lunes, 30 de diciembre de 2024

EL BAUL DE LOS SUEÑOS ROTOS-El viejo buhonero


A mi Peter Pan y Campanilla... (Jordi y Susana)

Su figura anacrónica parecía sacada de las calles embarradas de un Londres medieval. Envuelto en harapos de indescriptible color, arrastraba con paso cansino su destartalado carro, sus barbas canosas y su mugre. Caminaba despacio observando a la gente con sonrisa burlona. Se detuvo en una esquina, era día de mercadillo y las señoras cargadas con bolsas aprovechaban para hablar con sus vecinas.
-¿Sabes que la niña de la Pepa se le casa? Así... de repente.- Una mujer de voz aguda y panza de escudero dirigía la cháchara cual director su batuta. El resto del corrillo se deshacía en gestos cómplices que sobreentendían más allá de lo dicho.
¡El Buhonero!- Canturreó a pleno pulmón. Con una agilidad sorprendente para quien lo viera andar, se dobló en cómica reverencia hacia el grupo.- Compro trastos viejos, cosas usadas. ¿Una silla rota? ¿Un zapato sin suela? ¿Tal vez un paraguas torcido?
Las mujeres habían callado y sus caras dibujaban la incredulidad y la sorpresa. En más de una además, se leía la aprensión. Como una piña tendieron a agruparse buscando protección en el grupo. La señora que estaba hablando, tal vez por osadía, tal vez por chulería se rió con desparpajo- ¿Y para qué vas a querer tú nada viejo? ¿No te basta contigo mismo?
El resto de mujeres cacarearon en risotadas y comentarios parecidos envalentonadas por un primer quite. El viejo, sin inmutarse, continuó con su sonrisa sardónica que más vertía en su mirada que por su boca. - Mejor dame los años viejos a mi, que a ti ya te sobran- Con hábil cabriola se acercó a la mujer quien con gesto despechado se alejó ofendida seguida por el resto de gallinas cluecas.
Sentado en el bordillo de un patio, un mocoso de rodillas peladas y manos sucias miraba divertido la escena. No tendría más de diez años. El bocadillo a mitad comer y unas libretas medio deshojadas en la mochila hablaban de pellas en la escuela.
El buhonero olvidó a las mujeres y ensanchó su sonrisa mientras sacaba una moneda de su bolsillo. La hizo pasar por entre los dedos de sus manos para hacerla desaparecer detrás de su oreja. La risa infantil tintineó enmarcada en hoyuelos asimétricos. El viejo se acercó a él atrapando una moneda invisible en el cuello de su camisa. Lentamente abrió el puño y allí estaba.
-¿Cómo lo haces?- Sus grandes ojos negros brillaban por encima de unas oscuras ojeras. Su piel pálida apenas sonrosaba en unas mejillas pecosas pero algo vacías.
-Magia... Y práctica, a qué negarlo- El hombre había reparado en el aspecto enfermizo del pequeño. Con extremo cuidado le cogió la barbilla observándole sin pudor. Alzó sus pobladas cejas en gesto inquisitivo- ¿No deberías estar en la escuela?.-Preguntó.
El niño no esquivó su mirada pero calló. Calló como se callan las penas. Quienes vieran al viejo y al niño podrían pensar en un silencio. Pero sólo ellos dos supieron de preguntas y respuestas. El tiempo se detuvo a su alrededor y no mediaron palabras.
-Entonces ¿tú compras cosas viejas y rotas?- La pregunta rompió el sortilegio y devolvió realidad a la imagen.
-Si, claro-respondió.
-¿Y que haces con ellas?-
-Pues las reparo, claro. ¿Para qué las querría sino?-el buhonero devolvió a su mirada el tinte burlón- ¿A caso tienes algo que venderme? ¿Qué podrías tener tú viejo y roto?
El niño le miró en silencio.
- Un sueño.-Contestó- Un sueño roto que tengo desde pequeño.
El buhonero soltó una carcajada. ¿Desde pequeño?-Pensó- ¿Y cuantos siglos debía hacer de eso?
-Bueno, tienes razón- Por primera vez el niño bajó sus ojos- ¿Para qué querrías un sueño tonto y roto? Total... los sueños no se arreglan. Te lo doy, a lo mejor a ti te sirve.- Dió una patada furiosa a una botella vacía.
El viejo buhonero desarmó su risa pieza por pieza-Me lo regalas, ¿porqué?-
Silencio.
-Es la primera vez que nadie me regala nada- Inmóvil frente al niño, el viejo parecía perplejo y conmovido.- Ven.- Le dijo.
Cogió al niño de la mano y le acercó a su carro. En una de las esquinas sobresalía un brillante baúl de caoba.
- ¿Ves? es el baúl de los sueños rotos. La gente los tira porque pesan, los esconde porque molestan, los niega porque duelen. Yo los recojo y reparo. Pego sus trozos con resina de esperanza. Es trabajoso ¿sabes? a veces los pedazos son muy pequeños, casi tanto como tú. Las esquinas son cortantes como filos y hay que tener cuidado en no lastimarse. Por eso nadie quiere los sueños rotos.
Se agachó hasta ponerse a la altura de la mirada del niño.- Pero tú... tú me lo has regalado.
Viejo y niño se miraron.
-Hagamos un pacto. Tú me regalas tu sueño roto y a cambio yo te doy resina de esperanza.-
-Pero dime, ¿para qué quiero esperanza si ya no tengo el sueño roto?-
El viejo buhonero acarició el cabello alborotado del pequeño.
- Para que nunca dejes de soñar mi niño.

