrute si le apetece.
Y sino, tanto gusto y hasta la vista.

Hoy me levanté con el ánimo pelín canalla. Y esto, si voy al volante es más bien peligroso. El camino a mi consulta se transforma en una larga carretera solitaria castigada por el sol. Los postes de la luz me acompañan en su andar gregario, tan estirados ellos, y yo los veo pasar zumbando. Imagino su cara de amargados mientras mi descapotable rojo les adelanta de dos en dos.
Apenas siento el viento seco envuelto por la música de mi radio.
Miro mis gafas oscuras desde el retrovisor, mientras me ajusto el pañuelo que llevo en el cuello. Mi pelo estira sus manos, libre de gravedad y ataduras. Piso a fondo el acelerador, calzando hasta el fondo el tacón de aguja.
Me enciendo un cigarro y sonrío. El día comienza y el mundo es mío.
Claro, que luego llego al ceda el paso, y un bocinazo me saca de mi descapotable rojo para meterme en mi Huevito-comúnmente llamado C3. Los postes se convierten en señores mala leche que aún no desatascaron sus legañas y que me gritan no se qué de fregar-¿se estarán ofreciendo como asistentas?. Oye, que malita está la cosa del curro.
Eso si, conservo mis gafas de sol y esa sonrisa de triunfo antes del combate.


Hit the road Jack de Laverne Butler



P.D. El otro día me pasó algo curioso. Me tropecé con un blog clon del mío. Alguien llevaba casi un año copiando post míos y posteándolos en su blog, atribuyendose su propiedad. Cambiaba el título y un par de palabras. Reconozco que me cabreó. Más que nada porque hasta su presentación era un resumen de la mía, lo que implica que ya se abrió con esa intención.
Imaginad, meses asumiendo una identidad que no es tuya. La gente le leía pensando que estaban conociendo a una persona, que en realidad es otra.
Más de una vez he encontrado algún post mío en otros blogs, y si he de ser sincera, esto no hacía más que inflar mi vanidad, se me nombrara o no. A alguien le gustaba lo que leía lo suficiente como para publicarlo en su espacio. Pero esto era diferente.
Me sentí invadida.
El blog en cuestión ha sido cerrado- o me ha restringido la entrada. Yo no pensaba desenmascarar a nadie, pero en privado exigí que se me dejara de copiar. Simplemente eso. Creo que no es mucho pedir.
Yo no enjuicio a nadie. No se qué razones tuvo es@ blogger para hacer lo que hizo, pero creo que estoy en mi derecho a pedir un poco de respeto.
Al fin y al cabo, yo no suplanto a nadie, lo que aquí escribo es parte de mi vida y lo hago desde bien adentro. A veces demasiado.



Me equivoqué en la canción. Puse una versión de Ray Charles. Os la dejo de todos modos:

25 de Mayo
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jueves, 10 de mayo de 2007

QUÉ FÁCIL ES


Romper una infancia

El día que le vi por primera vez, debía tener unos nueve años. Venía con su hermano mayor, un adolescente autista de mirada huidiza, y su madre. Una mujer peculiar, vestida con muchos colores y un pelo muy sucio recogido en dos trenzas. Sobrepasaba los cuarenta.
Él no paraba en la consulta, interrumpía continuamente mientras toqueteaba todo cuanto tenía a mano. Me preguntaba sobre todo a pesar de los ”cállate ya imbécil” que su madre le escupía a grito pelado. Cuando marchaban, aquella mujer dejaba un fuerte olor a sudor en mi consulta y un amargo sabor en mi boca.
A punto estuve en una ocasión de avisar a servicios sociales, pues sospechaba que ambos críos sufrían mal trato y abandono. Pero sus padres se separaron y pensé que tal vez yo estaba viendo fantasmas, que toda aquella crispación se debía a los problemas de pareja. Confiaba en que poco a poco las cosas se normalizarían y esos niños podrían llevar una vida con algo de sentido común.
Me equivoqué.
Un día le trajo su madre, a empujones como siempre, con malas palabras para variar.
-No me come nada,- recuerdo su mirada extraña. Siempre alerta, ansiosa, agresiva.- este imbécil dice que está gordo y no quiere comer.
Antes de que pudiera protestar por el insulto el crío ya le estaba contestando.
-Porque cocinas fatal y me da asco lo sucio que está todo- Estoy convencida de que de no haber estado yo allí, el bofetón era seguro. Interrumpí la discusión.
-Vamos a ver, tú no estás gordo… Hubiera dado lo que fuera por poder hablar a solas con él. Le solicité una analítica e indiqué a su madre que sino podía acompañarle, entonces ya trabajaba, el niño podía venir solo. Me comprometí a llamarla después y explicarle la situación.
Pero los meses pasaron y él no vino. Su madre apareció un día con su otro hermano y me contó que el pequeño se había ido con su padre. En parte sentí alivio.
Hace dos semanas le vi en la sala de espera. De aquel niño inquieto y respondón no quedaba nada. Un joven extremadamente delgado me miraba tímidamente detrás de sus gafas sin apenas levantar la cabeza. Le llamé por su nombre.
-¡¿Te acuerdas de mi?!- me preguntó sorprendido.
-Pues claro, llevo años esperándote. Cuéntame.
Fue una consulta dura, como la de hoy. Me habló de su problema evitando llamarlo por su nombre. Me contó su relación con la comida- más bien su no relación-, me habló de sus carencias, del porqué no comía, ni siquiera cuando tenía hambre. Tuve que mirar en el vademécum para recetarle un estimulante del apetito, mirar precios, pues no quería que nadie de su entorno supiera lo que estaba pasando y solo tenía cinco euros. Y yo pensé que si ese niño le importara realmente a alguien, no hubiera hecho falta que él dijera nada porque haría mucho tiempo que lo habrían notado. Sentí pena y rabia.
Finalmente le di yo el dinero para las ampollas que quería que tomara. Y pactamos.
Yo me comprometí a no mover ficha de momento, hasta no tener bien claro qué tipo de ayuda podía conseguir de servicios sociales sin empeorar las cosas.
Él prometió acudir regularmente a consulta y ser sincero consigo mismo respecto a la comida.
Cuando se fue volví a pensar lo de siempre, que me falta el recetario de “sírvanse dos hostias al portador cada ocho horas”. La mayoría de las veces no las prescribiría al paciente, sino a alguien de su entorno. Estoy convencida de que con esto curaba más de una vida.

