martes, 24 de agosto de 2010

LA MEMORIA DEL AGUA


La realidad no existe. Es solo una interpretación del mundo según nuestros sentidos. Por eso, todo lo escrito no son sino los fantasmas de un reflejo taimado; un espejismo ilusorio de algo que vivimos, que pensamos, que imaginamos en algún momento de nuestra corta existencia. El tiempo se empeña en organizar de modo absurdo todos esos instantes como si realmente importara la secuencia, como si el orden de los acontecimientos alterara la impronta que su experiencia marca en nuestras almas.
Tal vez por eso escribo, para esquivar la rígida métrica de un reloj que no entiende a las personas.
Tenía el estómago lleno; me crecía en las tripas un cuento de esos que salen de las manos como si estas fueran meros instrumentos de palabras ya escritas. Regurgitaba imágenes de campos abiertos, almenas incompletas, torreones de piedra cantando su historia, callejuelas estrechas con dirección al pasado, empedrados imposibles donde resbalar la memoria. Choperas ondulantes cantándole al viento, caminos gastados de abandono, postigos entreabiertos despidiendo la entrada, baúles de antaño custodios de polvo viejo.
Y el agua.
La fuente de caño estrecho, la pila enmohecida devolviendo su eco burlón a un paisaje desierto, narrando gota a gota mil vidas de las que fue testigo.
Me anegaba del roce de tu piel, de los bosques profundos en la mirada, de sonrisas traviesas al doblar una esquina. La humedad de los labios, licor atávico servido en tu boca.
Pero eso fue ayer; la memoria del agua no engaña. Me dio un baño de realidad temporal, de un ahora que fue siempre, exaguando mis entrañas de ilusiones y acertijos.
Y mis manos quedaron resecas de palabras.

P.D.Nada, otra vez será. Mis cuentos tendrán que esperar.
Este era el lugar

lunes, 16 de agosto de 2010

PAISAJE


Expongo mi cuerpo a los rayos anémicos de un sol helado. Mi piel blanquea absorbiendo su frío, desprendiendo la tibieza de un canela pretérito.
Bocas mudas engullen sonidos pasados, hinchando pulmones de gritos callados.
Áridas olas resecan mi piel transmutada en papiro, humedad que huyó de mis ojos desiertos.
Paisaje de estío y hastío.
Yo no quiero esta playa de angustia ajena; reclamo mi arena, la cálida toalla, el bullicio pegajoso de un mar peleón, la sombrilla tumbada, el bocata, servilletas de papel, y la fiambrera también. Quiero mi cielo sin nubes, o con mis tormentas aguadas, la brisa salitre, el agua mojada.
Y leer, leer de mi libro pensamientos no escritos.
Basta ya.

***

No quieren entender. Más bien creo que se trata de una incapacidad, más que de una voluntad negada.
Y no me vanaglorio, no tuve opción a huir, a correr hacia delante, donde quiera que esté ese lugar. Simplemente me vi obligada a mantener los ojos abiertos, y decidí no maquillar la realidad para que fuere menos doliente. La miré de frente, desarbolada de matices romos.
Con el tiempo, entendí que somos humanos, que llegamos a este mundo sin manual de instrucciones y con defecto de fábrica. Y aceptar esa falibilidad, me ayudó a no sentirme culpable por los errores ajenos y a poder perdonarlos. Las cadenas de una penitencia que no me correspondía, volaron por los aires generando un espacio de aire limpio, respirable. Mi espacio.
No necesité disfrazar mis afectos de obligación, ni condené mi derecho a la vida como una traición. Tampoco tuve entonces un culpable identificado de toda mi angustia; yo era y soy la última responsable de mis decisiones, y cada cual que cargue con sus mochilas.
No lo ven, no pueden entender que no se puede sufrir de antemano, antes, durante y después; que a estas alturas de la historia, cada historia es un capítulo distinto, y que el recurso explicativo dejó de ser exonerante hace mil.
Tal vez ese peso les compense el alivio de no alzar la mirada. Pero cuando la carga les resulta insoportable, convierten mi espacio en un muro en blanco sobre el que proyectar su propia imagen. Así su soledad es más llevadera.
Si tan solo pudieran entender.

domingo, 15 de agosto de 2010

CONJUGACIÓN


Tuve un padre en pretérito imperfecto. Y esa imperfección le supuso a mis ramas una poda tardía. Conjugaba en condicional, sin arriesgar un ápice de tierra, barajando el singular como plurales asumidos, y el plural como singular reducido.
Era simple e indoloro.
Hasta que el otoño- vaya por dios, siempre a deshora y tardío-preñó mis hojas de un puedo en presente y sin subjuntivo, carente de culpas y condicionales.
Y aun que este cambio de modo y de tiempo no fue insensible, sin cálculo ni arbitrio en un parto de dudas, injertó en mi salvia un yo soy y un yo quiero- sin adjetivos disminutivos que denostaran raíces- , expandiendo mis sarmientos hacia un presente continuo y un futuro perfecto.
Hoy, mi vino aturde tu calma, frágil equilibrio entre el yo debo y el él quiere, permutando mi tiempo en un potencial compuesto...habría sido. Fantasmas de impotencia, no se si cobarde o vulnerable, quién soy para juzgar.
Pero mis bodegas están colmadas, el fruto de mis años madura tranquilo en su barrica, fermentado sin la herencia de las deudas saldadas con lágrimas secas y una cuba de mirar hacia dentro y al frente sin miedo.
Sola, única, indivisible y polivalente.
No culpes a mi mosto de tu angustia, que el alcohol disipa voluntades, no convicciones.
P.D. Pero qué fácil es proyectar nuestro alter ego, disminuído, cojo, tullido de quebrantos y repliques callados.
Y qué difícil-cada vez más, lo admito-, ser la pantalla de un proyector de angustias maquilladas para la ocasión.
Estoy vieja para esto.