El baul de los sueños rotos II. La ciénaga de las penas.
El baul de los sueños rotos III. La tregua.

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domingo, 10 de diciembre de 2006

FOX


Le vio en el parque. Risueño, torpón, todo ganas de jugar. Abandonado.

Un niño de unos siete años le había traído comida y el cachorro repartía sus energías entre comer y agradecer el regalo al pequeño.
Esperó a que acabara y entonces dejó que su perro Branco y el travieso vagabundo jugaran un rato. Daba gusto verlos cazarse. Más o menos de la misma edad, los dos perros disfrutaban como si nada más importara en el mundo.
Entonces el joven decidió que si volvía a encontrarse con aquel cachorro, más negro que un tizón, se lo quedaría dándole un hogar. Al fin y al cabo, así llegó Branco a su casa.
Una semana más tarde le vio. Esta vez no había saltos ni lametones. El perro estaba tumbado en un rincón del parque. Apenas podía moverse, lleno de colmillazos y un absceso en el lomo que le daban aspecto de herido de guerra. Tenía la boca llena de espuma y una mirada más allá de la tristeza.
Agonizaba.
No lo pensaron dos veces. El joven y su esposa envolvieron al perro en una manta y le llevaron al veterinario. Allí le drenaron el absceso, le curaron las heridas y le dieron tratamiento. Llevaba días sin beber. La deshidratación y la infección hubieran tardado horas en llevárselo por delante.
Hoy Fox, que así se llama, vive con mi hermana y mi cuñado. Tiene una caseta propia en el garaje llena de juguetes que le encanta destrozar y un compañero de juegos tan trasto como él. En apenas un par de semanas ha engordado tres kilos y sus heridas son un mal recuerdo del pasado. Cuando llegan sus papis, sube a la casa y enreda un rato en su manta con Branco. Como todas las noches, cada uno tiene su yogurt con una buena ración de mimos.
Y lo más importante, cuando sale al parque, sabe que solo va de paseo.



P.D.En cuanto tenga una foto suya os la pongo (el de la imagen no es Fox). Ya veréis que cara de golfillo tiene. Cuando le llevaron la semana pasada al veterinario, preguntaron por la raza. Más que nada por si era un cruce de alguna peligrosa, para saber qué medidas de seguridad debían adoptar. El veterinario respondió sin pensarlo- Es un Nisupu.
Nosotros, que no habíamos oído hablar nunca de esa raza, pusimos cara de ¿lo qué?
Y el veterinario nos lo aclaró inmediatamente.
-Nisupu…ni su puta madre lo sabe- Cuestión zanjada.
Se acercan días de fiesta, regalos… Si vais a sorprender a alguien con una mascota, aseguraros bien de que esa persona es consciente de la responsabilidad que implica hacerse cargo de un ser vivo. Y os pido un favor, sino lo tenéis claro, regalad otra cosa.
Un ser vivo no es un juguete.

