martes, 29 de marzo de 2005

MI NOMBRE


Calzo las botas del destierro, fugitiva de mi propia vida.
Mil veces mil quemé ilusiones en pira fría.
Cambié mi nombre; Penélope por Ofelia

Sólo fuí una idea.
Fuí sueño.
Fuí.


···


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Nuevo seismo
Ayúdales, siguen muriendo


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viernes, 25 de marzo de 2005

sábado, 19 de marzo de 2005

BUSCAME




Audio: I dreamed a dream (Los miserables)

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martes, 15 de marzo de 2005

RECOGER O TOCAR , CUESTIÓN DE ESTILO



Últimamente he leído en prensa escrita (la de papel, vamos la de toda la vida) varios artículos de opinión sobre el ya famoso “fenómeno blog”. Y siempre me sonrío porque en realidad, no entiendo qué de sorprendente tiene la proliferación de estas páginas.
Las personas somos esencialmente animales sociales, necesitamos de la interacción con otros individuos. Sin embargo, el ritmo de vida que impone la sociedad ( se más y mejor, corre mucho y llega rápido, triunfa bien y no mires por quien ) deja poco espacio para profundizar en estas relaciones y lo que es peor, para mirar hacia dentro sin convertir a la “soledad” en el coco del cuento. A mi no me sorprende en absoluto el boom de este medio, esta nueva manera de socializar, de conocer a personas sin las barreras convencionales y ¿porqué no?, de practicar una particular terapia introspectiva que nos aleje los fantasmas de la soledad y el aislamiento.
Leo mucha soledad en los blog, es cierto. Pero sobre todo leo ansias de comunicar.
También leo a pseudointelectuales de medio pelo, que más bien recuerdan a Almodóvar en plena rabieta infantil dando portazo a la academia. Y es que, dejar de ser las reinotas del tablao supongo que cuesta. Voces críticas, hablando con propiedad debiera decir “criticonas”, hablan de “nostalgia” por aquellos tiempos en los que los “grandes” tenían el monopolio blogero en sus “privilegiadas” mentes. Y cual Lauren Postigo recordando a Estrellita Castro, suspiran por glorias pasadas mientras le vierten la hiel con mediocre estilo al primer bloger neófito que se tropiezan o que tiene la desgracia de aparecer en el ranking de “los mas leídos” ( que me río yo de esa lista y de su significado).
En fin, yo particularmente escribía mucho antes de saber teclear ni tener ni idea de qué leches era eso de weblog (¿se puede decir “leches” o he de decir “coño”, como Cela?). Escribía para mí y para mis amigos, a quienes siempre les ha gustado leerme.
Ahora publico un blog del que estoy orgullosa y en el que me siento cómoda. Unas veces me lee más gente, otras menos y francamente, me da igual. Como me da igual lo que tengan que decir cuatro voces con alma de periodistas frustrados.
Y es que los papeles se pierden, ahora las modelos recogen pelotas y algunos metablogers, a poco que te descuides, te las tocan.
Yo a lo mío y que ustedes lo lean bien y sino, ya saben… el cuadrito en la esquina superior derecha; el de la x.

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domingo, 13 de marzo de 2005

EL BAÚL DE LOS SUEÑOS ROTOS II-La ciénaga de las penas




…-Pero dime, ¿para qué quiero esperanza si ya no tengo el sueño roto?-
El viejo buhonero acarició el cabello alborotado del pequeño.
- Para que nunca dejes de soñar mi niño
(El baúl de los sueños rotos I...El viejo buhonero.)


-Quisiera… quisiera despedirme de mi sueño. ¿Puedo?- Sin poder evitarlo, sus ojos se habían llenado de lágrimas. Y en esas lágrimas que vertía desde que tuvo conciencia de ser, se ahogaban visiones borrosas de un mundo despiadado y cruel.
El anciano pareció naufragar en aquellos lagos de penas. Agotado y jadeante, como si hubiera luchado contra galerna marina, se giró lentamente y comenzó a alejarse.
Cuando hubo alcanzado su carro habló sin mirar al pequeño.
-Un trayecto demasiado corto para tan gran baúl. Tu regalo es un préstamo, como la esperanza que te ofrezco. Al final del camino recuperarás tu sueño y sólo si has encontrado tu propia resina podrás reconocerlo.
-¡El buhonero!- Al compás de su cantinela el viejo se fue desdibujando en la mente del niño.

