lunes, 2 de marzo de 2009

SECRETOS


Las escapadas de fin de semana no abundan en mi agenda. Tal vez por eso intento perderme en lugares que poco tengan que ver con mi vida. Para esta ocasión quería algo especial, así que le pregunté a un amigo de gustos bastante exclusivos.
-Cariño, no me des las gracias-me dijo tendiéndome una tarjeta.- Te aseguro que jamás has estado en un sitio como este. Pero ten cuidado, te puede salir realmente caro.
Temblé. Esas palabras en boca de un hombre que considera una ganga unos vaqueros de doscientos euros…
-¡Qué más da!-me dije- Estos últimos meses han sido un infierno.
Así que cogí la tarjeta y llamé reservando habitación.
Mi amigo sonrió cuando le pregunté por el tipo de ropa que debía llevarme. Y por toda respuesta me dijo;
-Asegúrate de llevar suficiente confianza encima.
Palaios era un lugar bizarro. Lejos de la imagen sofisticada que yo me había formado, a primera vista parecía sacado directamente de unos cuantos siglos atrás.
Casas vetustas, de gruesos muros y techos altos. Celosías escasas que apenas filtraban vestigios de luz. Ni rastro de tecnología, ningún motor enturbiando el silencio. Las calles de tierra prensada, pavimentadas con guijarros de río, se retorcían con pereza en un laberinto endiablado. Ninguna señal que me indicara mi situación, ni un alma a quien preguntar. Y allí, en medio de ninguna parte, cargando en mis maletas el mp4, un par de libros, y un vestido de noche con alguna mala intención prendida en el escote, me sentí la persona más ridícula del mundo. Iba a matar a mi amigo. Le iba a matar a fuego lento, sin prisas.
Al doblar la esquina me llegó un rumor de voces que me llevó hasta la plaza principal. Estaba atestada de tenderetes, personas y animales en lo que parecía ser una feria medieval. Imaginé que eran las fiestas del lugar y que el pueblo en pleno se daba cita en aquel curioso mercadillo.
Los palaienses eran personas sencillas, de mirada limpia y sonrisa franca. Utilizaban las palabras de un modo curioso e iban vestidos de época-no sabría decir de cual, pero indudablemente se trataba de ropajes antiguos-. Aquí un puesto de quesos de la región, allá cántaros de vino y jarras de miel de mil tipos; yerbas secas colgadas en pequeños manojos, especias en atillos de lino; un alfarero en su torno; dos viejas cardando lana; un perro escuálido persiguiendo a dos mocosos que enredaban en el puesto de manzanas dulces. Mil olores que asociaban sonidos inconfundibles. Y sus gentes; el regateo, las comadres riendo el chascarrillo, los jóvenes sacando pecho delante de las muchachas casaderas, el severo gesto de las madres controlando a las niñas. Y yo, una urbanita perdida en el tiempo y en el espacio, con mis tacones y mis gafas D&G.
Engullida por el bullicio, miré a mi alrededor buscando a quien preguntar por la dirección de mi hospedaje-ya no me atrevía a pensar en un confortable hotel.-
Me llamó la atención un extraño puesto. No tenía ni mesa ni toldo, en apariencia no se veían mercaderías expuestas. Tan solo tres figuras femeninas acuclilladas en el centro de una vieja alfombra. No hubiera podido decir si se trataba de ancianas o de niñas; cubiertas de los pies a la cabeza, ocultaban su cara en mantos blancos.
-Disculpen, ¿qué venden en este stand?-me pareció de mala educación pedir una dirección sin más. Claro que luego caí en la cuenta de mi snobismo a la hora de hablar. Allí la anacrónica era yo.
-Secretos- me respondieron en una extraña coral.
-Si, claro-pensé.
-¿Y de qué tipo de secretos se trata?-pregunté siguiéndoles la corriente. Estaba desesperada por una buena ducha.
-Los que tú te puedas permitir-me respondieron.
Eran raras de narices; una comenzaba la frase y las otras dos la iban completando en absoluta sincronía. En un segundo me roderaron arrastrándome hacia la alfombra. En cuanto la pisé todo quedó en silencio, se tiñó de un gris azulado y la vida se relantizó como a cámara lenta.
-Quid pro quo- me dijo una de ellas-, pago por adelantado.
-Vale, vale-dije angustiada. La situación era de lo más inquietante y yo empezaba a asustarme.-No tengo nada que contar. Simplemente estoy perdida.
Las tres pequeñas figuras abrieron el círculo que me contenía con expresión satisfecha.
-Ya lo has hecho, y ahora… te contaremos un secreto.-Alzaron sus manos como un oráculo demente.- El amor es infinito, las personas no.
-Ahí le has dado- pensé-. Vamos a ver, todo el mundo sabe que morimos en algún momento, y tal vez por eso nos asusta lo eterno de un sentimiento. ¿Qué clase de secreto es ese?
-De la misma clase que el tuyo, vagas perdida en un mundo que no entiendes…un secreto a voces.

