Hoy sustituí a la traumatóloga y pasé la consulta de accidentes de trabajo con Chelo. Y no se porqué esa combinación de “Ches” atrae siempre situaciones absurdas más propias de una película de Pepe Isbert que de un centro médico. Hoy concretamente tuve un “mars-attacks”, así llamo yo a esas ocasiones en las que algo sale por peteneras y pierdo el control de la situación. Tuve un ataque de risa en medio de una consulta. La culpable… mi otra “Ch”.
Habíamos acabado con los pacientes citados, no quedaba nadie en el centro y yo me iba a un aviso a domicilio. Me estaba quitando el pijama (no uso bata, prefiero la camisa del pijama blanco) y con la tontería de ser viernes se me escapó una “estiradita” en medio de admisión. Ya sabéis, relaja los músculos y estimula la circulación. Justo a medio camino entre el suelo y el techo oigo la puerta y me quedo clavada cual estatua delante de dos pacientes. Ellos con cara de J y yo en mi posturita sin mover una pestaña. Marisa salió en mi rescate y los entró a la consulta de Chelo mientras yo me vestía de nuevo. Con mi cara más profesional entro y comienzo a explorar al paciente en cuestión, un chaval que se ha reventado el dedo de un martillazo. Mientras tanto mi Ch le tomaba los datos para rellenar el parte. Y ahí han empezado los problemas. Oigo como el paciente le da su nombre … digamos Pepito Pérez Pingarrón. Y no se porqué el apellido en cuestión casi me hace soltar la carcajada. Como he podido he seguido explorando la movilidad de su dedo pero mi Ch andaba un poco sorda y le ha hecho repetir. Finalmente veo que suelta el boli y muy seria ella le dice- pero eres Pinga o eres Minga? (Y yo apelando a San Quietorrrnitemuevas para no soltar la risotada de pleno)
De pinga nada- le dice en tono ofendido (y es que, al final el tamaño importa)- Pingarrón con acento en la “on”. (Esto era para arreglarlo)
Aquí yo ya he perdido los papeles y me he tenido que ir a cargar el chasis de la placa casi a la carrera.
Y ya no se si ha sido la tontería de la pinga o de la minga pero no me reía así desde que mi padre descubrió una nueva vía de administración para los laxantes.
Por cierto no le he preguntado sobre su efectividad, pero me fijaré en si sigue comiendo sus kiwis y los yogoures del Coronado.
Rescatado de mi blog en ya.com