El resto del día pasó como pasan los malos momentos. Unas veces lentos, otras sin dar tiempo a sentir. La noche llegó como siempre, tarde y fría, tropezándose con sus ojos cerrados y su mente abierta. Tenía miedo. Sentía pena. Quería verla de nuevo pero temía el final, siempre el mismo. Poco a poco fue entrando en esa bruma familiar que le recibía cada noche. El camino de rosas blancas que se perdía entre las nubes. El aroma a algodón de azúcar, la suave luz reflectada en las brumas. Y esa sensación de bienestar que le daba saber que ella estaba al final del trayecto. Casi podía escuchar su risa confundida con el tintineo de un riachuelo cercano. Ella era el agua, ella era la brisa, ella era la luz. Lo era todo.
Comenzó a correr llamándola. Ansiaba tanto abrazar a su pequeña, a su niña, a su hermana, que no le importaban las luces, los colores ni las nubes de azúcar. Cuánto la añoraba. Quería borrar con mil besos todo el dolor que ella había sufrido, compensarla por la ausencia. Pero sus piernas pesaban, le costaba moverse como si de pronto el aire fuera agua. Ya no andaba entre nubes sino que intentaba avanzar en un cenagal oscuro. En el fondo, miles de raíces atrapaban sus pasos como garras invisibles. Por encima de él, el camino blanco se perdía poco a poco entre copas gigantes de ramas enmarañadas.
-No, no… no te marches de nuevo- Lloraba con desespero-No me dejes sólo otra vez…
Como cada noche, la esperanza de encontrarla se desvanecía entre un enjambre de sombras. Los ogros acechaban a su espalda gruñendo satisfechos y el sonido de un sueño hecho pedazos se clavaba como cristales en su pecho.
-…El buhoneeero…- Como el eco de un sueño, una voz familiar irrumpió de lleno.
Buscó entre penumbras la figura del anciano charlatán. Recordaba sus barbas canosas y su sonrisa burlona, pero sobre todo, su pacto.
Sentía como sus piernas se hundían en el cieno y como, poco a poco el agua corrupta alcanzaba su boca cerrando así cualquier demanda de auxilio. Tal vez mejor así. Quizás fuera la solución, dejar de respirar, dejar de soñar, dejar de vivir. Cerró los ojos en este sueño que se repetía por enésima vez. La silueta de su cuerpecito se distorsionaba en el fondo de esas aguas negras. Se había rendido.
Y fue entonces cuando sintió como algo le cogía por el hombro y le arrastraba hacia fuera con fuerza. El brazo del buhonero cortaba la ciénaga como espada afilada. Las raíces se retraían espantadas ante una luz blanca que vencía a su oscuridad.
Le subió en su carro flotante y entre la humedad de sus ojos vio el camino de rosas por encima y el lago de las penas por debajo.
-Llévame con ella- suplicó- déjame en su camino- Apenas si podía respirar. Empleaba todo su aliento en su ruego.

El anciano detuvo su carro, soltó las riendas y abrazó con ternura al niño.
-No pequeño, a ese camino sólo te conducirá su cariño cuando llegue el momento. Mientras, deberás andar por tu propia senda.
Vencido por el dolor, desesperado y sin fuerzas, el niño lloró. Como lloran los niños, con el alma y con la piel.
-No podré, no sabré sin ella.
El viejo buhonero le separó un poco para mirarle sorprendido.
-¿Sin ella? ¿Pero es que aun no lo ves?- Le abrazó de nuevo- ¿Quién crees que puso en tu camino a este viejo buhonero?

A ti

(El baúl de los sueños rotosIII...La tregua.)

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sábado, 12 de marzo de 2005

ADAGIO




Bajo el cielo de un infierno,
la luz se hace sombra,
el amor es dolor
y la vida escapa a los días.

Bajo el cieno de otros tiempos,
el aire se ahoga en lamentos,
corrupto equipaje
para corto trayecto.

Bajo el peso de una historia
de mil folios en blanco,
no se escribe una sola línea.

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viernes, 11 de marzo de 2005

miércoles, 9 de marzo de 2005

CUESTIÓN DE PERSPECTIVA



Amor vs distorsión de la realidad.
Depende del cristal que mires.
Depende del cristal con que lo mires.


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martes, 8 de marzo de 2005

CAMINANTE NO HAY CAMINO


Si no quedan fuerzas para andar
caminante no hay camino
sin sueños que caminar


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sábado, 5 de marzo de 2005

EL BAUL DE LOS SUEÑOS ROTOS-El viejo buhonero


A mi Peter Pan y Campanilla... (Jordi y Susana)