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domingo, 26 de noviembre de 2006

EL TIEMPO ME LO DIJO


Es domingo por la tarde, no trabajo ni tengo prisas para absolutamente nada. Estoy escuchando hace un buen rato jazz del bueno. Una de esas voces aterciopeladas que acarician sin tocar. Quizás es por eso que sonrío recordando esas ocasiones- muchísimas, demasiadas- en las que me he tomado la vida a la tremenda. No podré vivir sin él, y realmente sentía cómo poco a poco moría por dentro, incapaz de afrontar esa ausencia. O esa otra vez en que siendo un trasto de seis o siete años, me pringué toda de chicle y otras niñas se rieron de mí- bendita infancia, siempre tan cruel en su inocencia. Imaginé veinte mil excusas para que me cambiaran de colegio.
Es curioso como todos esos trances en los que creemos que no vamos a poder echar para delante pierden color y dolor con el tiempo. Vas andando, primero un paso que cuesta un mundo y después los siguientes hasta que, sin saber cómo, ya no pesa tanto el recuerdo.
Reconozco que soy tremendista-sageraita como pocas- capaz de ahogarme en un dedal de agua y sin embargo, miro hacia atrás y me asombra ver en qué mareas he tenido que navegar. Y aquí sigo.
No se bien si a toro pasado, todo parece más fácil de lo que en realidad fue. O bien es que con el bicho delante, te entran los temblores del parto y solo eres capaz de verle los cuernos al animal. Tal vez sea un poco de todo. Pero hoy no importa. Hoy no tengo prisa, hoy sonrío mientras me recuerdo como a una actriz de cine mudo, dramática y sobreactuada, desgarrando un No voy a poder.
Y tanto que si.



P.D.Voy a comprarme dos cds de Madeleine Peyroux, Careless Love y Half The Perfect World. Cuando los tenga, os subiré algunas canciones, pero mientras tanto, no dejéis de escuchar Weary Blues. Pincha sobre esa canción (ve a Media, escoge Careless Love) y piensa en todas esas ocasiones en las que no podías.
Ya ves, pudiste.

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domingo, 19 de noviembre de 2006

CUESTIÓN DE MATICES


Soy de esas personas que utilizan palabras como Hepatoesplenomegalia ¡Oye, y sin atragantarme! Sin embargo, cuando intento decir Propondré me trabo y parece que esté cantando el Porompompero. Peculiar que es una.
También soy capaz de sospechar una tiroiditis asintomática por unas simples arañas vasculares en la espalda. Pero cada mañana, cuando voy a coger el coche, doy varias vueltas al barrio. No lo busco, directamente me lo tropiezo. Recordar dónde aparqué la noche anterior es misión imposible.
Es desesperante, creedme, pero son estas pequeñas cosas las que hacen que me sonría cada día. Hace poco descubrí que me he desvestido de esa adolescencia trasnochada que me tenía incómoda en mi piel. Me he convertido en una mujer madura con un estilo propio que me encanta. Y no se como ha ocurrido aun que tampoco me importa. Simplemente miro a esa loca del espejo y siento un puntito de admiración. No por lo que veo, sino por lo que soy, por el camino recorrido hasta llegar a ser.
Vale, mi vida no es perfecta (ni de coña), yo no lo soy… ni falta que me hace. Entender esto me ha llevado años de sentirme perdida.


PsicoPostDe vez en cuando no está mal un poquito de introspección y dos palmaditas en la espalda. Hace poco una amiga me decía que la vida no es de color rosa. Y si bien es cierto, también lo es que los matices los marcamos nosotros mismo.
Feliz semana



25 de Noviembre
Feliz cumpleaños

miércoles, 15 de noviembre de 2006

CUANDO CUATRO ES DOS MÁS DOS


Y el resto de alternativas no son más que disfraces de una realidad; no le des más vueltas, que la mentira es circular y acabará mareándote.
Qué necia fui.
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domingo, 5 de noviembre de 2006

