viernes, 20 de julio de 2007

EL BAZAR DE LOS AROMAS


Quienes me conocen saben que me apasiona el Egipto faraónico. Así que en cuanto la vi, mí curiosidad pudo más que mis prisas. La vieja papelería de estantes naranja chillón, se había convertido en una perfumería.
Dos columnas adosadas franqueaban una entrada diáfana, sin puerta aparentemente. Ambas estaban coronadas por capiteles en forma de lotos, decoradas con grabados policromos de ofrendas al faraón. Se unían por un dintel donde el Dios Atón extendía sus brazos divinos en forma de rayos solares sobre un rótulo que rezaba; El bazar de los Aromas.
No tenía escaparate, simplemente una entrada abierta. Pensé que se trataría de una de esas tiendas donde se venden aceites esenciales en pequeñas botellitas, velas aromáticas y todo tipo de inciensos. Pero al acercarme no percibí ese aroma dulzón tan característico de los establecimientos orientales, ni tampoco el aire floral que te envuelve en las perfumerías convencionales.
El interior de la tienda no era menos sorprendente. Las paredes estaban divididas en pequeños nichos, cubiertos de jeroglíficos, que contenían representaciones divinas. Cada una de ellas portaba un pequeño esenciero, filigranas del más fino cristal, de formas caprichosas e imposibles.
No vi publicidad, ni marcas; no vi precios ni ofertas. Tampoco había mostrador, ni caja registradora, ni datáfono para el pago con tarjeta. Tan solo un especie de arcón con un inquietante Ojo de Wadjet grabado y garras de león a modo de patas. Entonces apareció una mujer que salió de detrás de unas cortinas formadas por cañas. Era joven, alta y esbelta. Llevaba un vestido de fino lino blanco que se ajustaba perfectamente hasta la curva de sus tobillos. Su densa cabellera, peinada en decenas de finas trenzas, se retiraba de su cara sujeta por una banda blanca anudada detrás de su cabeza. De su espalda, pendía un Ank, la cruz de la vida.
Me sonrió mientras se acercaba.
-Feliz tarde- me dijo levantando las palmas de sus manos teñidas de alheña- ¿Qué aroma deseas?
Miré desconcertada los estantes. Sus ojos verdes, profundos, enormes, serenos, me intimidaban.
-Pues en realidad no lo se- respondí- No veo ninguna colonia conocida.
-No,no,no.-La joven negó contrariada.-Aquí no se venden colonias, sino Esencias y, en casos muy especiales, Perfumes personalizados por encargo.
Acarició lentamente uno de los diminutos frascos. Era de un rosa cálido, aterciopelado. La Diosa Nut abrazaba con delicadeza el pequeño recipiente.
Prueba este- me ofreció.- Nut, la Madre, esencia de la ternura.
Abrí con extremo cuidado la frágil botella. Al principio no percibí aroma ninguno, pero justo cuando iba a protestar noté que me invadía un sentimiento de bienestar absoluto. Una pequeña cabeza de rizos enredados asomó por la puerta. Su carita sucia me sonreía. De pronto, el pequeño entró corriendo y se abrazó a mis piernas. La madre del niño entró en su busca.
-Vamos-le dijo mientras le cogía en brazos-deja a la señora y cómete la merienda.
La joven de ojos verdes me quitó el frasco de las manos y después de una leve inclinación de cabeza, volvió a depositarlo en su recipiente.
-No entiendo- le dije- La esencia no huele a nada pero me cambió el estado de ánimo. ¿Cómo es posible?
-No es así exactamente.-Escogió otra figura de su nicho- Seth, el Demonio, esencia de la cólera.
Me ofreció un pequeño frasco esférico, como una perla negra.
Sentí desazón, una sensación de inquietud en la boca del estómago cuando aspiré su contenido.
El niño, que seguía a su madre mientras curioseaba los estantes, me observaba de nuevo. Pero esta vez vi miedo en sus ojos. Comenzó a llorar sin que la mujer fuera capaz de calmarlo. Ella me miró con desconfianza y ambos salieron de la tienda tan rápido como pudieron.
Devolví con aprensión el esenciero.
-Yo no sentí cólera,-protesté- en serio. Pero el niño se asustó de mí.
-Empiezas a entender.-Me respondió.- Las esencias son aromas, lo que los demás perciben de ti. Pero no son tu verdadero olor.
-Ya veo- dije, aun que distaba mucho de comprender nada.
-Y bien,¿Qué aroma necesitas en tu vida?-me preguntó- Tal vez Isis, el Amor; o quizás Maat, la Armonía y equilibrio. Path, la Sinceridad o Sobek, el Peligro.
Pensé durante unos instantes.
-¿Existe alguna esencia de la felicidad?- Puestos a pedir, no me iba a ir con tonterías.
La joven sonrió.
-La felicidad no es una esencia, sino un perfume de mil matices. Matices que son distintos para cada vida.
-Pero antes me dijiste que también vendías perfumes por encargo- respondí.
-Cierto, así es- contestó.- Regresa mañana, cuando Amón-Ra complete su ciclo.- Y sin mediar palabra, desapareció tras la cortina de cañas.
Me fui confusa, con una sensación de irrealidad difícil de describir.
Al día siguiente, la mirada de esos ojos verdes me persiguió en cada pensamiento. La reacción del pequeño ante la última esencia. Lo mal que me sentí viendo su miedo por mi.
Y decidí que no quería aparentar lo que no era, que no deseaba un perfume de felicidad sino era capaz de encontrarla realmente en mi vida.
Cuando cayó el sol, regresé a la tienda. La mujer me esperaba con un pequeño frasco sobre el arcón.
Lo siento-me disculpé,- lo he pensado mejor y no quiero ese perfume. Por supuesto pagaré su importe…
No me dejó acabar la frase.
-¿Puedo preguntar porqué?-me dijo.
-Porque no me conformo con parecer feliz, yo quiero serlo, y ese es un aroma que nadie puede fabricar por mi-respondí.
La joven de los ojos verdes perfilados con kohol, de maños teñidas de alheña roja, sonrió.
-Sabia elección-me dijo al tiempo que me entregaba un esenciero tan azul como el mar- Toth, la Sensatez, tu verdadera esencia.



