sábado, 15 de marzo de 2008

HABILIDADES


Se me rompen las lágrimas como el cristal de una copa que apurada se estrella en un llanto.
Quiebran las penas en humedad salada.
Y tiembla, tiembla la voz callada de una herida marchita.

Le miro a los ojos y me pierdo en su inocencia. Ese brillo tan especial que viste la mirada de quien ve algo por primera vez. Tiene ocho meses, dos dientes a medio salir, y toda las promesas de una vida por cumplir. Mi sobrino me cuenta en su lengua de trapo, la magia que encierra descubrir el mundo.
Y no puedo evitar hundirme en mis recuerdos, volver a mi consulta y enfrentarme con otra mirada, fría y muerta como un desierto glaciar.
Resume con palabras asépticas, el motivo de su pérdida de peso, como quien lee la lista de la compra, directa, estéril, en tercera persona. No puedo defenderme de la crudeza de su dolor. Entiendo su dureza, pero sé por amarga experiencia, que la fortaleza no te hace invulnerable, y que tarde o temprano, acabará sofocada por esa máscara de entereza. Carmen se ha convertido en el pilar de su hija, la viga maestra que mantiene en pie la esperanza de una vida normal. Duplica sus días entre su casa y la de su hija, al cargo de sus dos nietas, de dos y de cuatro años. Mientras, ambas esperan el día del juicio por abusos sexuales, contra el padre de las pequeñas. Anhelan una condena que les libere del miedo a que ese engendro pueda hacerles daño de nuevo.
Pero ninguna sentencia exonera el sentimiento de culpa. Y cargarán el resto de sus vidas con ese maldito Cómo no me di cuenta.
Los ojos de Andrés, mi sobrino, resbalan por mi cara, confiados y a salvo.
Y recuerdo a María. Firmeza fingida en la voz, agresividad defensiva en un chulesco y a mi qué. Treinta años encerrados en un cuerpo empeñado en borrar cualquier rasgo femenino. Vino a por una analítica rutinaria, pero desde la misma puerta pude leer en su mirada un grito callado. La provoqué deliberadamente, la reté con un nada es tan importante, sin saber muy bien con qué me iba a encontrar. Y recogió el guante como esperaba, por la propia inercia de luchar contra todo.
Ella, la fuerte, la indomable, la incomprensiblemente dura, se desarticuló como una muñeca de trapo en mis manos. Levanté sus máscaras, como escaras de herida vieja, hasta llegar a la víctima de boca cosida. Abusada desde los cuatro a los doce años. Alienada de una vida normal, incapacitada para ser y ejercer de mujer y persona.
Soy el segundo ser en este mundo que conoce su historia. Y no soltaré su mano hasta que sea capaz de mirar a la vida de frente, sin reto en la mirada y sin vergüenza en el pecho.
Andrés me sonríe provocador. Sabe que no puedo resistirme a sus hoyuelos, ni a ese tata, que es más interpretación mía que otra cosa. Yo me dejo camelar sin condiciones, su voluntad de ocho meses puede más que mi experiencia de treinta y nueve años.
Y me levanta la piel la sola idea de que alguien le pueda hacer daño.
No tengo hijos, no he conseguido ser madre, y me temo que nunca lo seré. Pero este instinto protector hacia los más pequeños, transciende al sentimiento maternal. Es algo que va más allá de una ley o de un código moral. Sigo sin poder entender cómo nadie puede hacer algo así. Y continúo sorprendiéndome de la frecuencia con la que me tengo que enfrentar a esos monstruos enmascados por la memoria de sus víctimas.
No podéis imaginar cuantísimo dolor siembran.
La vida nos da habilidades que no buscamos. La mía es ver el sufrimiento oculto. Y no puedo desviar la mirada hacia otro lado menos oscuro, como sino pasara nada. Simplemente, no puedo.

P.D.Post duro, pero infinitamente menos que esas consultas.

Rescatado de mi blog en ya.com

1 comentarios:

DeYaPuntoCom me dijo:

Dime:
Estaba buscando viej@s amisg@s bloger@s y tú estabas entre los primeros de mi lista, hoy me apetecia recordarte y leerte Andaya.
Fuerza y ánimos.
Mil besos de una "N" que sigue estando sola, tal vez más sola que nunca.
"N" Lunes, 24 Marzo 2008 13:26 (Web)

Dime:
Andayita creo que ese don que tienes es, como tú sabes, un arma de doble filo, si no puedes y no quieres mirar a otro sitio vale! pero si no eres capaz de poder ser un poco más desmemoriada, de que el pasado con su basura (la propia y la ajena) no se conviertan en una losa, entonces...tienes un grave problema, el que seamos capaces de desconectar de no identificarnos en demasía con el dolor no significa en absoluto que nos volvamos o seamos insensibles.
Te mando un fuerte abrazo.
runner48 Lunes, 17 Marzo 2008 12:03 (Web)

Dime:
Estremecedor, Andaya. Resulta casi increibles esas aberraciones, y sin embargo son dolorosamente reales. Mucho más para ti que tienes que tratar con las víctimas cara a cara.

Me alegro de que puedas ver el lado inocente de la vida en los ojos de tu sobrino. Espero que puedas disfrutar de él a menudo. :)

Kundry Domingo, 16 Marzo 2008 16:16

Dime:
No es duro, es humano, es vital, esta vez aunque ha sido doloroso leerte, me ha gustado porque no te centras en lo más escabroso de sus vidas, sino en su vida, en la suya, no en la que otros quisieron que fuera. Jamás lograrán curarse de ello, ellos sí que tienen estigmas. Mujeres u hombres, no importa, los engendros no entienden de sexo.

En cuanto a la segunda parte, eso pesa más.

Petonets
Sefarad Domingo, 16 Marzo 2008 10:49 (Web)