DIARIOS


No suelo pasear, lo reconozco. Entre semana sueño con perderme por un camino rural, rodeada de silencio y de esa sensación de no hay prisas con olor a café y sábanas calientes. Pero cuando llega el momento, el cansancio mental se transforma en losa que me aplasta las ganas. Luego, la rutina comienza de nuevo y me arrepiento. Así que hoy, tirando más de voluntad que de ánimo, cogí la bicicleta y salí de mí casa, dirección a ninguna parte.
No recuerdo cuanto rodé, supongo que poco, el frío y la falta de costumbre entumecieron pronto mis piernas. Salí del camino y subí por una loma. Allí me encontré con una mujer bien extraña. En realidad cuanto me rodeaba lo era. Una casa de muros de piedra y tejado de paja, con un establo de madera adosado y una cerca para las gallinas. Un mastín viejo me miró desde la entrada, pero las gallinas parecían interesarle más que yo.
La mujer vestía unas ropas curiosas, casi medievales diría. Llevaba una especie de cofia con orejeras que le daba cierta similitud con sus ovejas, una falda larga y andrajosa, y un chal de punto lleno de agujeros y remiendos. Estaba tendiendo en una cuerda sujeta por dos estacas.
-Esta tarde lloverá- Me dijo mirando al cielo de reojo- Pero con un poco de suerte se me secarán las hojas.
Entonces me fijé. No era ropa lo que tendía, sino páginas escritas en una especie de tejido semejante al papiro. Debí poner cara de no entender nada porque la mujer me preguntó- ¿Qué pasa, nunca has lavado un libro?
-No, la verdad- le contesté- ¿para qué lo haces?
-Pues para limpiar lo que está sucio- me respondió como si fuera lo más obvio del mundo- Ya soy vieja. Demasiado vieja.-Miró sus manos nervudas llenas de manchas café con leche
-Ayer leí mis diarios y vi partes de mi vida más negras que el hollín. No he sido una santa ¿sabes? Pero la vida es dura y a veces hay que hacer cosas para defenderse-Me miró desafiante.
-Yo rompí los míos- contesté. No sabía porqué aquella mujer me contaba todo aquello ni qué esperaba que le dijera.
-¿Tan sucia ha sido tu vida?- me preguntó.
-No, no-respondí.- Empecé a escribirlos porque siempre tuve miedo a olvidar quien era, a perderme en el tiempo. Pero al leerlos supe que ya no necesitaba guardarme por escrito, que yo no era unas frases escritas que pudiera borrar o extraviar. Me di cuenta de que yo era mucho más que mi historia. Mi vida era lo que yo decidiera en cada momento. De alguna manera me había llegado a encontrar. Así que los rompí.
La mujer miró las hojas mojadas estrujando con resignación una de ellas.
-Tal vez tengas razón, niña. Somos lo que somos en cada momento.



P.D.Es cierto, hace unos meses rompí mis diarios. Hacía años que no escribía,pero seguía conservándolos. Sentí que ya no me hacían falta. No se explicarlo. No fue un renegar de mi historia, sino todo lo contrario. Mi memoria forma parte de mi y soy su resultado, pero es el presente lo que vivo y el futuro lo que sueño.
Feliz comienzo de semana.

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sábado, 28 de octubre de 2006

EL JARDÍN DE LOS SILENCIOS


Me llamó la atención en cuanto leí el rótulo de la entrada. Había visto muchos tipos de jardines; los tradicionales de flores, el de los cactus, el de rocas, hasta una vez visité uno de arena- Jardín Zen le llamaban. Pero jamás había oído hablar de un Jadín de Silencios.
La curiosidad me pudo, y aun que era tarde, decidí entrar. Me sorprendió no encontrarme con un espacio abierto al aire libre como era de esperar. En su lugar había una gran estancia circular totalmente blanca y desprovista de muebles y adornos. Simplemente no había nada salvo varias puertas dispuestas en círculo, todas iguales, sin nada que diferenciara una de otra. Perpleja, mirando aquel extraño lugar, no reparé en la pequeña figura que se me acercaba sigilosamente. Si hubiera tenido que definir en una palabra a la mujer que tenía ante mi, sin duda hubiera sido blanca. Porque así era su túnica, su pelo y hasta su piel.
Con un leve gesto me indicó una de las puertas.
Al entrar me encontré en medio de un jardín de los de verdad, con plantas, flores y hasta un riachuelo cruzado por un pequeño puente. Era de noche- no me preguntes cómo podía ser así siendo las cuatro de la tarde- y la luna se reflejaba tímidamente el agua. Encima del puente, unos amantes se abrazaban ajenos por completo a mi presencia. Me retiré prudente para no interrumpir el beso que sus miradas prometían.
La mujer blanca me tomó por el brazo y me condujo a una segunda puerta. Esta vez me encontré en un pequeño salón bastante modesto. Muebles baratos y envejecidos. Un hombre sentado en un sofá lleno de latas de cerveza vacías miraba absorto una televisión a todo volumen, mientras una mujer rota se retorcía en el suelo sangrando por los labios y la nariz. Temblaba como una hoja arrastrada por el agua y sus ojos, secos y vacíos, se clavaban en aquel sofá con la resignación de quien espera la muerte.
Salí contra mi voluntad. Hubiera querido estrellar el maldito televisor en la cabeza de aquel energúmeno. Pero la dama blanca tiró de mi manga y me llevó a la tercera puerta.
Allí me encontré a un joven al borde de una escollera- de nuevo, no me preguntes, yo tampoco consigo entenderlo. Las olas rompían con fuerza en las rocas salpicándole de espuma, pero a él no parecía importarle. Sus manos acariciaban tres rosas blancas. Con un cariño que pocas veces vi, las besó con dulzura y luego las lanzó al agua con esa pena de quien se desprende de su valor más querido. La sal del mar se confundía con la de sus ojos.
Salí con un vacío en mi estómago y una pregunta en mi boca.
-No entiendo nada- le dije a la Dama- ¿Dónde están los silencios? ¿porqué le llamas a esto Jardín?
La mujer me llevó pacientemente a la primera puerta.
-Dime, ¿Qué oíste?- me preguntó.
-Pues… el agua del río, alguna rana aquí y allá. No se, lo normal de un jardín.
-No, no, no- negó con su cabeza- ¿qué oyes entre esos amantes?
Entendí lo que me quería decir.
-Silencio- respondí.
Me repitió la misma pregunta frente a las otras puertas.
-Y dime, ¿crees que todos los silencios son iguales?
-No- Le dije. Hasta entonces no había reparado en sus extraños ojos azules, única nota de color en aquel ser casi irreal.
-Los silencios florecen en nuestras vidas, cada uno con distinto matiz, su propio color, su sabor dulce o amargo. Cada persona siembra su propio jardín de los Silencios. En unos, crecen como malas yerbas, en otros germinan esperanza.



