sábado, 6 de diciembre de 2008

DESDE EL OLVIDO


Como el aire, como el viento escrito en un lamento,
el recuerdo se estremece en vaivén de sentimiento.

Los días desterrados vagan disfrazados de olvido.
Apátridas de la memoria, anémicos de tiempo.
Y desde tierra de nadie horadan un presente que les ignora.

¿Dónde fuisteis horas menguadas, dejando coja a la existencia, mutilando la historia, sesgando lo vivido?
La señora Adela era una niña bien de ochenta años. Vivía en un barrio residencial, en pleno centro. Cuánto habían cambiado sus calles en el último medio siglo, desde que ella, con apenas treinta años, comenzara a caer en las lagunas de su mente.
Cada mañana se vestía con el mismo traje color crema, camisa blanca de cuello redondo, y zapatos marrones de cordones mal atados. No importaba el frío ni el calor, lo raído de la tela, o si sobraban o faltaban kilos para llenarlo. Así se vistió el día en que despidió a Jaume, su amor, aquella mañana de Abril que le vio zarpar en el mar que sería su tumba. Y así se recordaba ella, con el pelo recogido en la nuca y sus graciosas ondas en la frente. Un pañuelo blanco en la mano, una rebeca sobre los hombros y toda la pena del mundo en sus ojos.
Temprano salía de su casa con el carro de la compra repleto de antiguas fotos en sepia, un par de entradas para el teatro Principal; un ramo de novia seco, y un paquete de cartas amarillas anudadas con cinta de seda azul.
Adela cruzaba las calles sin ver, alienada de una realidad que no comprendía ni compartía. Ciega de presente, no reparaba en ese anciano caballero que la acompañaba allí donde fuera. Siempre había un encuentro casual, una presentación, un hasta mañana.
Carles, su marido, disfrutaba cada segundo de esa cita diaria consciente de que por la noche volvería el desconocimiento, la repulsa y la negación. Adela ya no le recordaba, ni a él, ni a los hijos en común. Poco a poco había regresado a aquella adolescencia enclavada en medio del pecho, y ahí se había quedado.
-Deje que le ayude.-Solícito subió el carro a la acera.- ¿Me permite que la acompañe?
Siempre el mismo trayecto hacia el puerto, el mismo café donde Germán les reservaba una mesa junto a la ventana, la misma conversación dirigida hacia aquellas cartas firmadas por Carles. Y el mismo vacío, ella no le reconocía.
Mañana será-se decía-, mañana.
Adela sonreía al horizonte, con la mirada perdida junto a su memoria.


P.D.Ayer discutía con mi madre.
-Ni se te ocurra comprar polvorones.-Más tajante imposible.
Este año han tirado la casa por la ventana y la caja de Navidad es “sagerá”, así que comprar más cosas es repetir la misma historia de siempre; en Agosto aun andamos con el turrón garrapiñado.
Pues bien; seis kilos, seis de polvorones he comprado esta tarde. Tres para la consulta-este año quiero poner en admisión una bandeja-, y tres para casa. Mi madre me quería matar.

9 comentarios:

BeaVolk me dijo:

Hermoso el escrito "Desde el olvido". yo he escrito el primer capítulo de "The Hidden Tear", pero aún lo tengo en borrador...
Besos Mibeth "BeaVolk"

La sonrisa de Hiperión me dijo:

"-Ni se te ocurra comprar polvorones.-Más tajante imposible."

que razón tienes hija mia.... podría decir ella, pero ten encuenta siempre que te llevará la cotraria.
Saludos!

gloria me dijo:

Cargado de nostalgia, hermoso a la par que triste, me ha enamorado tu relato y me ocurre algo muy curioso, envidio a Adela al tiempo que compadezco a Carles...
Un abrazo y gracias por tus palabras tan llenas de poesía.

Isabel Romana me dijo:

Muy triste la historia de Adela, aunque queda suavizada por el hecho de tener junto a sí a sus personas queridas, aún sin ella saberlo. El alzheimer es una enfermedad brutal, lo sé de primera mano, porque mi padre la sufrió. Con todo, he de decir que aunque no supiera decir mi nombre, cuando lo abrazaba y lo besaba él sabía que lo hacía una persona a quien amaba y que lo amaba. Besos, querida amiga.

unjubilado me dijo:

Precioso relato, por desgracia cada vez se van dando mas casos.
Saludos

Sefarad me dijo:

El dolor que deben de sentir 'ellos' es indescriptible, sólo puedes saberlo si lo vives con esa persona que vive en su mundo.

¿Me das un polvorón? ;)

Anailogica me dijo:

Cuando leí el "Cuaderno de Noah", lloré. Después he visto hace poco un anuncio de un enfermo de alzheimer que por un instante reconoce a su hijo. Y ahora al leer tu relato he vuelto a llorar, creo que perder los recuerdos es una de las peores cosas que le pueden pasar a una persona.

Un besote pequeñaja, y cómete un polvorón o dos por mí, porque a mi no me gustan y a ti te hacen falta.

(Me encanta que tengas las ideas tan claras y seas tan cabezota, me recuerdas a mi de joven y ahora a mi hija, y sobre todo disfruta de esas peleillas con tu madre).

Abrazostrujis peque.

(Se me olvidaba, mañana voy a ver a mi médico, ¿quieres que le diga algo?).... es broma.

Un besazo guapetona.

Anailogica me dijo:

Niñaaaaaaaaa mandame un emilio pá decirme como se dejan los comentarios a Jordi, yo tambien pensé que los había bloqueado, cuentame el secretillo, andaaaaaaaa, porfaaaaaaaa, y como agradecimiento si quieres te envio seis kilitos de polvorones, que seguro que te gustan, jijijiji.

Besos preciosa.

Hell me dijo:

Perder tus recuerdos debe ser algo así como perder tu identidad, perderte de ti mismo, se debe sentir mucho miedo en ese mundo en el que nada te es conocido, ni siquiera tu mismo... Cuando vi la película "El cuaderno de Noah" pensé "Eso es el amor...Lo que hace ese hombre es amor".
Besos