sábado, 11 de octubre de 2008

MI PEQUEÑO PRÍNCIPE


Las personas siempre consiguen desconcertarme. Y me refiero al individuo, no a la gente en general. Esa es predecible.

Por más que creas conocer a alguien, al final siempre hará un quiebro que te deje con la mandíbula en las rodillas. Pero si alguien ha conseguido descuadrarme, ese fue sin duda, El principito.
Le conocí hace unos años, cuando yo aun convalecía de una larga enfermedad. El dolor físico y psíquico padecido durante buena parte de mi vida, había dejado una huella indeleble en mi carácter, que trataba de ocultar por todos los medios bajo una máscara de profesional eficiencia.
Poco a poco dejé de diferenciar esa máscara de mi verdadera cara, y caminé por estos mundos con el juicio analítico en la mirada, y un bisturí en mi discurso.
La debilidad de mi cuerpo era algo que me enfurecía, por eso decidí someterlo a condiciones extremas. Nunca llegué a asumir mi frágil envoltura. De pie, frente a una bola del mundo tan barroca como mi locura, la hice girar, y señalé un punto a ciegas. Ahí pensaba irme a un retiro indefinido. Sin vitaminas ni analgésicos, sin benzodiazepinas que controlaran mis taquicardias psicosomáticas, sin analíticas punzantes ni quimoterápicos devastadores, y sin pacientes en los que proyectar mi propio pánico escénico. Me desvestí de mi linfoma, de mi cátedra de psiquiatría, para calzarme las botas del yo puedo. Y así, con mi traje de allá voy me marché sin más explicaciones. En mi mochila, la rabia contenida del Porqué a mi y un par de lágrimas caducas.
Tierradenadie era un pueblucho perdido en un valle cerrado. Literalmente las montañas fortificaban aquel trozo de tierra verde salpicado de lagos y riachuelos.
Ni una parabólica, sin torres de alta tensión; lo más próximo a Internet eran las señales marcadas en los árboles indicando el camino, primitivo sucedáneo del google maps. Por supuesto, sin cobertura en el móvil. Y dado que no tenía pensado hablar con nadie, y era plenamente consciente de que nadie sería lo suficientemente valiente como para llamarme y preguntar por ese porqué, lancé mi móvil tan lejos como pude.
-Eysss, ten cuidado- Una voz juvenil salió de entre los árboles.
Me acerqué con recelo, y descubrí a un joven sentado en una roca.
Moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca. Me recordó a un Peter Pan algo crecido. Su indumentaria era bien rara, pero bastante menos que su forma de hablar.
-Y dime princesa, ¿qué males te afligen? ¿Eres feliz? ¿Puedo aliviar tus penas?-Bajó de la roca con una cabriola.- ¿Sabes que la luna te mira? Puedo ver el reflejo en tus ojos, pero la rosa… la rosa está triste porque no puedo tocarla.
El joven llevaba el recuerdo de una rosa encerrado en una campana del cristal de los sueños.
Mi naturaleza desconfiada pudo más que mi praxis médica, así que no me paré en diagnósticos y directamente le pedí que me indicara el camino hacia el pueblo.
-Como gustéis bella dama-, y con una reverencia me cogió de la mano como si nos dispusiéramos a bailar un minué.
Yo le miraba de reojo mientras él me hablaba de Otrosmundos, su pueblo natal. Allí, según me juró, desayunaba sueños amables y dormía a salvo de los dragones de siete cabezas. Un pequeño volcán extinto le recordaba los tiempos en que las pasiones desbordaban su vida.
Me dibujó una estrella en el suelo mientras paramos a almorzar.
-¿Qué ves?-me preguntó.
-Pues una estrella de cinco puntas. ¿Eres judío?- Como buena agnóstica, respetaba cualquier creencia ajena.
Mi príncipe se rió a carcajadas.
-No, no, no. Es mi corazón.- Su voz se hizo susurro, y el susurro un lamento- Mi pena lo desgarra en aristas que queman como fuego.
-Y ¿Cuál es tu pena?- su mirada limpia y amable había conseguido derribar mi desconfianza. Realmente quería ayudar a aquel joven soñador que me servía sonrisas sinceras, desprovistas de intención.
-Quiero volver a casa, Otrosmundos, donde mi rosa blanca dejará de ser un sueño, y yo no tendré que regarla con lágrimas de recuerdo para que siga viva.
Yo no entendía mucho de lo que me quería decir, pero cogí su mano y volvimos a caminar. Él me prendió una estrella arrugada en el pelo y así, entre curiosidad desprovista de defensa y confianza regalada, llegamos a Tierradenadie.
Nunca vi un sitio parecido. Ni la ciudad más cosmopolita podría compararse en disparidad y mezcolanza. Más que un pueblo, aquello era un universo formado por seres aislados en su propio mundo.
-Babel-, pensé para mis adentros-. Hablan sin parar pero ni se escuchan, ni se entienden.
Vi MujeresBufón cantando sus penas para hacer reír a la audiencia y conseguir un halago por pago. CazadoresdeIngénuos que colgaban de su cinto sarmientos de lamentos ajenos como trofeos de sus batidas. Grupos dispersos de personas sin rostro se movían como bancos de peces, sincronizados por las corrientes que emitían charlatanes eruditos en miserias.
Allí, una Soledad disfrazada de personalidad múltiple, hablando consigo misma. Acá, un alma sin rumbo buscando un camino extinto. Y en todos, absolutamente en todos los seres de aquel hormiguero desierto, descubrí un miedo feroz al silencio.