Su figura anacrónica parecía sacada de las calles embarradas de un Londres medieval. Envuelto en harapos de indescriptible color, arrastraba con paso cansino su destartalado carro, sus barbas canosas y su mugre. Caminaba despacio observando a la gente con sonrisa burlona. Se detuvo en una esquina, era día de mercadillo y las señoras cargadas con bolsas aprovechaban para hablar con sus vecinas.
-¿Sabes que la niña de la Pepa se le casa? Así... de repente.- Una mujer de voz aguda y panza de escudero dirigía la cháchara cual director su batuta. El resto del corrillo se deshacía en gestos cómplices que sobreentendían más allá de lo dicho.
¡El Buhonero!- Canturreó a pleno pulmón. Con una agilidad sorprendente para quien lo viera andar, se dobló en cómica reverencia hacia el grupo.- Compro trastos viejos, cosas usadas. ¿Una silla rota? ¿Un zapato sin suela? ¿Tal vez un paraguas torcido?
Las mujeres habían callado y sus caras dibujaban la incredulidad y la sorpresa. En más de una además, se leía la aprensión. Como una piña tendieron a agruparse buscando protección en el grupo. La señora que estaba hablando, tal vez por osadía, tal vez por chulería se rió con desparpajo- ¿Y para qué vas a querer tú nada viejo? ¿No te basta contigo mismo?
El resto de mujeres cacarearon en risotadas y comentarios parecidos envalentonadas por un primer quite. El viejo, sin inmutarse, continuó con su sonrisa sardónica que más vertía en su mirada que por su boca. - Mejor dame los años viejos a mi, que a ti ya te sobran- Con hábil cabriola se acercó a la mujer quien con gesto despechado se alejó ofendida seguida por el resto de gallinas cluecas.
Sentado en el bordillo de un patio, un mocoso de rodillas peladas y manos sucias miraba divertido la escena. No tendría más de diez años. El bocadillo a mitad comer y unas libretas medio deshojadas en la mochila hablaban de pellas en la escuela.
El buhonero olvidó a las mujeres y ensanchó su sonrisa mientras sacaba una moneda de su bolsillo. La hizo pasar por entre los dedos de sus manos para hacerla desaparecer detrás de su oreja. La risa infantil tintineó enmarcada en hoyuelos asimétricos. El viejo se acercó a él atrapando una moneda invisible en el cuello de su camisa. Lentamente abrió el puño y allí estaba.
-¿Cómo lo haces?- Sus grandes ojos negros brillaban por encima de unas oscuras ojeras. Su piel pálida apenas sonrosaba en unas mejillas pecosas pero algo vacías.
-Magia... Y práctica, a qué negarlo- El hombre había reparado en el aspecto enfermizo del pequeño. Con extremo cuidado le cogió la barbilla observándole sin pudor. Alzó sus pobladas cejas en gesto inquisitivo- ¿No deberías estar en la escuela?.-Preguntó.
El niño no esquivó su mirada pero calló. Calló como se callan las penas. Quienes vieran al viejo y al niño podrían pensar en un silencio. Pero sólo ellos dos supieron de preguntas y respuestas. El tiempo se detuvo a su alrededor y no mediaron palabras.
-Entonces ¿tú compras cosas viejas y rotas?- La pregunta rompió el sortilegio y devolvió realidad a la imagen.
-Si, claro-respondió.
-¿Y que haces con ellas?-
-Pues las reparo, claro. ¿Para qué las querría sino?-el buhonero devolvió a su mirada el tinte burlón- ¿A caso tienes algo que venderme? ¿Qué podrías tener tú viejo y roto?
El niño le miró en silencio.
- Un sueño.-Contestó- Un sueño roto que tengo desde pequeño.
El buhonero soltó una carcajada. ¿Desde pequeño?-Pensó- ¿Y cuantos siglos debía hacer de eso?
-Bueno, tienes razón- Por primera vez el niño bajó sus ojos- ¿Para qué querrías un sueño tonto y roto? Total... los sueños no se arreglan. Te lo doy, a lo mejor a ti te sirve.- Dió una patada furiosa a una botella vacía.
El viejo buhonero desarmó su risa pieza por pieza-Me lo regalas, ¿porqué?-
Silencio.
-Es la primera vez que nadie me regala nada- Inmóvil frente al niño, el viejo parecía perplejo y conmovido.- Ven.- Le dijo.
Cogió al niño de la mano y le acercó a su carro. En una de las esquinas sobresalía un brillante baúl de caoba.
- ¿Ves? es el baúl de los sueños rotos. La gente los tira porque pesan, los esconde porque molestan, los niega porque duelen. Yo los recojo y reparo. Pego sus trozos con resina de esperanza. Es trabajoso ¿sabes? a veces los pedazos son muy pequeños, casi tanto como tú. Las esquinas son cortantes como filos y hay que tener cuidado en no lastimarse. Por eso nadie quiere los sueños rotos.
Se agachó hasta ponerse a la altura de la mirada del niño.- Pero tú... tú me lo has regalado.
Viejo y niño se miraron.
-Hagamos un pacto. Tú me regalas tu sueño roto y a cambio yo te doy resina de esperanza.-
-Pero dime, ¿para qué quiero esperanza si ya no tengo el sueño roto?-
El viejo buhonero acarició el cabello alborotado del pequeño.
- Para que nunca dejes de soñar mi niño.

El baul de los sueños rotos II. La ciénaga de las penas.
El baul de los sueños rotos III. La tregua.

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