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Seis y media de la mañana. P y yo nos cruzamos con un grupo de adolescentes. Habla un borrego con cara de acné, el más insolente.
él: ¿De donde salen dos chicas tan guapas a estas horas?
(desde las 9 de la mañana en PortAventura y al final de una noche de fiesta y copas, podíamos estar divinas de morirse... de morirse del susto, claro.)
yo: No salimos, entramos. Entramos al hotel a dormir.
él: ¿Solitas? No puede ser, yo tengo la solución. Aquí tenéis a 8 hombres (yo suelto carcajada) disponibles a elegir el que más os guste.
yo: Anda mira... como un todo a cien.
Ahí ya se cabrea.
yo: Pues va a ser que no. Buenas noches.
Ya se pone borde.
él: Entiendo que dos mujeres de vuestra edad ya no aguanten como antes.
yo: (sacando uñas) Y yo, lo que no entiendo, es como a la tuya no estás en la cuna con el pañal cambiado. Anda, tira para tu casa que mamá debe de estar de los nervios.
P muerta de risa. Yo como un pomelo agrio.
él: Qué sosas sois, aun que reconozco que para vuestra edad os conserváis muy bien (insiste).
Yo: Qué lástima porque tú, para la tuya, estás hecho un trapo.
Aquí ya giramos hacia el hotel. Y entonces, otro de ellos me grita;
¡Que soy virgen!
yo: Pues mira que bien, aprovecha la semana santa y sal de paso como Macarena.
Ya en el hotel, me disparé yo solita y P lloraba de la risa cuanto más animal me ponía. Pero es que me dieron asco y rabia. No salgo nunca "de busca" ni doy esa impresión. Más bien parezco casi siempre autista y más de una vez me han dicho que voy de sobrada por la distancia que marco, así que esto me pareció de lo peor. Que yo recuerde, a su edad era de otro modo. Pelín menos impresentable.
Al parecer, es práctica habitual en determinadas zonas turísticas, que los niñatos de diecitantos veintipocos anden a la caza y captura de treintañeras para sexo fácil. Pero a mis treinta y siete años, prefiero la carne bien hecha. La vuelta y vuelta la dejo para los famélicos (eufemismo de muertos de hambre).
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