Mi compañero sonreía amable sin acercarse demasiado a ningún ciudadano. Sin soltar mi mano, saludaba a todo el mundo manteniendo una distancia cordial pero rígida.
-Te llevaré a mi hogar, es pequeño, pero puedes quedarte cuanto gustes.- Podía sentir miradas de rencor a mi espalda, y aun que en condiciones normales jamás se me habría ocurrido alojarme con un desconocido, acepté sin reservas.
Tenía ante mí un pequeño planeta, no más grande que una casa de dos plantas, suspendido a unos diez metros del suelo. Una escalera de mano permitía el acceso a aquel sin sentido.
-¿Por qué no?,-pensé- en este lugar el agua fluye hacia arriba ¿Por qué no tener un planeta propio en vez de un piso?
Asumí los absurdos que veía como parte de mi locura, y sin hacerme preguntas, entré en su mundo.
Pendido en un techo ficticio, colgaba un sol dibujado con rotulador. En el lado opuesto, lucía una luna argentina y coqueta de papel de plata. Lo primero que vi fue un pequeño volcán hecho de plastelina y al fondo, un jardincito vallado donde mi príncipe colocó con cuidado a la rosa.
-La cerca es por María,-señaló a una oveja de aire ausente que nos ignoraba sin perder detalle de nuestra presencia-. No tiene mala intención, pero a veces hace cosas que me duelen.
El joven alargó la mano para acariciarla, pero el animal giró en redondo y se fue a la otra parte del mundo a rumiar sus pensamientos deshidratados.
-Ella es así,- dijo arrastrando una nube de plástico hasta ponerla sobre la rosa.
-Luego te doy de comer- le susurró rozando sus pétalos- Promete no marchitarte.
Un hombre redondo como una pelota, nos hacía aspavientos desde el piso de enfrente. Llevaba pegado en su cara un catalejo, y en conjunto, parecía un viejo submarino hundido.
-¡Ehhh, ehhh! ¿por qué diablos le has dado una estrella?- señalaba mi pelo.
-Esa estrella es mía.- Abrió un libro polvoriento perfilando las líneas escritas con ansias enfermizas- Ahá, aquí está. Es la doscientos diez y ocho mil millones, quinientos veinte y siete mil trescientos cincuenta y nueve. Y es mía. Devuélvemela.
El catalejo oscilaba compulso, y por un momento temí que le arrancara el ojo.
-Ven- Principe me llevó de la mano hasta el lado diurno del mundo, sin hacer mayor caso del ContadordeEstrellas -. No te asustes, no es peligroso. Hace un tiempo, él y su esposa sembraban las noches con luces. Ella tenía unas manos maravillosas. Cosía las estrellas en sueños eternos. Pero se marchó, cuando se dio cuenta de que ningún sueño era el suyo. Ahora, el pobre viejo se ha vuelto codicioso. Está convencido de que si consigue suficientes estrellas, podrá lograr un sueño que se la devuelva.
-Entiendo –mentí- ¿Este lugar es OtrosMundos?
-No, solo intento que se parezca a él.- Mi príncipe sonrió con amargura- Lo único que me queda es el recuerdo de un sueño.
Su pequeña rosa amarilleaba bajo un sol de rotulador. La nube de plástico recogía las lágrimas del joven lloviendo delicadas gotas de tristeza. Supe que quería estar solo y vagué por aquel mundo extraño.
El volcán frío me habló de soledades injustas; la oveja autista, de ingratitud y supervivencia dura. Y allí, en aquella noche-día de un planeta irreal, comprendí que OtrosMundos estaba más allá del alcance de una vida porque no era otro lugar, sino otro tiempo.
Me acerqué al jardín. El joven estaba guardando la nube detrás de la luna de plata.
-Ven conmigo-le dije-, detrás de esas montañas de incertidumbre hay un sol y una luna de verdad, las estrellas son inalcanzables pero regalan sueños infinitos. Las penas no llueven, se lloran, se duelen, se limpian; y el silencio es un derecho, no un castigo. Ven y tráete a tu rosa, plántala en el jardín de los recuerdos para que florezca hasta que llegue su hora. Deja este mundo reflejo de un mundo y vive.
Mi príncipe miró a su alrededor. Su pequeño planeta representaba cuanto él conocía.
-¿Y quién cuidará de ellos?- Alzó sus manos, con las palmas hacia arriba en un gesto infantil. La oveja miraba el jardín de reojo, el volcán mudo engullía su lava fría, la luna de plata guardaba sus falsos destellos y el sol alumbraba con rayos de rotulador un mundo vacío. Desde la cima, podíamos ver la vasta Tierradenadie, con sus gentes desiertas de esperanza.
Cogí su cara entre mis manos y le di un beso en la frente. El primer y único beso desinteresado en aquel escaparate de olvido.
Bajé por la escalera de mano, consciente de que jamás volvería a verle. Sin girar la cabeza, por temor a quedarme para contar estrellas de celofán.
Llegué a mi mundo con la mochila cargada de realidades más ligeras que nunca, vacía de lacerantes porqués, carente de lágrimas secas, y con el recuerdo de un ser que me enseñó a ver aun siendo ciego.
Por eso mis queridos viajeros;
… Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo, si viajan algún día por TierradeNadie. Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella. Si entonces se les aproxima un joven moreno, con una tímida mirada azul y una sonrisa franca, si sonríe, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces, sean amables. No me dejen tan triste, escríbanme pronto que ha regresado...
P.D.Cuento a petición de Tame. Creo que es el más largo que he escrito nunca.
Espero que te guste.