N.A.Palaios es una palabra griega que significa antiguo. De ella viene la raíz etimológica Paleo, que aparece en palabras como paleolítico...
Jejeje, pero qué repelente me ha quedado la Posdata.

RE-P.D.Acabo de descubrir Facebook y es de lo más entretenido...Me paso el rato secuestrando a gente y repartiendo pataditas. Me encanta.

8 comentarios:

gloria me dijo:

La posdata no sé (en realidad, sí sé, a mí me ha servido) pero el texto te ha quedado impresionante. Me ha fascinado este viaje hacia un pasado que es presente, y la revelación de un secreto que no es secreto.
Preciso.
Un beso enorme, Andaya.

Isabel Romana me dijo:

Me ha gustado, andaya. A veces tiene una que ir a lugares desconocidos para hallar lo que está a su alcance. Quizá ese es otro de los secretos a voces. Besitos.

Susy me dijo:

Lexes, tú, que es precioso lo que cuentas, me he quedado con ganas de que siguieras, me has abducido!!!
Y haz el favor de actualizar mi página que aunque la he puesto para que se desviara desde la otra (que ya era imposible, me causaba numerosos problemas), ya veo que no siempre lo hace.

Y muy preocupada que me tenías, que lo sepas!!!.

Un abrazo cariñoso.

San.. me dijo:

Que viaje nos has regalado en tus palabras!
Me quede con ganas de saber mas sobre ese misterioso lugar...

volveras?

con respecto al pd... ya tengo un tiempo en facebook... ya encontre a medio mundo.. y ahora me parece medio fomebuk!...

Saludos!
y gracias por leerme!
San.

Sefarad me dijo:

'... y un vestido de noche con alguna mala intención prendida en el escote... Iba a matar a mi amigo. Le iba a matar a fuego lento, sin prisas...' ... Ohhhhhhh qué momento, jajajajajaja

Perdona, pero soy de carne y hueso y ese momento es fantástico.

Al final no has dicho dónde te hospedaste porque tú de ahí seguro que no te movías. Al principio pensé en las tres parcas pero no, resulta que lo suyo eran los secretos. Me gustó como siempre tu relato y por cierto, esta Semana Santa me voy a un lugar parecido porque en sus calles se vive la historia del Medioevo, espero que de esa manera pueda desempolvarme el cansancio, el estrés y el agotamiento, justamente en un lugar nada nuevo que 'ruge'.

Petonets!!!!!!!!!!


PD: ¡Viva mi paisano Macaco! ¡Y Pastora Vega y olé!

Sefarad me dijo:

Ahh sí, necesito hacer algo......... ya lo hice.

Andaya me dijo:

Felicitar a Sefa, que es su cumple. ¿Eran 53, no?
jejejej

Sefarad me dijo:

Sastamente, y tan bien llevados que pareciera que tengo 35, jajajajaja