P.D.Lo siento, me ha quedado un poco largo.
Quería agradecer los correos privados que me llegan. No deja de sorprenderme que os guste lo que escribo. Gracias de corazón.

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jueves, 19 de octubre de 2006

DICEN


Dicen que puedes naufragar en sus ojos como un viejo marino confiado.

Pero su mirada son dos mares de pena en realidad, quebrados en arrecifes de silencio.
Había visto tanto, tanto, que sus ojos sellaron la entrada en impermeable muro a la luz. Y así, de puro hastío, se decidió ciega en un mundo hecho de imágenes.



25 de Octubre


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sábado, 14 de octubre de 2006

LARVADA


A medio camino entre lo que fui y en lo que me estoy convirtiendo.

Un solo ruego estalla en mi mente; Que el olvido se me lleve bien lejos para que cuando despierte, no extrañe a quien ya no existe.
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SOÑANDO


Tus sueños ya descansan sobre almohada nueva.

La ilusión da aliento a tu risa y el frío negro de tus miedos se hace lejano.
Ójala esta vez despiertes a tiempo, porque los sueños, sueños son y se marchitan sino se viven.
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miércoles, 4 de octubre de 2006

TESTIGO


Una de las personas que más me importan en este mundo está a punto de cometer el error más grande de su vida.
Y yo soy testigo muda de esta inmolación sin sentido.
Habré de tragarme este grito sin voz, con los ojos demasiado abiertos.
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domingo, 10 de septiembre de 2006

MARIETA



María, o Marieta para nosotros, es una niña de ochenta y cinco años. Medio desdentada, me mira desde su cama con los ojos extraviados, y lo mismo me sonríe y me pide un beso que me escupe y me llama filla de puta. Pasa las horas muertas gesticulando con las manos y contando puntos imaginarios como si aun tejiera. Carga en sus huesos de cristal una vida bien perra, llena de trabajo, ingratitud y lágrimas calladas.
Qué dura era mi abuela. Jamás la vi sonreír con alegría hasta que los infartos cerebrales se llevaron sus malos recuerdos y sus fantasmas. Antes de esto, recibía con desconfianza cualquier gesto de cariño, quizás porque siempre debió dar algo a cambio en su juventud. Un marido perverso- mi abuelo- un mal hombre que la convirtió en una rancia amargada. Una familia que abusaba del afecto que María mendigaba para luego darle la patada cuando ya no era útil. Y una hija ingrata- mi tía- que prefirió renegar de ella en vez de ayudarla.
Nadie la quiso salvo mi madre.
Reconozco que de niña era incapaz de sentir cariño por aquella mujer mandona que siempre me hablaba a gritos. Recuerdo las mañanas de verano en el pueblo, conmigo en su regazo, ella me peinaba estirándome el pelo en una cola de caballo hasta hacerme llorar. Estaba bien orgullosa del peinado de sus nietas y presumía de ello cuando iba a la fuente a por agua. Pero a mi me fastidiaban los tirones de pelo y en salir de casa, montaba en mi bici destartalada y me aflojaba la coleta. Más de un repaso con zapatilla cobré por esto.
Veinte años tardó en comprender que una sonrisa se regala porque sí. Que los besos no tienen precio, y que las palabras amables no esconden intención. Durante todo ese tiempo, desde que vino a vivir a nuestra casa, mi abuela se sintió una extraña, un algo a parte de la familia. Me duele pensar que empezó a ser feliz gracias a la locura.
Su enfermedad, que para nosotros es una carga pesada por más que la aceptemos con gusto, es para ella una bendición. No recuerda nada de su vida. Tampoco nos conoce, nos llama a todas con el nombre de mi madre a la que a su vez llama Mare (Madre). Vive en su mundo, sin fantasmas que le ahuyenten la sonrisa. Y poco a poco se va apagando. Cada día su conversación es más incoherente y la rigidez en sus miembros me habla un deterioro neurológico progresivo que consiguió domar a esta mujer de hierro, para bien y para mal.
Hoy convulsionó por la fiebre. Y he sido consciente de que Marieta morirá algún día. No se si por esta neumonía o dentro de mil años, pero un día la perderé y extrañaré esos tirones de pelo que tanta rabia me daban.