6 comentarios:

Isabel Romana me dijo:

Es un cuento muy bien escrito, con mucha delicadeza y sensibilidad. Y creo que señalas muy bien ese fallo, tan humano, de vivir en sueños, pasar el tiempo pensando en cómo querríamos que fuera la vida y, entre tanto, perdemos todo lo bueno, lo duro, lo difícil y lo hermoso que tiene la realidad. Gracias por ponerme en tu blogroll. Yo también te pongo enseguida. Me alegro de que nos hayamos encontrado. Un cordial saludo.

acoolgirl me dijo:

Precioso. Me ha recordado a algunos cuentos de la infancia, pero contados desde una vision mas adulta.

Me gusta.

Un besooo y muchas gracias por pasar por mi blog. Nos leemos!!!

Sefarad me dijo:

Sólo que a veces los sueños son necesarios en según qué momentos vitales, sin ellos, no serías nadie, al menos en ese momento, quien haya pasado por un duro, durísimo momento, en el que crees que la vida no merece la pena y te dan ganas de dar al traste con todo, me entenderá. De algún modo has de conseguir esas pocas fuerzas que recibes de esa ilusión o ilusiones.

Andaya me dijo:

Isabel Romana, muchas gracias, en serio.Has entendido perfectamente la "revisión del principito"

Acoolgirl, ¿verdad que no saben igual, me refiero a los cuentos, cuando se leen de adulto? Espero no olvidar jamás mi lectura infantil, pese a los años.

Sefa Y tienes razón en todo. Hay momentos en la vida en los que los sueños son la única razón válida para seguir a delante. No niego los sueños, de hecho, quien no guarda al menos un sueño está muerto por dentro; simplemente reivindico a la vida.

jesusrocha me dijo:

Ese planeta al que escaparnos del principito y esas cosas, lo tenemos todos, lo tenemos en la profundidad de nuestra mente.

Buen glog, un abrazo y nos leemos, gracias por pasar por el mío.

Pankyta me dijo:

Hace mucho que no te encontraba y me encantó este cuento.
Me alegra eso de "bonaza personal" que leo en otra entrada y de paso muy feliz cumple Charo. Un beso desde el otro lado del mundo y mucha felicidad.