I Will Survive de Gloria Gaynor

Sigue las instruccionesCuando el chico se fue me quedé a solas con mi Ojo de la ciencia. Durante la consulta, me había hecho mil guiños intentando llamar mi atención, hasta le dio un siroco a lo Marujita Diaz. Pero yo estaba ofuscada intentando encontrar la forma de ayudar a mi paciente y le metí el dedo un par de veces en plena pupila para que me dejara en paz. Ahora no había razón para hacerle callar, así que aprovechando la coyuntura, el jodío rebobinó un cuarto de hora y el joven volvió a entrar por la puerta, un poco sorprendido de verse abducido sin previo aviso.
De pronto, la sala quedó a oscuras y un cañón de luz me iluminó a mí y a mi ojo mientras una bola de espejos bajaba del techo reflejando cientos de puntitos de luz que giraban en las paredes.

ºººAhora, dale al play y escucha la canción de Gloria mientras leesººº

Me vi cantando a pleno pulmón, subida en unos zapatos con unas plataformas tremendas. Mi vestido, de un azul brillante, se ceñía al cuerpo como una segunda piel excepto en el muslo derecho al que dejaba descubierto por un abierto de vértigo. Al cuello, una boa de plumas interminablemente larga, tanto como mis pestañas postizas cargadas de purpurina plateada.
El pobre niño se hundía en su silla mientras en su cara se leía un inconfundible ”se ha vuelto loca”.
Me costó dos segundos ponerme en mi papel de reinona drag. Me sentía Priscilla y era la reina del desierto. Así que le cogí por la mano arrastrándolo literalmente fuera de la consulta. Salimos directamente a un cuadro de Dalí lleno de relojes torcidos, elefantes de patas finísimas y Ojos que miraban de reojo a mi pobre Ojo.
Yo ya no cantaba, pero seguía escuchando la música.
-Mira chaval- puse cara de mujer que está a la vuelta de calle de todo- la vida es suficientemente perra como para que tú te ladres también. Aprende que solo cuentas contigo. Eres fuerte, ¡Oh si! Si que lo eres.- Ahora parecía más una diva del gospel, solo me faltaba palmear gritando ¡Amén!.
Caminaba a grandes zancadas, marcando el paso al ritmo de la música. El chico me seguía a duras penas. Me senté en el borde de un enorme reloj doblado, recostándome sobre el codo.
-Eres el dueño de tu propia vida. Muchos vendrán solo para ensuciártela pero tú tendrás que Sobrevivir.-Esta vez si se escucharon unas voces coreando un you must survive. Yo le apuntaba con mi dedo mientras le hablaba, pero mi paciente había dejado de tener miedo y empezaba a sonreir, sobre todo a una Gala que le hacía guiños a pecho descubierto, subida en unos libros.
-Eres dueño de tu tiempo y eso es algo que nadie te podrá robar. Equivócate, tropieza, cae, llora, húndete, maldice, lucha, pierde, gana, recuerda, olvida, grita, GRITA. Pero sobrevive porque el mundo es tuyo y eso es algo que nadie podrá cambiar si tú no quieres. Solo debes respetarte. Recordar que vales tanto como cualquier persona, que no eres menos que nadie y reclamar lo que es tuyo. El derecho a ser feliz.
El joven bailaba con una jirafa de cuello torcido. Se divertía como nunca sabiéndose, por primera vez en su vida, el centro de algo.
- A mi me importas- le dije desde mis plataformas, desde detrás de mis pestañas purpurina, desde mi corazón averiado por la impotencia.



Ojalá pudiera hacer algo así. Ojalá.

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