25 de Septiembre

Despunta el día con luz transparente
arrancando las sombras a un mundo dormido.
Perezosa la luna se esconde en su lecho,
tálamo de estrellas custodia sus sueños,
sábanas de amores, universo por techo.

Y su aroma, que dulce respira el recuerdo,
quema tus lágrimas en pira de esencia.
Te roza los labios en amago de un beso
borrando lamentos por aciaga ausencia.

Siente su luz bañandote el alma,
desborda tu mirada traspasando fronteras,
cascada de vida que permuta la muerte
en trasiego indoloro a otras esferas.

Liviana como la sonrisa de un ángel,
ella.

sábado, 2 de septiembre de 2006

EL VIEJO Y EL PERRO


Arístides era un viejo rancio con muy mala leche. Llevaba tantos años sin pronunciar palabra que las gentes del lugar llegaron a creer que era mudo. Pero no, Arístides no hablaba simplemente porque no tenía nada que decir. Sus ojos velados habían visto demasiadas cosas que no hubieran querido ver y ahora su boca se cerraba en rebeldía obstinada.
Pasaba días enteros en los vertederos de la ciudad rebuscando entre lo que otros ya no querían. Solía encontrar tesoros revestidos de años de suciedad y mal uso. Tenía esa habilidad; esa que solo tienen los que carecen de casi todo.
Dejó el pequeño baúl sobre el mostrador.
-¿Qué me traes, viejo?- El anticuario miró la pieza con ojo crítico. Estilo castellano, remaches de forja hechos a mano, frontal de madera labrada en fina rejilla. Pagarían una fortuna por él, pero solo una ínfima parte iría a parar a manos del vagabundo.
-Te doy veinte. No creo que saque mucho más de esta basura-
Arístides cogió el dinero. Sin regatear, sin escupirle a la cara la palabra que estallaba en su cerebro; ladrón.
Un mozo de almacén salió corriendo escoba en mano. Delante de él escapaba un perro viejo, escuálido, negro de puro sucio.
-Como te pille, te reviento ¡chucho asqueroso!- Vencido por sus kilos y la fatiga, el mozo había parado su carrera y amenazaba al animal en la distancia.
Entonces Arístides y el perro se miraron, y sucedió algo que escapó a la comprensión de cualquier ojo humano.
Ven- dijo el anciano. Su primera y única palabra fue para aquel ser indefenso, un marginado como él.
Perro y viejo marcharon en silencio, ajenos al resto del mundo, como dos compañeros de camino.



Os recuerdo...Que en el Foro teneis la sección BLOGGEADOS dedicada a la edición de plantillas HTML y CSS (especialmente enfocada a los blogs ya.com). Eso si, paso a paso,como yo he ido aprendiendo.

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jueves, 31 de agosto de 2006

ENTRE EL CIELO Y EL SUELO


Un corazón perpejo, un estómago encogido y muchas dudas.

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jueves, 17 de agosto de 2006

