viernes, 24 de octubre de 2008

CÓDIGO TRESCIENTOS

Código 300.0 equivale a depresión neurótica en el CIE

Hoy desperté en un mundo gris, nublado de reproches. Escuché tormentas de incomprensión, cargadas de lluvia resentida. Y aprendí que no hay paraguas para la inercia; estúpida fuerza motriz que despeña voluntades.
Y yo, sentada en el vórtice de la escucha, no soy ni juez ni jurado; sólo una simple receptora de confesiones forzadas.
Fue como vivir en blanco y negro, me asfixió esa planicie monocroma.
-¿Cómo estás?-le pregunto. Realmente impresiona con su metro noventa y unos cien kilos. Tras salir de la cárcel por conducir borracho, le despidieron del trabajo apenas una semana después de empezar. Ahora está de baja por depresión.
-Igual, por no decir peor-me contesta. Se mueve lento, habla lento, piensa lento-. Ya me fui de casa.
-Vaya, veo que las cosas no se arreglaron con tu esposa.
Me mira con sus ojos vacíos, inundados de antipsicótico.
-Ella no es mujer de estar casada. No vale para eso. No se ocupa de las cosas que tiene que hacer una mujer,-ni siquiera hay desprecio en su voz-. Planchar…nada, cocinar…menos, es que ni me limpiaba los zapatos.
Me muerdo la lengua. Ella trabaja de auxiliar en un geriátrico donde le parten la espina levantando ancianos, limpiando secreciones humanas, y alimentando a desvalidos. Así sacó adelante a su casa y a su hija mientras él cumplía condena.
La imagino en su vida gris, y no dejo de pensar en que tal vez hora consiga ponerle un poco de color a sus días.
Miro a mi paciente, abro el talonario, y le receto su medicación, consciente de que no hay pastilla que cure su ceguera.

P.D.Hoy, un ratón de tres años me ha hecho reír a carcajadas. Los niños se me dan bien, casi ninguno me llora en la consulta aun que yo lo paso bastante mal. Lo mío son los adultos. El caso es que me lo trajeron la semana pasada por un catarro común-dichosos virus-, pero hoy era su madre la que tenía visita. En cuanto ha entrado, se ha encaramado a la camilla, levantando la pierna para intentar subirse a ella. No ha hecho ni caso de nuestras risas, ha seguido intentando subir dando patadas al aire, y no ha parado hasta que le he tumbado y con el fonen le he hecho cosquillas en la pancheta. No contento, me abría la boca para que le explorara la garganta. Y entonces entendí la trampa, quería el palito azul mágico que no da angustia.
Le he dado su depresor y se ha marchado más feliz que una perdiz.
Estos enanos, ya puede ser el día más negro que siempre le ponen color.

25 de Octubre

3 comentarios:

Sefarad me dijo:

Gracias Charo por esa rosa blanca de parte de MCarmen y gracias por traernos el mundo real, el bueno y el malo, y perdona que no siga pero estoy muy cansado y se me están cerrando los ojos, llevo dos días que no paro y mañana será un día duro, pero bonito.

Y ya ves, tiene que nacer alguien en Chile, casarse con alguien de mis subfamilia, para que por fin alguien me comprenda y no me dé miedo a mostrar cariño. Te estoy haciendo caso, me muestro tal y como soy, y se ve que les gusto aunque ya ha habido un par de discusiones pero... habladas.

El lunes seguramente tu rosa blanca irá a parar entre las viñas del Penedés.

Oscura me dijo:

Lamentablemente, hay muchos hombres así. Qué se le va a hacer.

Lo del crío... A mí me gustan, pero no suelo tocarlos nunca. Hasta que no tienen cuatro o cinco años no me acerco. Los veo tan frágiles que me da la impresión de que los voy a partir por la mitad.

Un beso, guapa

Isabel Romana me dijo:

Debes tener un don, porque no es muy común que los niños se comporten tan desenfadada y relajadamente en la consulta de un médico. En cuanto a tu paciente masculino, duelen esas vidas tan desperdiciadas y toda la desolación que siembran a su alrededor. Besitos.