domingo, 15 de agosto de 2010

CONJUGACIÓN


Tuve un padre en pretérito imperfecto. Y esa imperfección le supuso a mis ramas una poda tardía. Conjugaba en condicional, sin arriesgar un ápice de tierra, barajando el singular como plurales asumidos, y el plural como singular reducido.
Era simple e indoloro.
Hasta que el otoño- vaya por dios, siempre a deshora y tardío-preñó mis hojas de un puedo en presente y sin subjuntivo, carente de culpas y condicionales.
Y aun que este cambio de modo y de tiempo no fue insensible, sin cálculo ni arbitrio en un parto de dudas, injertó en mi salvia un yo soy y un yo quiero- sin adjetivos disminutivos que denostaran raíces- , expandiendo mis sarmientos hacia un presente continuo y un futuro perfecto.
Hoy, mi vino aturde tu calma, frágil equilibrio entre el yo debo y el él quiere, permutando mi tiempo en un potencial compuesto...habría sido. Fantasmas de impotencia, no se si cobarde o vulnerable, quién soy para juzgar.
Pero mis bodegas están colmadas, el fruto de mis años madura tranquilo en su barrica, fermentado sin la herencia de las deudas saldadas con lágrimas secas y una cuba de mirar hacia dentro y al frente sin miedo.
Sola, única, indivisible y polivalente.
No culpes a mi mosto de tu angustia, que el alcohol disipa voluntades, no convicciones.
P.D. Pero qué fácil es proyectar nuestro alter ego, disminuído, cojo, tullido de quebrantos y repliques callados.
Y qué difícil-cada vez más, lo admito-, ser la pantalla de un proyector de angustias maquilladas para la ocasión.
Estoy vieja para esto.

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