viernes, 25 de febrero de 2005

domingo, 20 de febrero de 2005

Y SIN EMBARGO


Hay momentos en los que no consigo desnudarme de tí.

Nota: Especial agradecimiento a Jordi (Sefarad) por ayudarme con el nuevo diseño... No se como me aguantas cuando me pongo neurótica con el "no me sale". Gracias.
Y a todo el mundo que me lea, deciros que voy a borrar posts antiguos. Estoy agotando la capacidad del blog y debía decidirme entre borrar lo anterior o abrir uno nuevo con todo lo que significa (sindicar, maquetar...). Jajajaja soy más vaga que vanidosa.
Lo dicho, esta semana comienzo a borrar.
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martes, 15 de febrero de 2005

TE REGALO MIS SUEÑO

Tengo un sueño repetitivo que me acompaña desde mi niñez, sueño que vuelo. Ya, lo se; es un hecho común a la humanidad, algo así como un mandala onírico, pero el mío es especial. En realidad no se trata de un “vuelo” tal y como lo entendemos. No planeo, ni orbito, no despego ni aterrizo es algo más complicado. Me despojo de mi cuerpo, dejo de tener materia propia para “ser” aquello en lo que me sumerjo.
El recorrido, salvo pequeñas variaciones, suele ser siempre el mismo. Empiezo sintiendo una liviandad que siempre me sorprende, envuelta en una calidez húmeda pero ligera. Soy aire. Y asciendo en vertical hasta alcanzar la línea del horizonte. Me confundo con la luz de un sol poniente tiñendo de rojo mi viaje. Tal vez el calor de esa luz que me da cuerpo me hace más pesada y me siento caer suavemente a medida que dejo de brillar para comenzar a sonar. Tintineo entre las piedras de un riachuelo y el musgo de los marjales da sabor a mi cadencia. Sueno a risas de niña con aroma a savia verde y fluyo en los tallos de yerba joven que crece en explosión de vida nueva. Ahora soy remanso perezoso adormilado en mi lecho. Me adormezco templada por el calor vespertino. De nuevo asciendo, primero en lento vaivén como un acune en brazos sin cuerpo. Luego en picado, dándome apenas tiempo para cambiar mi esencia en cada momento. Soy vértigo hacia el sol que muere. Y muero en sus cálidos brazos paternales fundiéndome en el fuego que no quema. Llameo con furia hacia fuera saliendo de mi misma y caigo en picado para nacerme en agua de mar, mi mar.
Susurros de oleajes me dan forma mientras me deslizo en cálidas corrientes entre los dedos de mi madre, la tierra. Vagos recuerdos a lágrimas saladas, vestigios de mi forma. Es mi cuerpo agua y sal, frescor de brisa marina, el reflejo de la luna en mis aguas.
Y me siento libre.

Un día puse sonido a mi sueño y desde entonces no necesito dormir para sentirme así. Cuando estoy perdida, cuando el peso es demasiado grande para cargarlo en una sola vida y el hecho de existir duele… cierro los ojos y “sueño”.
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sábado, 12 de febrero de 2005

SAN VALENTIN

Declaración de principios y, sobretodo de finales. NO TENGO NADA QUE CELEBRAR EN SAN VALENTIN. Como leéis. Y que nadie se rasgue las vestiduras ni se compadezca de mí porque no hay motivo para ello. No creo en el amor. Y me refiero a ese “contigo pan y cebolla” tan pastelero que nos venden desde que nacemos. Las mujeres crecemos soñando con un deslumbrante príncipe azul, con el hortera de las medias azules y melenita a lo Cleopatra cabaretera como icono, mal empezamos. Y los hombres suspiran por esa virginal-pero-menos Lolita, una especie de “alter femenino” estrogenado e hipersexual a la par que maternal y protectora. Con el tiempo te das cuenta de que tú, de Lolita ya no tienes ni las trenzas y de que el único príncipe que tienes y quieres en tu vida es el de Bekelar , las galletas de chocolate que mojas en la leche del desayuno. Y entonces te replanteas tus prioridades y decides que no deseas invertir en falsos príncipes. Que prefieres plebeyos eventuales y en todo caso, comerte el pan con cebolla en soledad, que para eso te lo ganas. Pero es una tarea agotadora, os lo juro. Por todos lados te acribillan con mensajes subliminales que te hacen sentir un espécimen de laboratorio. Debe de existir alguna ley que desconozco, un códice secreto en el que se establece que obligatoriamente una persona, mucho más si es mujer, debe de aspirar a tener una pareja. Pues no me da la gana, fíjate tú. Se me dan mal las relaciones, escojo mal a mis “Principitos” y acabo recordando que a mi me repite la cebolla y más en bocadillo. Y me revientan las frases de turno tipo, “que se te va a pasar el arroz” o “cada oveja con su pareja”. Para empezar, aun que soy valenciana de pro, la tierra del arroz, resulta que no me gusta especialmente y que tanto me da si se pasa como sino llega. En cuanto a lo de las ovejas, corderos y demás ovinos… que cada cual se agregue como más guste. Yo me quedo con mi pesebre monovolumen último modelo con GPS incorporado por si me pierdo. Y aun que me pone los pelos como escarpias pensar en la avalancha de corazones rosa , “te quiero” y demás tópicos, entiendo que mi opción es una de tantas y mi respeto para los otros puntos de vista.
Así que, de corazón (rosa, muy rosa para la ocasión) Feliz San Valentín a cuantos “Creyentes” prefieran balar a dúo.