A PEQUEÑOS SORBOS


Me tumbé en la arena refunfuñando. Las redondeces donde antes había suaves rectas me habían puesto de mala leche. Oía a los chiquillos trajinando en la orilla, las marujas despellejaban a sus vecinos sin miramientos ni pudor, un par de pijas-osea planeaban su supernoche y yo, en mi toalla, decidí tener un pensamiento filosófico y mandar a tomar por saco a la línea y a las curvas de paso.
Sentía el sol en mi espalda como el abrazo de un amante y poco a poco entré en ese estado de no sueño-no vigilia.
Cuando abrí de nuevo los ojos solo se escuchaban el romper de las olas y a un grupo de gaviotas enredando en el agua. La playa estaba desierta o eso me pareció. Ni rastro de las mil sombrillas, las esterillas, los turistas ni de las neveras llenas de tuppers con tortilla de patatas y tinto de verano.
-Vamos a ver, ¿había pasado un tsunami y me había muerto sin darme cuenta?- Es lo primero que pensé. El sol estaba más o menos en el mismo lugar, luego no había transcurrido mucho tiempo. Me vestí a trompicones, en un estado de ansiedad que crecía por momentos. Hasta que la vi.
Detrás de mí, a unos metros de distancia, había una niña pequeña sentada en una silla cara al mar. Al acercarme me di cuenta de que no era una niña, sino una mujer en una silla enorme. Sonreía con la mirada perdida en el agua. Su cara, toda ella, reflejaba una paz que yo no recordaba sentir en mucho, mucho tiempo. De su cuerpo salían palabras.
-Señora, se le están cayendo las letras.- No bien dije esto me sentí estúpida. Pero cómo era posible. Indudablemente o me había muerto o estaba soñando.
La joven me miró tranquilamente.-Lo se, lo se- me dijo- estoy limpiándome de frustraciones. Se acumulan tantas que no dejan espacio para la alegría; ni siquiera en pequeños sorbos.
-Y no es que beba mucho- puntualizó- pero de vez en cuando apetece un chupito de felicidad, ¿no crees?
La miré perpleja sin saber que contestar. La mujer hizo una mueca extraña y se le escapó un pequeño eructo tras el cual apareció la palabra Amor.
-Lo siento- se disculpó- es que últimamente no se me dan muy bien las relaciones y esta palabra se me había atragantado un poco.
La miré en silencio. No tenía claro si era real o estaba teniendo alucinaciones por una insolación y para ser sincera, tampoco me importaba.
-Cuando acabes- le pregunté- ¿me prestarías la silla un ratito?



Después de mis no vacaciones… (vacaciones a medias) Vuelvo a mi estado natural, es decir, a que se me vaya la pinza.
Alguien me preguntó sobre el modo en que surgen mis relatos. Yo le contesté; Dame una imagen y yo pongo la historia.



25 de Agosto
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jueves, 3 de agosto de 2006

MIRATE


Lo que no das, es lo preciso;
lo que no cuentas, me habla de ti.
Lo que no haces, pesa igual que tu obra;
y tus palabras, por ligeras, escapan a los silencios que narran tu vida.



En negativoA veces las omisiones, lo que no hacemos o no decimos determinan nuestro destino más allá de nuestros propios actos.
No tengo ganas de escribir.
Me da miedo leer lo que pasa en el mundo.
No quiero escuchar más vacios.

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domingo, 23 de julio de 2006

AMIGOS


¿Somos amigos?-preguntó el joven cordero, en ese idioma que sólo entienden los niños.

El pequeño, de cara sucia y mirada triste, frunció el ceño y exclamó- ¡Pues claro! Pero si te ví nacer, eras una bolita peluda que no sabía ni andar.
Y sin embargo- contestó el animal- cuando crezcas me matarás para saciar tu hambre.
El niño guardó silencio durante unos minutos. Luego, sin mirar a su amigo contestó.
-Tranquilo, yo no me haré mayor. Una bomba me matará antes de que mi voz cambie.
-Pero si a ti no te pueden comer.- Respondió el cordero.
-No importa Bolita, para ellos yo también soy rebaño.



¿Dónde puedo borrarme…de esto que llaman Humanidad?
Me da vergüenza ajena todo lo que veo y vivo últimamente. Me faltan voces exigiendo un Basta ya. Me sobra la arrogancia y la hipocresía de aquellos que se supone que custodian los derechos humanos.
El viernes vino a consulta un padre con su hija. La niña, una adolescente con retraso mental, tenía una otorragia por un tímpano reventado. Se positivamente que fue de un bofetón, pero no lo puedo demostrar. Si somos capaces de agredir así a quienes queremos, abusando del poder y de la fuerza; qué no haremos con aquellos que ni conocemos ni nos importan.
Que me borren, prefiero ser animal.



