O carne o pescado. No, este no es un post sobre mi condición sexual, la cual tengo bastante clara. Soy una ameba asexual por convicción y heterosexual de nacimiento aun que esto último sea perjudicial para mi salud mental ya que mis relaciones con los hombres oscilan entre lo catastrófico y lo devastador. Yo me refiero a lo radicales que solemos ser a la hora de definirnos, de formarnos una opinión o posicionarnos frente a algo. Es como si para afirmar nuestra postura necesitáramos tomar siempre valores absolutos. Si te gustan las hamburguesas de McDonals, entonces odias las de BurguerKing; o eres rojo o eres facha; metrosexual o grunch, creyente o ateo. No se si me entendéis. Y se me ocurre pensar, que tal vez todo esto solo expresa el miedo a la soledad que tenemos las personas. Nos pasamos la vida identificándonos con “otros como nosotros”, colgándonos etiquetas a las que llamamos afinidades y que en conjunto, forman una especie de código de barras que nos incluye o excluye de los diversos registros sociales. Parece que en esencia, sólo buscamos formar parte de algo, sentir que pertenecemos a un grupo. Y no es que me parezca mal pero la naturaleza tiende a un punto medio, a esa gama de colores indefinidos con algún tono extremo como excepción.
Pinto mis hojas de color naranja. La vida me las trajo grises. Si te presto mis lápices entonces mi bosque vestirá en blanco y negro.
Han sido meses duros. La salud de mi padre se fue deteriorando y podía ver cada día como su corazón perdía fuerza y ganas. Antes de Navidades tuvimos malas noticias y las fiestas se convirtieron en una especie de despedida muda. No se si lo sabéis, pero la familia de un médico no le hace ni puñetero caso a sus diagnósticos. La mía no es una excepción. Mi padre no atendió a mi criterio y hace un par de semanas hizo una hemorragia digestiva debido a un fármaco que tomaba para su cardiopatía. Ahí me tenéis, a las siete de la mañana de un Jueves, intentando remontar a mi padre mientras se shockaba por la hipovolemia. Ingresó directamente en UCI. No entraré en detalles sobre los seis días que estuvo allí. Imagino que muchos de vosotros conocéis la impotencia que se siente al ver sufrir a una persona querida a través de un cristal, sin poder tocarle ni aliviarle, forzando una sonrisa que no se siente ni se desea. La inmensa tristeza de su mirada, verle tan vulnerable precisamente a él, a ese hombre que siempre me pareció tan fuerte, rozando la dureza en ocasiones, es algo que jamás olvidaré. Hubieron momentos muy críticos y yo los he vivido con una sensación de irrealidad que no acabo de quitarme de encima. Salió de la UCI e ingresó en coronarias. Ya sabéis, a cara o cruz. Durante una semana más esperamos una intervención decisiva que se demoró por una infección pulmonar. La remontó contra todo pronóstico, y ahora mismo le tengo aquí a mi lado. Tan “pesao” como siempre. Y ¿sabéis? Quiero poder seguir quejándome de este plasta marimandón muchos, muchísimos años más. Porque me enseña, me forma y me hace mejor persona tener a un luchador como él en mi vida. Y porque le quiero.
Audio:.Today I sing the Blues de la mejor voz de todos los tiempos; Aretha Franklin. A veces siento que canta mi vida.