P.D.Post kilométrico. Lo siento. Si es que cuando me pongo...me pongo.



25 de Julio

viernes, 13 de julio de 2007

ESPÍRITU VERANIEGO


Los enfermos son mi prioridad. Lamentablemente no todos los pacientes son enfermos.

He comentado en alguna ocasión, que uno de mis trabajos es para una mutua. Mi labor es el control de las contingencias comunes. Un tostón, para qué negarlo. Pero además también me encargo de la asistencia de accidentes laborales, lo que llamamos AT. La asistencial de AT me gusta, medicina a pie de paciente, sin saber en ningún momento lo que va a entrar por la puerta. El control de contingencias… pues no. Pero afortunadamente me compensan mis otras dos consultas de general.
Durante este tiempo que llevo trabajando allí, he hecho un descubrimiento sorprendente; la existencia de Periodos Espirituales a lo largo del año. Si, si, como os lo cuento. Está el Espíritu Navideño, el Pascuero, el Fallero y cómo no, el Veraniego.
Son periodos de tiempo prevacacionales en los que estadísticamente se constata un aumento masivo de la asistencia por AT.
Un setenta y cinco por ciento de estas asistencias, corresponden a pacientes de verdad. Me refiero a trabajadores que realmente se han lesionado. La mayoría de las veces sucede porque van a marchas forzadas intentando acabar trabajos y dejar todos los cabos atados para irse de vacaciones tranquilos. El sobreesfuerzo físico se paga a precio de lumbalgias, dorsalgias y desgarros fibrilares. Buena parte también se producen porque el trabajador tiene la mente en sus vacaciones- quién no- y baja su nivel de atención. Suelen venir con heridas, caídas de altura, esguinces y fracturas.
El otro veinticinco por ciento se dividen en los Posyaque y los simuladores sinvergüenzas.
Los Posyaque-Pos ya que estoy aquí- no tienen ánimo de baja médica, pero ya que están en la clínica acompañando a otro accidentado, te piden que les mires ese dolorcito que vive con él, cual pareja de hecho, desde hace unos meses.
Tocan las narices, lo reconozco. Sobre todo porque tienes la sala a parir y en la agenda no caben más pacientes ni aun que los reduzcas como gíbaros. Pero es una asistencia justificada. Existe patología y el único error del pobre señor/señora, es no haber acudido antes, cuando comenzaron las molestias.
Los otros, los Simuladores, son harina de otro costal. Te vienen con el diagnóstico emitido y el mecanismo lesional más que claro-yo creo que es una contractura de la musculatura paravertebral por un sobreesfuerzo en mi trabajo…-Se saben los síntomas y la exploración mejor que yo. Es muy difícil desenmascararlos y a veces, no te queda otra que extender una baja a sabiendas de que el jeta no tiene nada, si a caso webalgia. De estos últimos, unos pocos-afortunadamente- son además unos gallitos potencialmente violentos.
Hoy tuve varios Espíritus Veraniegos. Un pobre señor que se lesionó con una radial esta semana, seccionandose los extensores de la mano. Mañana debía viajar a su país con su familia. Lo esperaban desde hace cinco años. Un descuido y sus sueños rotos. La agencia de viajes pretende penalizar la cancelación de sus vuelos con trescientos euros por pasaje. Lamentable. Varias lumbalgias por sobrecarga, un corte con pérdida de sustancia en un dedo…
Pero sin duda, la estrella ha sido un impresentable que llevaba buscando la baja desde ayer. No voy a entrar en detalles, no me parece ético. Sólo decir que la semana pasada estuvo de baja por una contusión simple alargándola lo indecible, que esta semana lo intentó en la seguridad social por un constipado-no tragaron, que somos médicos, no tontos- y esa misma tarde acudió a mi consulta con una milonga infumable.
Esta mañana probó suerte con mi compañero-quien además se enteró de que el elemento en cuestión, tenía una boda esta misma tarde- y finalmente regresó a mi consulta con amenazas de denuncia, descalificativos a mi trabajo y un trato de lo más barriobajero.
Yo soy mujer, pequeña, de actitud nerviosa- rozando la histeria ante estas situaciones tan desagradables- toda temblores y actitud conciliadora. Y eso despista, porque ante todo soy Médico y confío plenamente en mi criterio. Así que no caigo en la falacia de la medicina defensiva. No practico pruebas innecesarias, ni doy un tratamiento que el paciente no necesita- así me juren con los brazos en cruz, que les duele de la muerte. No me curo en salud ante el sistemático cuestionamiento de mis actos médicos por parte de estos estafadores de pacotilla. No doy bajas de complacencia.
Me niego a convertirme en una mala médico por coacción, por esquivar problemas, por no asumir responsabilidades.
Así que en los tribunales nos veremos.



P.D.Y más chula que un ocho, ante su amenaza reiterada de denunciarme, he cogido una cuartilla, he estampado mi sello y le he dicho;
"Si me vas a denunciar, toma mis datos. Para facilitarte las cosas."

Rescatado de mi blog en ya.com