25 de Julio

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viernes, 7 de julio de 2006

ALEA JACTA EST

*** APROBADA**

Ya hice el examen del curso (Directora de instalaciones de radiodiagnóstico…El título impone ¿verdad?, pues solo me sirve para seguir haciendo radiografías).
Por unas horas volví a mis tiempos de facultad; esto es, mucho café, cuatro horas de sueño, despeño diarreico por la mañana, y un no entender ni lo que se lee justo antes de empezar. Con las clases por la mañana y dos consultas por la tarde, he tenido que rascar horas al sueño para poder estudiar y aun así he ido muy justa de tiempo. Estoy muerta. Eso sí, me he reído lo mío con mis compañeros. Todos postgrado; veterinarios, odontólogos y médicos, haciéndose chuletas que no servían para nada, llegando al estrabismo intentando copiar. Y yo, con mi dislexia, procurando no meter el remo al pasar el cuestionario a la plantilla.
Esta tarde me llama O para consultarme sobre la historia de un paciente. Él también hizo la prueba esta mañana.
-¡Oye!- me dice- Que se me ha metido un electronvoltio por el culo y se me han iluminado los ojos. ¿Tú crees que eso cuenta como absorbente de radiación o me tengo que colgar un trébol rojo al cuello y considerarme como Zona de acceso prohibido?
-Ah, pues no se chico. A mi me ha salido uno por la boca que me ha dejado el pelo a lo rasta, pero yo no me pongo el trébol ni aun que me pasen el dosímetro por las meninges.
Lo que hace el cansancio.
Bueno, ya os contaré si he aprobado o me mandan de cabeza a la repesca con empacho de física nuclear.
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lunes, 3 de julio de 2006

QUÉ ABSURDA ES LA VIDA

Nunca voy a comer a casa, pero hoy tenía el dichoso curso. Mil años haciendo placas y ahora necesito un papelito que me acredite como directora de instalaciones de radiodiagnóstico. Así que en eso estamos; he vuelto a los electrones, radiaciones electromagnéticas y colimadores.
A la salida, me ha sorprendido ver varias ambulancias y coches de policía en dirección al centro de la ciudad. La gente parecía absorta en sus coches, caras largas y más de una expresión de incredulidad.
Me sentía rara.
Al llegar a mi casa entendí. Cuarenta y una personas han muerto hoy en el metro de mi ciudad. Mientras escuchaba las noticias, seguía oyendo las sirenas en la calle y veía la consternación en esos rostros anónimos de la pantalla.
Escribimos nuestras vidas con ligereza, pensando que es una historia sin final. Pero nunca sabemos cuándo se trata del último renglón.
Un día como otro cualquiera, te levantas y te vas a trabajar, dejando tantas cosas por hacer, tanto por decir.
Un día como otro cualquiera no regresas y nadie puede entender lo absurdo del tiempo perdido, la poca importancia que en realidad tienen las cosas que nos amargan la vida.
Estoy de luto con mi ciudad y no me importa quién tiene la culpa ni quién debe asumir responsabilidades. Ahora no, ahora solo quiero llorar.




P.D.No os puedo describir el caos que hemos vivido hoy. La sensación de irrealidad, de esto no puede estar pasando, era tremenda. Desgraciadamente, muchos de vosotros sabéis de qué hablo.
Todo mi cariño para esas familias que hoy han dejado de escribir una vida.

Rescatado de mi blog en ya.com

martes, 20 de junio de 2006

EL SEMBRADOR DE OTOÑOS


Allí, en la copa de un árbol me encontré con aquel extraño esparciendo hojas muertas a los cuatro vientos.

Hosco, con cara de pocos amigos, sombrero de copa y un traje raído. Mantenía un equilibrio imposible sobre la frágil rama, balanceándose como un tallo a punto de quebrar.
Parecía no importarle la altura, con la mirada extraviada en sus manos lanzaba sus hojas con gesto firme y severo.
- ¿Qué haces?- me atreví a preguntar.
Sin mirarme si quiera, sin dejar su tarea, me contestó con voz rancia y cansada, – Siembro el Otoño.
Mi carcajada paró en seco su trabajo. – Tú estás loco ¡ Pero si es primavera!
Me miró con desprecio y sonrisa cínica.- Pobre infeliz ¿Qué harás cuando llegue mi hermano el Invierno? Cuando hielen tus huesos, lluevan tus ojos, se nuble tu mente, nieve en tu pecho y plague de tormentas tus recuerdos. Dime, ¿te burlarás entonces?
El viento arrastró la hojarasca formando una cortina entorno al hombre. Me alejé con prisas, sintiendo un galope en el pecho, como el tictac de un reloj implacable.
Corrí hasta el borde del tiempo y allí, frente a mi vida, descubrí las primeras hojas muertas de mi otoño.



P.D.A veces no valoramos lo que tenemos por pensar que siempre estará ahí, y solo cuando te das cuenta de que lo puedes perder, le das el lugar que ocupa en tu vida.
Ayer mi madre pasó la noche en el hospital. No podía recordar la última vez que le dije "te quiero". Solo veía todos esos momentos en los que pude hacerlo y no lo hice.
Miramos tanto lo que nos falta que no disfrutamos de esos regalos que la vida nos da.



25 de JUNIO


Rescatado de mi blog en ya.com