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sábado, 5 de febrero de 2005

YO ABUSO, TÚ ABUSAS, ÉL ABUSAS

Cada día soy más consciente de que todos, absolutamente todos somos víctimas a diario de abusos y, a su vez ejercemos de abusadores. Y estos dos roles que desarrollamos en la más absoluta inconsciencia, se establecen en nuestras vidas en la mayoría de las ocasiones al amparo del “amor”.
Si ya lo dice el refrán, “Quien bien te quiere te hará llorar”. ¿Absurdo verdad? Y sin embargo, qué gran verdad en la práctica.
Los padres que asfixian a sus hijos, buscando en ellos el modelo perfecto de triunfador. Sobrecargan su tiempo libre de actividades extraescolares, no tengo claro si es para hinchar su futuro currículum con habilidades de utilidad cuestionable o simplemente para quitárselos de encima un par de horas más.
Los hijos que se apalancan en casa cual okupas con “derecho a”. Viviendo de la sopa boba mientras se matriculan por enésima vez en “4º de lo que sea”. Acabar la carrera les da al parecer, además de su diplomatura-licenciatura, un bono-plus para la depresión. Y es que claro, tantos años de esfuerzo para acabar engordando las listas del paro (y esto te lo dicen con el pijama puesto, un miércoles a las 12 y media de la mañana. Recién levantaditos de la cama). Menos mal que están los fines de semana, tiempo en el que el “niño/a” treintañero se esfuerza y consigue salir de fiesta. Algo es algo.
Y qué decir de las parejas…”pero si yo te quiero churri”. Claro, vamos tengo clarísimo cuánto le quiere. Le colma de todo lo que él/ella piensa que el otro/a necesita y generalmente se equivoca. Porque de aquello por lo cual la otra persona está sufriendo … nada de nada. A veces es tan simple como una sola palabra. ¿De qué le sirve la luna en sus manos si lo que necesitaba era una mirada? Lo mejor sin duda es la cara de asombro y el gesto compungido. “Pero churri, qué injusto/a que eres, con lo que yo te quiero y me esfuerzo por ti”. Y es ahí, en ese preciso momento cuanto tú tragas y te sientes el ser más miserable del mundo, el engendro más egoísta.
En el trabajo las cosas no mejoran. Los jefes mediocres que a falta de argumentos propios para su estatus sobresalen a costa de bajar cabezas ajenas. Los compañeros, los colegas de verdad que haciendo válido aquello de que la confianza da asco, siempre confían en que tú les salvarás el trasero. Pero es que, si te fijas, tú haces exactamente lo mismo.
Hasta el perro, ese ser incondicional que te acompaña siempre estés como estés, hasta él te pondrá carita de yo no fui. Y no te queda más remedio que calzarte el chubasquero y sacarlo a pasear así caigan chuzos de punta. También es cierto que cuando llegas a casa, hay días que tú gruñes mucho más que él y sin motivos reales.
Si nos paramos a pensar creo que el mundo sería más fácil si cada cual asumiera sus propias responsabilidades y frustraciones. Porque chaval, el curro no es un helminto de cien patas que vaya a venir a casa a buscarte. La vida no fue más fácil para tus padres, simplemente no fueron tan cómodos a la hora de vivirla. Así que mejor espabilas en vez de lloriquear que a tus años ya te queda anacrónico.
Y, papis del mundo mundial… Einstein hubo uno y suspendió matemáticas. Eres tú el que soñaba con ser arquitecto, pero resulta que Pepito, tu hijo, quiere ser electricista.
En cuanto a el/la “Churri”, no la/lo quieras tanto, simplemente quiérele mejor. Ya sabes, en el amor ni el tamaño ni la cantidad importan. Eso dicen al menos.
El perro es el único que tiene derecho a abusar de su amo, al fin y al cabo fue idea suya meter a un mastín en un piso de 80 metros.
Cómo nos complicamos la vida ¿verdad?


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